Unico, como la Central que forjó

La vida de José D’Elía, es parte grande de la historia política y sindical de Uruguay, abarcarla en su totalidad y plenitud es una tarea imposible para una nota periodística. Lo que sigue es un racconto de los principales hitos de noventa años vividos a plenitud y setenta de ellos como primer protagonista de las luchas obreras, sociales y políticas de nuestro país. Que sirva como introducción una anécdota mínima que ilustra lo que sintieron y vivieron miles de personas en su sepelio. Frente a la casa del Pit-Cnt, miles de trabajadoras y trabajadores, de todas las edades y tendencias, contenían mal su emoción y en los rostros curtidos corrían lágrimas, serenas, de esas que expresan dolor y a la vez cariño. Una muchacha de veinte y pocos años venía caminando con una amiga, de su misma edad, por 18 de Julio. Llevaba de la mano a su hijita, que tendría tres o cuatro años. Al ver la gente y las lágrimas en el rostro de este periodista interrumpió la animada conversación y preguntó: “¿Por qué llora? ¿Por qué tanta gente? ¿Quién murió?”. Le respondí que el Pepe D’Elía. Sencillamente le sacó a su amiga el audífono del MP4 y le dijo: “Apagalo”. Subió en brazos a su hijita y le dijo: “Calladita, murió un trabajador, como papá, como mamita, como los abuelos. Hay que respetar, era uno de los nuestros”. Y allí se quedaron las tres, paraditas, en silencio, hasta que el cortejo pasó. Tenía razón la gurisa: murió uno de los nuestros. Uno de los mejores, de los nuestros.

José Artigas “Pepe” D’Elía nació el 21 de junio de 1916 en Treinta y Tres, pero al mes y medio su familia marchó al departamento de Rocha. Tenía nueve hermanos; fue el sexto hijo de ese hogar humilde. En Montevideo realizó sus estudios en la escuela del Cordón. Se casó con Delma Bauzá en julio de 1941, con la que tuvo dos hijas: Elisa y Lídice; siete nietos y ocho bisnietos.

En 1934 se afilió al Partido Socialista. Juan Castillo recordó que hasta el último día de vida tenía el carné de esa época al alcance de su mano. Participó en la lucha contra el fascismo y abrazó la causa de la España Republicana, integrando la organización Jóvenes Amigos de la España Leal. También fue militante de primera línea en la solidaridad con los aliados, en particular con la Unión Soviética, y el movimiento contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.

Asumía este compromiso de solidaridad internacional ­que lo acompañaría a lo largo de toda su vida­ desde una perspectiva clasista, creía con todas las letras en el internacionalismo proletario, así lo decía y practicaba. Participó personalmente e impulsó el compromiso del movimiento sindical uruguayo con Vietnam, con Argelia y en particular con Cuba y Nicaragua. En los últimos años este compromiso se expresó en un rechazo fundamentado y enérgico a las invasiones a Irak y Afganistán; la denuncia del imperialismo y su compromiso con la paz mundial, cuestión en la que insistió en varios momentos de la discusión sindical, mostraba su preocupación por los problemas que èl denominaba “de fondo, las cosas grandes de verdad”.

En el marco de esa concepción participo en la fundación de la Federación Sindical Mundial, de la Coordinadora Sindical del Mercosur y tuvo relación personal y directa con los líderes sindicales y políticos del continente, de la talla de Fidel Castro, Salvador Allende, Omar Torrijos y Luis Inácio Lula da Silva.

 

70 años por la unidad

Ni bien comienza a trabajar se afilia a la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y la Industria -Fueci- y participa en marzo de 1942 en el congreso constituyente de la Unión General de Trabajadores -UGT-. En ese congreso, realizado en el viejo auditorio del Sodre que luego se incendió, resultaron electos Enrique Rodríguez ­luego senador del Partido Comunista y dirigente de los trabajadores del calzado­ como secretario general y José D’Elía, por Fueci, como prosecretario.

Un conflicto en la industria frigorífica del Cerro en el verano de 1943 desencadenó un duro enfrentamiento en el seno de la UGT. Ello derivó en el alejamiento de Fueci -el gremio de D’Elía- de la central sindical.

A finales de la década de 1950 comenzó a participar activamente en la formación de un plenario de obreros y estudiantes; además, insistiendo siempre, en lo que sería una misión autoimpuesta, en la unidad de los trabajadores.

Esas movilizaciones conjuntas logran importantes conquistas laborales para los trabajadores, aumentan el nivel de organización y consolidan el funcionamiento de los consejos de salarios, un instrumento clave para los trabajadores de la industria privada. Pero además, esas luchas, donde surge la consigna “obreros y estudiantes unidos y adelante”, culminan también con la aprobación de la Ley Orgánica de la Universidad que consagra el cogobierno de nuestra casa mayor de estudios.

Esto que, por supuesto, implica un momento histórico para la sociedad uruguaya, sella una alianza entre los trabajadores, la intelectualidad y las capas medias juveniles urbanas, y consolida el protagonismo político de los trabajadores como clases social, más allá, mucho más allá, de las reivindicaciones salariales o laborales.

Esas luchas, también permiten recrear un clima de unidad mayor en el movimiento sindical y D’Elía participa como delegado de Fueci ­después de una dura discusión interna en su gremio­ en un nuevo intento de unidad: la CTU, cuya dirección integró.

El proceso de creación de la CTU comenzó en 1959 y tiene como mojones el congreso de 1961 que culmina en 1963, cuando D’Elía es electo presidente. De esta organización participaron gremios, fundamentalmente bajo orientación comunista y socialista, pero con presencia de militantes sindicales independientes y con el expreso objetivo de lograr la unidad sindical. El objetivo y no los métodos eran compartidos por militantes sindicales de otras tendencias, cuyos gremios no participaron en la CTU.

Las discusiones eran duras y difíciles, pero como ha sido una constante a lo largo del proceso histórico de unidad sindical, los caminos de confluencia se fueron presentando en la lucha común y en el trabajo paciente de dirigentes de gran prestigio de todas las tendencias, que fueron acercando posiciones, entre los cuales ocupó un lugar central, una vez más, José D’Elía.

Es importante volver a destacar que la confluencia de la lucha de los trabajadores, que tiene un punto central en aspectos reivindicativos, no se reduce a ellos. En esa época, fines de los años cincuenta, principios de los sesenta, confluyen tres grandes ejes, dos nacionales y uno internacional: la lucha por los consejos de salarios, la autonomía universitaria y la solidaridad con la revolución cubana.

 

La CNT

El proceso de unificación sindical llegó a un momento clave en la década de 1960 a impulso de una crisis económica y estructural creciente, y al influjo de la acción de varios referentes sindicales que promovieron la unidad. Comenzó a plasmarse una concepción que sería, desde entonces, seña de identidad del movimiento obrero uruguayo: la unidad desde una perspectiva de clase y con el objetivo de transformar y potenciar a los trabajadores, como un actor político central de la sociedad uruguaya, con propuestas que abarquen a toda la situación nacional.

En 1964, junto a Héctor Rodríguez, Gerardo Cuesta, Gerardo Gatti, Wladimir Turiansky, León Duarte, Luis Muñoz, Hugo Cores y Jorgelina Martínez, entre otros, dio nacimiento a una nueva central sindical con un programa común, popular y antiimperialista.

Conviene precisar el orden cronológico del proceso de unidad, porque no es casual que primero haya tenido lugar el Congreso del Pueblo que aprobó ­con la participación de cientos de militantes sociales e intelectuales­ un programa denominado “Soluciones a la crisis”. Es esa discusión programática conjunta, unida a la confluencia en las luchas y movilizaciones, lo que abonó definitivamente la unidad p
ara una central única.

En 1964, buscando la unidad sindical se constituyó un organismo coordinador que integró ­entre otros­ José D’Elía. En agosto de 1965 se realizó el Congreso del Pueblo. En enero de 1966, la Asamblea Nacional de Sindicatos convocó a la unidad sindical. El Congreso de Unidad Sindical culminó en octubre de ese año, transformando al organismo coordinador en una central.

En 1969, en el primer Congreso Ordinario, fue electo presidente de la CNT; lo acompañaban como vicepresidentes Wladimir Turiansky, de UTE, y Hugo Cores, del gremio de bancarios.

La CNT es un esfuerzo superior y diferente al resto. En anteriores acciones, y desde el principio del siglo anterior, se había buscado la creación de centrales sindicales para potenciar la fuerza reivindicativa, desde concepciones partidarias, con mayor o menor amplitud y mayor o menor alineamientos según el caso.

La central de trabajadores se define como clasista, se propone forjar el protagonismo político de los trabajadores en la sociedad uruguaya y también se postula antiimperialista y con el objetivo de terminar con la explotación del hombre por el hombre, es decir contra el capitalismo.

La CNT declara que “se construye para impulsar a un plano superior la lucha por las reivindicaciones económicas y sociales de los trabajadores de la ciudad y del campo; por el mejoramiento de las condiciones materiales y culturales del conjunto del pueblo; por la liberación nacional y el progreso de nuestra patria, en el camino hacia una sociedad sin explotados ni explotadores”. La CNT, junto con organizaciones estudiantiles populares y de izquierda, fue el corazón del enfrentamiento a la escalada represiva del gobierno del Partido Colorado presidido por Jorge Pacheco Areco. Duros conflictos se libraron contra la congelación de los salarios, la militarización de los entes, en reclamo de respeto a las libertades y en rechazo de la aplicación sistemática de Medidas Prontas de Seguridad.

 

El golpe y la huelga general

En medio de la crisis y mientras enfrentaba la represión y defendía las libertades, la CNT procesó una discusión interna, no sólo a nivel de la dirigencia sindical, sino en cientos de fábricas, talleres y oficinas, para analizar una respuesta a un posible golpe de Estado. Ese proceso culminó con la decisión, adoptada conscientemente por miles de trabajadores y trabajadoras, de enfrentar un golpe con huelga general.

La decisión expresa de la CNT era: “Ante el avasallamiento de las libertades, la respuesta es la huelga general”.

José D’Elía tiene el merecido honor de ser el orador que más veces habló en los actos de 1º de Mayo: más de diez veces estuvo en la principal tribuna política de la clase obrera uruguaya. Quien conoce las difíciles negociaciones y equilibrios político-sindicales que se realizan en el movimiento obrero para acordar el contenido de la proclama y, además, para decidir quién habla, sabe que no es un detalle menor. Esa condición es una muestra adicional del enorme prestigio y reconocimiento de José D’Elía entre los trabajadores.

El 1º de mayo de 1973 fue una de esas oportunidades. Un 1º de mayo complejo, con rumores de golpe, que la CNT realizó bajo las consignas: “Unidad, Solidaridad y Lucha” y “Salario, libertades y soluciones”. D’Elía cerró el acto y además hablaron: Ramón Martínez, de la Unión Ferroviaria; Álvaro Jaume, de la FEUU; Ignacio Huguet, del Congreso Obrero Textil; José Gutiérrez, de la Federación Obrera de la Industria de la Carne; Víctor Cayota, de la Asociación de Docentes de Secundaria, y Wladirmir Turiansky, de AUTE.

Cuando 58 días después Juan María Bordaberry, hoy preso acusado de varios asesinatos, disolvió las cámaras y dio el golpe, el Secretariado Ejecutivo de la CNT, presidido por D’Elía, se reunió en la noche del 27 de junio en el local de la Federación del Vidrio, en el barrio de La Teja. La decisión ya estaba tomada y había que instrumentarla: huelga con ocupación de lugares de trabajo en todo el territorio nacional. La huelga de la CNT es acompañada por la FEUU que ocupa todas las facultades y escuelas universitarias, y además, por los estudiantes de secundaria, que ocupan varios liceos.

D’Elía estuvo en la conducción de esa lucha de quince días, que es la primera huelga general en el mundo sin una reivindicación económica: en defensa de las libertades y la democracia.

Quince días después, por mayoría la Mesa Representativa de la CNT decidió levantar la huelga y pasar a otras formas de lucha. Entonces adhiere y convoca a una marcha contra la dictadura el 9 de julio en 18 de Julio, la que es multitudinaria y duramente reprimida.

La CNT es ilegalizada, todos sus dirigentes son requeridos y muchos encarcelados.

Transcurrirían doce años de violencia terrorista por parte del Estado. Miles de uruguayos pasaron años de prisión y otros marcharon al exilio. Más de doscientos serán secuestrados y desaparecidos, entre ellos Julio D’Elía, sobrino de Pepe, que fue secuestrado junto a su esposa, Yolanda, embarazada, quien dio a luz en un campo de concentración clandestino en Buenos Aires.

 

La resistencia

D’Elía fue encarcelado y al recuperar su libertad permaneció en el país durante toda la dictadura bajo estricta vigilancia, pero en ningún momento dejó de participar y apoyar a los sindicatos clandestinos e impulsar la solidaridad con los presos. Desarrolló su labor en un local de la Uita, en la zona del Cordón.

En esa época era referente y consejero de jóvenes militantes clandestinos, nexo con el coordinador de la CNT en el exilio y con contactos esporádicos ­por la vigilancia a la que era sometido­ con la CNT clandestina.

Participó activamente en la solidaridad con los presos, organizando colectas, bolsos y apoyo a las familias.

Fue uno de los activos impulsores de la campaña por el No a la reforma constitucional de la dictadura, que resultó rechazada el 30 de noviembre de 1980: 869.100 votos por el No y 635.022 por el Sí. En ese proceso le impacta el asesinato de Jorge Reyes, obrero de la automotora Nordex, en el marco de la campaña por el No.

El 12 de mayo de 1981 el Consejo de Estado de la dictadura aprobó la Ley de Asociaciones Profesionales, que sólo autoriza la organización de los trabajadores por empresa y no por rama de actividad. Esta ley era un intento de la dictadura de dar una imagen de ciertas libertades y lograr un movimiento sindical sumiso; los delegados de empresa electos tenían que presentar sus antecedentes a la Policía que los aprobaba o no.

En los años 1981, 1982 y 1983 participó del proceso de reorganización legal del movimiento sindical, que utilizando la Ley de Asociaciones Profesionales promovió la organización de los trabajadores y mantuvo a su vez la estructura clandestina. El intento de la dictadura fracasa y por miles los trabajadores ratificaron, aun en las condiciones citadas, su adhesión a la independencia de clase y por la democracia.

En 1983, nació el Plenario Intersindical de Trabajadores y se convocó al 1º de mayo.

D’Elía estuvo presente en el 1º de mayo de 1983 y fue homenajeado por la multitud que asistió a la convocatoria del PIT.

También participó del gigantesco acto multipartidario realizado en el Obelisco el 27 de noviembre de 1983, en el que el actor Alberto Candeau leyó la proclama “Por un Uruguay democrático sin exclusiones”.

Se transformó en un referente, una vez más, del proceso de confluencia, de viejos y nuevos dirigentes, de estructuras semilegales y clandestinas, de los que estaban en el exilio y los que salían de la cárcel. Muchas cosas estaban en discusión, el papel de D’Elía no.

En 1984 encabezó el 1º de mayo, celebrado bajo la consigna “Un solo movimiento sindical”, y es impulsor de la unificación orgánica del PIT legal, la CNT clandestina y el coordinador de la CNT en el exilio. Presidió el unificado Pit-Cnt.

 

La democracia y una incursión política

Ese mismo año y ante la proscripción de Líber Seregni, integró la fórmula presidencial del Frente Amplio, como vicepresidente de Juan José Crottogini. Desde esa fecha integró el Plenario Nacional del Frente Amplio como personalidad independiente. En una entrevista recientemente publicada en LA REPUBLICA, D’Elía dijo que fue político por casualidad. En realidad, es una de las muchas picardías de sus expresiones, D’Elía es firmante del acta fundacional del Frente Amplio y siempre hizo política, con mayúsculas.

En el movimiento sindical fue impulsor e integró la Comisión Nacional Pro Referéndum y la Campaña por el Voto Verde contra la Ley de Impunidad. Además, encabezó los referéndum contra la privatización de Antel y Ancap, entre otros, que tuvieron al Pit-Cnt como protagonista principal.

En 1993 pasó a ser presidente honorario del Pit-Cnt, responsabilidad que cumplió hasta su muerte.

En el año 2000 fue convocado por el presidente Jorge Batlle para integrar a título personal la Comisión para la Paz, para investigar el destino de los detenidos-desaparecidos

El 7 de diciembre de 2004 ­en una decisión inédita en América Latina­ la Universidad de la República le otorgó el título Doctor Honoris Causa. Rafael Guarga, entonces rector de la Udelar, comenzó su discurso en la ocasión citando al héroe nacional cubano José Marti: “Quien honra se honra”. En el año 2005 fue declarado Ciudadano Ilustre de la ciudad de Montevideo por la IMM, decisión respaldada por todos los partidos políticos en la Junta Departamental. Varias juntas departamentales del interior del país le rindieron homenaje.

Falleció a los 90 años, a las nueve de la noche del lunes 29 de enero de 2007. A su sepelio concurrieron miles de personas, el Pit-Cnt declaró un paro general en su homenaje. Fueron al velatorio el presidente de la República, Tabaré Vázquez, que lo definió como “uno de esos hombres que el Uruguay da cada tanto”; el ex presidente Jorge Batlle y el presidente del directorio del Partido Nacional, Jorge Larrañaga. Envió una carta expresando sus condolencias el ex presidente Julio María Sanguinetti. Le rindió homenaje el embajador de la República Argentina, Hernán Patiño Meyer, quien lo calificó como “uno de los grandes referentes del sindicalismo latinoamericano”. Ministros de Estado, jerarcas de entres públicos, senadores, diputados, intendentes y ediles de todos los partidos le dieron el último adiós. Los mensajes de todos los rincones del mundo se cuentan por centenas; destacan el de la Central de Trabajadores de Cuba y el de la CUT brasileña.

En el último acto realizado frente a la sede del Pit-Cnt hablaron Luis Iguini, histórico dirigente de Cofe, y Juan Castillo, trabajador portuario y dirigente actual de la central sindical. En el cementerio lo despidió Ignacio Huguet, histórico dirigente textil.

Miles de trabajadoras y trabajadores lo despidieron entonando el Himno Nacional y el himno universal de la clase obrera, La Internacional. Miles de puños saludaron su féretro y se cantó con fuerza las estrofas centenarias: “Arriba los pobres del mundo,/ de pie los esclavos sin pan,/ y gritemos todos unidos/ viva la Internacional”. En ese momento, pareció que se veía a Pepe D’Elía, con su dignidad de siempre, apoyado en su bastón, con su boina infaltable, su puño libre en alto y esa mirada cariñosa y severa que era correspondida por todas y todos, con guiños y sonrisas cómplices, de hermanos, de hijos, de nietos, de compañeros.

La biografía de Pepe D’Elía no termina, seguirá escribiéndose, de la manera más linda y justa. El Pit-Cnt denominó José D’Elía a la campaña de afiliación sindical que desarrolla a nivel nacional; de esa manera, cada muchacha o muchacho que firme una ficha sindical seguirá escribiendo un nuevo capítulo del querido Pepe. *

 

Bibliografía y materiales consultados.

Chagas, Jorge. Memorias de la esperanza

Rodríguez, Universindo; Visconti, Silvia; Chagas, Jorge; Trullen, Gustavo. El sindicalismo uruguayo.

Rodríguez, Enrique. Historia del movimiento obrero uruguayo.

Actas del Consejo Directivo Central de la Universidad de la República.

Actas de la Junta Departamental de Montevideo, intervenciones de los ediles Gabriel Wesiman, Jorge Mazzarovich, Washington Carrasco y Mario Linzo.

Material de archivo del Pit-Cnt.

Material de archivo de LA REPUBLICA y Brecha.

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