Desde Argentina convocan a "recuperar la voluntad sociológica"
–¿No cree usted que la sociología ha perdido el impulso que mostró hace cuarenta años?
—Creo que ha perdido el impulso de su aventura intelectual, política y transformadora. Con esto no estoy diciendo que en sus años dorados, los sesenta, no tuviera dilemas irresueltos, ambigüedades teóricas y obturaciones dramáticas en el momento de decidir sus prácticas.
—Pero la situación era otra…
—A eso voy. Toda esa problemática con la que convivía la sociología ocurría en un ambiente de optimismo crítico y de fuertes creencias sobre el papel colectivamnte reelevante de la sociología. Hace poco escribí, con motivo de las IV Jornadas de Sociología que se realizarán en noviembre, «que la sociología era una clara y necesaria creación, como discurso de la crítica, que venía a ser el desdoblamiento interrogatorio de actos sociales usualmente desposeídos de su propia autorreflexión». Eso vale.
–Ahora bien, ¿esa autorreflexión está vigente?
—Esa autorreflexión en parte se ha extinguido, en parte se ha diversificado y en parte se ha trasladado a otros conocimientos.
–Entonces, ¿hay que volver a comenzar?
—Prefiero decir que hay que volver al programa originario de las ciencias sociales, a esa pregunta por el ser y por la discordancia de las sociedades capaz de convertirse en obras, en signos públicos conceptuales, en sujetos intelectuales relacionados en debate y en acciones visibles en la sociedad.
Pregunta que asimismo adquiere singular importancia en momentos en que las políticas y las economías vigentes en nuestros países actúan con un supuesto de verosimilitud que es necesario desmontar en sus pactos de sentido común, generalmete asociados a la promoción naturalizada de toda clase de injusticas.
–¿Cómo se manifiesta eso?
—Tenemos por un lado el drama vital de las poblaciones más expuestas a la pérdida de resguardos, derechos y horizontes culturales, y por otro lado las formas de universalismo coactivo que cruzan el planeta al compás de las revoluciones técnicas y comunicacionales, que nos presentan un panorama de erosión del mundo de vida.
Esas erosiones o dicho de otro modo el desmedro de los cuadros históricos de la modernidad, de la esfera urbana pública, de las prácticas sociales sustituidas por tecnologías de opinión, significan una brutal intromisión en los horizontes de cotidianidad, en los mundos laborales y en los juegos expresivos de toda la sociedad.
–¿No se ha perdido en los procesos investigativos el compromiso social, aunque esto suene a viejo?
—No es grato admitirlo, pero hoy se percibe una situación general que parece haber perdido el sustento de un compromiso social y una voluntad transformadora. Pero no estoy imaginando que la sociología recobraría su locuacidad, dándole sólo tareas en la inmediatez de la política.
Volver a la política supone constituir la política en la misma figura del lector sociológico, del estudiante de sociología, delprofesor de sociología, del escrito de sociología, del investigador en ciencias sociales, de aquellos que invocan sus artesanías intelectuales para abrir ua amplia pregunta, sin fronteras, sobre el sentido de las sociedades, sus formas de decisión política y sus modos productivos nuevos, que coinciden en la actualidad con efectos que abren insistentes horizontes de miseria, injusticia y destitución social.
–¿Cómo se recompone la voluntad sociológica?
—Es preciso no renegar de sus enraizamientos históricos, ligados a las revoluciones del siglo XIX y del siglo XX, al ciclo de las historiografías renovadas, a los giros ostensibles de la filosofía contemporánea, a las vicisitudes de las teorías del lenguaje y a la crisis de la tecno-racionalidad instrumental del capitalismo.
Creo que esta búsqueda puede llevarnos una vez más a lo que intuía Marx en su Introducción general a la crítica de la economía política de 1857, respecto a que la aventura de pensar busca»una correspondenciacon el proceso histórico real», pero esa correspondencia es preciso detectarla en sus diferentes momentos de actualidad.
—¿Hay que volver a encontrarse con algunos nombres, con algunos pensadores?
—Diría que hay un extenso gabinete de nombres que es preciso volver a interrogar e , incluso, reactualizar.
–Algo así como pasarle las preguntas de hoy a algunos de ayer…
–Algo de eso. Las nuevas preguntas hay que dirigirlas a nuestros clásicos, tanto los de la modernidad sociológica, de Saint Simon y Marx en adelante, como los de las edades antiguas y modernas de la filosofía y la política, Platón, Maquiavelo, Rousseau o Hegel, a los que hay que leer con disposición de la crítica que también tengan en cuenta al lector situado, al lector de la hoy castigada y desamparada universidad latinoamericana, donde se ausentan las voces que en otros momentos proclamaron la emancipación en la hora americana.
–¿Todos nombres europeos?
– No, de ninguna manera. Están nuestros clásicos latinoamericanos, entre ellos los argentinos, que esperan que volvamos a sorprendernos con ellos.
Nos esperan, entre otros, Gino Germani y Roberto Carri, porque en los distintos planos que esas vidas se expresaron- la institución universitaria como dramática constructora de ámbitos de investigación y el ámbito de la escritura social vivaz, encarnada en la politización del conocimiento y el fragor de los días, vemos los contornos de una discusión que aún vale la pena empeñar entre nosotros.
A la vez es necesario que también aparezca la imaginación, el compromiso y obras de gran arraigo en los dilemas de la época. Así como fuerte convicción militante en torno a los hombres arrojados al borde del camino como pellejos vacíos por los aparatos de dominio económico, técnico y simbólico del mundo contemporáneo.
–¿Por qué los arrojados al borde del camino?
–Esos arrojados no van a estar mejor por nuestros trabajos, pero nuestros trabajos no estarán mejor sin ellos, simplemente porque ningún pensar deja de estar también arrojado y nunca deja de evocar remotamente las causas de algún sufrimiento.
–¿Este es el marco o por lo menos el marco que usted imagina de las IV Jornadas de Sociología?
–Nuestro llamado es en la dirección de la reconstrucción de la voluntad sociológica, a partir de la cual pueden retomarse textos, diálogos, trabajos que encuentren entre sí y en los demás nuevos entusiasmos. La idea es que esta Jornada universitaria se convierta en un acto de autodeterminación intelectual y política.
Compartí tu opinión con toda la comunidad