La muerte de Osvaldo Burgos
Es dificil escribir sobre la muerte de un colega, un amigo, un militante de todas las horas. Pero mucho más es hacerlo sobre Osvaldo Burgos, quien sumó a todas sus excelencias profesionales y humanas, una actitud revulsiva, de defensa de sus creencias, por las cuales luchaba todos los minutos.
Burgos, luego de una muy implacable enfermedad dejó de existir el pasado jueves, cuando no pudo más en una batalla desigual contra un mal que todavía la humanidad no ha podido vencer.
Osvaldo nació el 5 de junio de 1950 y desde muy joven fue militante social. Cuando la dictadura asoló al país debió exiliarse primero en Argentina, pasando posteriormente a Chile y radicándose finalmente en Cuba, donde vivió 13 años.
Allí se recibió como licenciado en periodismo con orientación económica, siendo contratado de inmediato por la agencia Prensa Latina, para la cual realizó diversas coberturas. Entre ellas se destaca la de corresponsal de guerra en Nicaragua, desde donde informó de la lucha del Frente Sandinista de Liberación por la independencia de ese país, asediado por los resabios de la dictadura somozista aliada a EEUU.
En el año 1994 fue designado director corresponsal de la Agencia Prensa Latina en Montevideo, cubriendo además las corresponsalías de Radio Habana y últimamente, de Radio Nacional de Venezuela.
Entre sus muchas labores en el frente periodístico, no podemos olvidar que también fue colaborador de LA REPUBLICA, publicando notas y reportajes, mostrando siempre perfiles inteligentes y profundamente informados de los distintos temas que abordaba.
Ahora Burgos, en el mejor momento de labor intelectual, porque la vida tiene esos momentos incomprensibles e injustos, la abandonó para siempre. Siempre recordaremos sus llamadas a media tarde para anunciarnos el envío de algún cable de su agencia, tarea que no olvidaba y que en la redacción era valorada en su justa medida.
Este amigo, este militante social de todas las horas, este defensor de la revolución cubana, ya no está entre nosotros. Sin embargo su prédica, su fuerza, su militancia, su persistencia en la lucha, siempre la recordaremos, como su simpatía.
Porque Osvaldo, además de todo eso, fue un amigo, un compañero de todas las horas. Un hombre nuevo.
Un gran hombre. *
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