Desde ayer Bordaberry cumple prisión domiciliaria en casa de uno de sus hijos
El magistrado Eguren tomó la decisión basándose en la opinión de la fiscal Dora Domenech y en diversos informes solicitados a una junta médica del Instituto Técnico Forense (ITF), a las autoridades de Cárcel Central y de la Dirección Nacional de Cárceles (DNC). Los informes fueron concluyentes en la inconveniencia de que Bordaberry continuara recluido en Cárcel Central, donde fue alojado tras ser procesado el 16 de noviembre pasado por su responsabilidad en los asesinatos de los ex legisladores Michelini y Gutiérrez Ruiz y el matrimonio Barredo Whitelaw.
Según indica el fallo emitido ayer, la prisión domiciliaria fue dispuesta en base a lo que establece el Artículo 131 inciso 2 del Código del Proceso Penal (CPP), que dice textualmente: «Si se tratare de enfermedad o circunstancias especiales que hicieren evidentemente perjudicial para el imputado su internación inmediata en prisión, previo los peritajes que estime pertinentes, el juez podrá disponer otras medidas asegurativas».
El juez dispuso que las condiciones de reclusión fueran definidas por las autoridades de Cárcel Central. Según pudo saber LA REPUBLICA, la casa donde se encuentra alojado Bordaberry cuenta con presencia permanente de un efectivo de la Jefatura de Policía de Montevideo al cual se le entregó un teléfono celular para estar contacto directo con el director de Cárcel Central, comisario inspector Joaquín Brítez, en caso de que surjan inconvenientes.
Si eventualmente el ex dictador desea trasladarse a su estancia en el departamento de Durazno, deberá solicitar una autorización especial a la Justicia, aunque esa posibilidad por el momento se considera lejana tomando en cuenta su condición sanitaria.
La junta médica del ITF, integrada por los doctores Guillermo López, Carlos Maggi y Rúben Arias, además de ratificar lo actuado por los médicos tratantes señaló que el ex dictador padece una «patología crónica, severa e irreversible» por la cual «no puede permanecer recluido donde deba moverse más alla de lo mínimo, y en función del ambiente no puede ser atendido en Cárcel Central ya que un broncoespasmo deberá ser tratado en forma urgente».
Incluso, el propio magistrado y los especialistas del ITF se hicieron presentes en la tarde del viernes en el Hospital Británico, donde Bordaberry fue examinado y consultado por los técnicos que asesoran al juez.
Tomando en cuenta estas recomendaciones médicas, Eguren analizó un informe realizado por la Dirección Nacional de Cárceles (DNC), para constatar la posibilidad de alojar al ex presidente de facto en un dependencia de ese organismo, ante lo cual la DNC concluyó que no existe un establecimiento que cumpla con las condiciones que la afección pulmonar que padece Bordaberry requiere.
El viernes, los abogados Gastón Chaves Hontou y Diego Viana Martorell habían solicitado el beneficio de la prisión domiciliaria basándose en las conclusiones a las que arribaron el médico internista que trató a Bordaberry en los últimos días en el Hospital Pasteur, el doctor Carlos Salveraglio, y su médico de cabecera, Javier Pietropinto, quienes señalaron la inconveniencia de la reclusión.
«La edad del paciente (79 años) es un factor de riesgo relevante, ante la eventualidad de cualquier exacerbación de su enfermedad pulmonar y el incremento del riesgo de una neumonía aguda, al encontrarse en una situación de reclusión», explicó el informe médico que los abogados adjuntaron al escrito presentado el viernes ante la Justicia.
La nueva cárcel
Próximo a la hora 11 de ayer, tras la autorización del juez Eguren, Bordaberry fue trasladado desde el Hospital Británico donde había sido internado en la noche del pasado martes hasta la casa ubicada en la calle Potosí 1671 casi Alejandro Schroeder, en pleno corazón de Carrasco. La lujosa finca pertenece a uno de sus hijos. Allí pasó a residir su esposa, Josefina Herrán, desde que la Justicia dictaminó su procesamiento, el 16 de noviembre de 2006.
Un equipo periodístico de LA REPUBLICA se trasladó ayer hasta el nuevo lugar de reclusión del ex presidente de facto. La zona, cubierta de árboles y lujosas casas y vehículos, mantenía su tranquilidad habitual. Muchos vecinos desconocían que al ex dictador le había sido otorgada la prisión domiciliaria.
«¿Bordaberry ya está mejor? Qué suerte que se recuperó», dijo una vecina a uno de los fotógrafos de los medios de prensa que apostados frente a la casa aguardaban la salida de algún allegado.
A media tarde uno de los hijos de Bordaberry, consultado al abandonar el lugar, se excusó de realizar declaraciones y se retiró rápidamente en una camioneta 4X4 azul que se encontraba estacionada frente al portón de ingreso a la residencia. Mientras la tarde transcurría y los medios periodísticos aumentaban su presencia en el lugar, solamente se pudo apreciar a otro de los hijos de Bordaberry, el cual tras ingresar a la casa y permanecer allí algunos minutos, abandonó el lugar en otra camioneta 4X4.
Los arbustos que rodean la casa no permitían observar con mayor detalle los movimientos en el terreno y de tanto en tanto se veía al guardia policial apostado sobre el garaje, que se encuentra a poco menos de una cuadra de distancia de una clínica privada, situada por la calle Potosí casi avenida Rivera. Según dijeron allegados a la familia, esa clínica sería la primera alternativa en caso de que se registrara una descompensación inesperada en la salud del ex dictador.
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