Recordación del Holocausto judío
Con motivo del Día Internacional de la Conmemoración Anual del Holocausto, que la ONU fijó el 27 de enero, la Comisión Permanente del Poder Legislativo rindió homenaje a la colectividad judía. Una multitud llenó las barras. Fue conmovedor el espectáculo de varias generaciones unidas en un mismo sentimiento y una misma y profunda recordación.
Previamente, varios legisladores se refirieron a la muerte del histórico dirigente sindical José D’Elía, adelantando la unánime intención de rendirle un homenaje en fecha próxima. Al término de este breve acto se hizo un minuto de silencio como muestra de respeto y afecto al inolvidable Pepe.
Eduardo Ríos (Alianza Progresista), al que se advirtió nervioso, abrió la oratoria sobre el Holocausto. Eligió leer un largo texto, transitado con frecuentes tropiezos, que se convirtió en una lección de historia demasiado conocida, más allá de lo estremecedor que sigue siendo el relato de los hechos determinantes. No obstante, la gente en las barras que seguramente escuchó muchas veces esa sucesión de crímenes atroces y luchas por sobrevivir lo atendió con respeto y recogimiento, aplaudiendo cortésmente al final.
Francisco Gallinal (Correntada Wilsonista) mezcló acertadamente improvisación con lectura y dio a su intervención un sesgo más afectivo, menos distante. No perdió la oportunidad de recordar lo que, a su juicio, el Partido Nacional ha hecho históricamente, y en particular durante el gobierno del doctor Lacalle, en respaldo de Israel y de los judíos en Uruguay. Concluyó, midiendo el énfasis y conmoviendo a los presentes, con un «nunca más al horror», con la necesidad de la difusión constante de lo que pasó y con tres ideas para el futuro que, según confesó, tomó prestadas de un judío uruguayo relevante, Eduardo Kohon: recordación, reflexión y educación. Le fueron ofrecidos unos aplausos más entusiastas que a su antecesor.
Cerró el homenaje Washington Abdala (Foro Batllista), corriendo con la ventaja de haber tomado unos cuantos apuntes mientras sus colegas hablaban. Eso pareció darle un vigor especial: a viva voz y gesticulando como el Vittorio Gassman de la mejor época, redondeó una exposición vibrante y breve a la que alejó de lugares comunes. Básicamente, llamó a estar junto a Israel, al que calificó como «un pueblo en guerra», y rescató la necesidad de recordar, de decir lo que hay que decir en cada momento histórico y de postular siempre un espíritu humanista. Pero, político al fin, no dejó pasar la ocasión de dar línea y se tomó la libertad de hablar de «nuestra cancillería elíptica», del peligro de Irán para el mundo libre y del riesgo que representa «uno de nuestros socios», en también elíptica pero nada ingenua alusión a la Venezuela de Chávez.
La declaración final de la Comisión Permanente incluyó «la necesidad de inculcar a las nuevas generaciones la verdad del Holocausto», rechazando toda discriminación racial, religiosa o de cualquier naturaleza. *
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