La idea es crear una "barrera verde" para separar a Gualeguaychú de la planta

Plantean instalar un "parque temático" de Botnia en el medio del río Uruguay

El influyente diario Clarín dijo que ésta es «una de las ideas que con fuerza barajan en Montevideo, Buenos Aires y Madrid para darle alguna salida a la crisis por las pasteras».

Sin embargo, fuentes de la Cancillería uruguaya se mostraron sorprendidas por el anuncio del proyecto que costaría «entre 10 y 100 millones de dólares» y que necesita la anuencia de Uruguay para su construcción.

Según Clarín, el proyecto y la inversión podrían materializarse en su formato de máxima o de mínima, pero hasta tiene autor y nombre: la Botnia Farm, algo así como la «Granja de Botnia».

La iniciativa comprendería un parque temático de forestación, con caídas de agua, una marina, peatonales y entradas para automóviles. Una gran obra de ingeniería forestal, cuyos autores intelectuales adorarían que se remonte al Parque Güell, de Barcelona.

Sería éste un implante sofisticado de tierra y vegetación dentro de las aguas del río Uruguay para no sólo ocultar ante los ojos gualeguaychenses la pastera de la finlandesa Botnia, incluyendo su temida chimenea.

Hasta el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, parece que ha visto la idea con buenos ojos. Según Clarín, el proyecto «entusiasma a Botnia». Y según pudo saber ese diario «comenzó a tomar bríos a principios de diciembre con la llegada aquí del enviado del rey de España para activar el diálogo uruguayo-argentino».

Recuerda el periódico que a fines de noviembre, el arquitecto Julio Torcello, presidente del influyente Torcello Group Designers & Developers le envió una carta al rey Juan Carlos. En la nota, le propuso al monarca ­ya en plena mediación­ colaborar en el conflicto con una propuesta que promoviera «un dramático cambio paisajístico».

Proponía generar frente a la planta de Botnia «una atracción turístico-paisajística de gran escala mediante la aplicación de técnicas de trasplante de añejas especies arbóreas traídas de diversos lugares del planeta» para conformar un parque temático de «reconocimiento mundial». Torcello, cuyo grupo se ha concentrado inicialmente en proyectos de inversión en obras públicas de infraestructura en base a inversión privada, está seguro de que ante el contexto imperante (la condición uruguaya de no dialogar en tanto sigan los cortes de ruta y la persistencia de éstos; el rechazo argentino a la planta de Botnia y el continuo avance de las obras de la planta), Yáñez desefundó su idea como una de las alternativas prioritarias para descomprimir la tensión.

De hecho, el plan de hacer una barrera verde entre Fray Bentos y Gualeguaychú apareció a principios de diciembre cuando el también embajador de España ante las Naciones Unidas hacía su segundo viaje de mediación al Río de la Plata. Entonces, también surgió la propuesta de hacer un sistema de desagüe de la planta de Botnia lejos de la zona de conflicto pero que requeriría otro acuerdo conjunto en torno al Río de la Plata.

Ya en contacto directo con los directivos de Botnia, Torcello escribió un artículo en el último número de la revista Debate. Allí expuso que la barrera verde funcionará no sólo como «contenedora de visuales» (transformado «lo feo por lindo») sino también como «productora del efecto de dispersión de contaminantes del aire».

¿Costos? Torcello, reacio ha hablar de valores ahora, dijo tal vez en broma, que el proyecto del río Uruguay «puede costar U$S 10 millones o U$S 100 millones». Pero puntualizó que «lo importante» es que se trata de una alternativa que puede calificar en el mercado internacional, a través de la emisión de títulos o de bonos verdes (que obtienen como premio las empresas que contaminan poco o no contaminan) y de la que podrían participar bancos u organismos internacionales, como el BID y el Banco Mundial. *

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