"Hoy seguimos aguantando que las botas nos pateen la puerta"

José Enrique Acosta Moreira, padre de uno de los dos soldados torturados psicológicamente por orden el teniente coronel Mario Partamian en el Regimiento de Caballería Nº 7 de Rio Branco, confirmó ayer en Compacto 1410 que se presentó denuncia por malos tratos a nivel judicial.

Acosta Moreira, cuyo hijo Marcelo Acosta Pereira fue una de las víctimas de quince días de arresto a rigor, declaró en el informativo de 1410 AM LIBRE que también se había dado cuenta de la situación sufrida a las autoridades del Ministerio de Defensa Nacional, pero aún no habían recibido respuesta.

«Del gobierno, lamentablemente, no hemos recibido ninguna respuesta. Lo que sí recibimos fue respuesta de una persona del gobierno, que nos dijo que había tenido una audiencia con el general, y que éste le había dicho que eso era normal, que así se trataba a la gente en los cuarteles, que se los preparaba como para la guerra… es lo que me dio a entender, que eso pasaba quince veces por día en los distintos cuarteles de nuestro país. Entonces, digo, es como que estamos viviendo una mentira. Durante treinta años peleamos para que no pasara esto, estamos desenterrando huesos de treinta años atrás, y permitimos que siga sucediendo».

-¿Su hijo fue obligado a firmar la baja junto a otro compañero y después sometido a esos malos tratos?, ¿es así?

-Ahí está. Nosotros, los padres, llevamos al cuartel ropa de particular porque ni siquiera les dejaron sacar la de ellos de los roperos. O sea que a partir de las 11 y algo ya eran particulares, civiles, y estuvieron retenidos contra la voluntad de ellos hasta las 16.30 y después, fueron paseados a punta de fusil por todo el perímetro del cuartel, para degradarlos a él y a su compañero, diciéndoles cosas; luego fueron dejados en una chanchería, que queda en los fondos del cuartel, a más de dos kilómetros y medio, a trote de caballo y siempre apuntados por los fusiles, por lo que uno de los botijas dijo: «Bueno, vamos a aflojarle, porque estamos cansados». A esto el cabo, encargado de lo dos soldados que iban, les dijo que no, que no era broma, y les mostró el cargador, que vieran que eran tiros vivos y que si tuvieran orden, los mataban allí mismo… Es una atrocidad lo que se vivió.

-¿El compañero de su hijo está internado?

­Está con tratamiento en la casa, ya dejó el hospital (…) Mi hijo también estuvo en tratamiento médico por los nervios del momento vivido por las amenazas. Los hicieron vivir un mal momento que duró de seis a ocho horas de incertidumbre en las que no sabían lo que les podía pasar y no podía comunicarse con nosotros… El otro muchacho no aguantó, y se pasó para el otro lado; está enfermo (…) Es como si aquello fuera un mundo aparte. Hoy seguimos aguantando que las botas nos pateen la puerta.*

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