LA REPUBLICA dialogó con el Inspector Principal Eduardo Pereira Cuadra, subdirector de Cárceles.

"El ocio compulsivo es el enemigo más grande que tiene el sistema carcelario"

La monografía que presentó, luego de aprobar el curso que lo habilita para el ascenso, es sobre las agregadurías policiales en el exterior, algo novedoso que este gobierno tiene interés en poner en práctica. Es una figura parecida al de agregado militar pero en este caso serían oficiales de enlace con un status diplomático. En principio en la esfera del Mercosur, los problemas que preocupan son los que derivan del tránsito de personas y mercaderías en la región: 250 millones de personas y U$S 450.000 millones en ventas. «Surgen temas de todo tipo, de toda naturaleza en la zona». «A consecuencia del desarrollo impresionante de las comunicaciones, las fronteras entre países prácticamente han desaparecido y se desplazan grandes masas de seres humanos de un lugar a otro. Incluso teniendo en cuenta que, en esta zona, no hay desplazamientos masivos por graves conflictos, como sucede en muchas partes», explica el oficial de Policía.

 

En el Comcar

«Estuve 22 meses como director del Complejo Carcelario de Santiago Vázquez; creo que hicimos un buen trabajo. Formé un equipo de gente «paisana», de gente del interior. No éramos expertos en cárceles: ni siquiera conocíamos en profundidad la temática. Tuvimos que aprender de golpe. Llegamos a tener 3.046 internos, una cifra record. En 22 meses no tuvimos una denuncia de presos, policías o familiares. Nos fuimos orgullosos de allí». El nombramiento de Pereira Cuadra, como subdirector del sistema carcelario, avala sus dichos.

 

La Dirección de Cárceles

La institución está embarcada en un profundo proceso de cambios, que parte de una visión distinta del ministro Díaz y del gobierno, respecto a la que imperó antes. La humanización del sistema tiene muchas dimensiones, grandes complejidades, toca intereses importantes.

«Hay que entender (esos cambios), comprenderlos e instrumentarlos. Por algo el Presidente, cuando asumió, en su discurso del 1 de marzo, declaró el estado de emergencia en las cárceles. Era verdaderamente un caos…», dijo Pereira a LA REPUBLICA.

«Por suerte ahora no se barre para abajo de la alfombra: se dicen las cosas. Hay actores sociales muy importantes: Suprema Corte de Justicia, el Comisionado Parlamentario (Dr. Álvaro Garcés), el Patronato, cuyo trabajo que confluye con el de la Dirección Nacional de Cárceles. Se están haciendo cosas muy importantes, como la redención de la pena, que costó tanto comprenderla. Vamos por un buen camino. Trabajamos muchos meses, muchas horas, para poder poner las cuentas en orden desde todo punto de vista».

«Soy un defensor a ultranza de lo que llamamos la redención de la pena», enfatiza. «He hablado con maestros, educadores que creen que la palanca del estudio es una gran forma de instrumentar esa apertura. Soy defensor de las (cárceles) granjas, porque si algo redime es el trabajo de la gente».

Entre las responsabilidades del subdirector está el manejo de las compras de las cárceles. «Me levanto todos los días con una idea fija en la cabeza: estoy administrando la plata que aportan los contribuyentes. Eso lo tengo clarísimo y por eso he tenido alguna diferencia con alguno, acerca de cómo instrumentar esos gastos. Es una obligación moral emplear bien esos dineros. Hay órdenes claras, concretas, del ministerio, que me llegan a través del Director Nacional (Julián Rodríguez) en ese sentido. Y nos ha ido muy bien. Según nuestras cuentas, a fin de año hicimos la memoria anual y un balance de las cosas que se hicieron: las que se hicieron bien y las que quedaron para concluir en 2007. Andamos, de ahorro, en el entorno de los U$S 100.000 dólares. Se compró lo mismo y se ahorró eso». «Se compraba la cebolla a $ 24,70 y ahora la compramos a $ 8,30″. ejemplifica.

La cifra llama la atención. ¿Cómo se ahorra y cómo se estaba gastando? ¿Qué destino tienen esos ahorros, en un sistema que muestra tantas carencias?

«Con la debida autorización se trasponen rubros para mejorar escenarios que estaban muy abandonados», señala el jerarca con prudencia. «Estamos tratando de comprar herramienta de mano para poner en funcionamiento los talleres: carpintería, zapatería, herrería, sanitario… Queremos que los presos salgan mentalmente dirigidos para integrarse. Los internos, cuando salen, tienen derecho a ocupar un 5% de los puestos de trabajo en obras públicas, que se hace por contrato. Es una forma de capacitarlos para eso».

«Las cárceles tienen que cambiar, pero nosotros tenemos que reconocer que somos un país pobre. Los recursos del Uruguay no son ilimitados». «Se está refaccionando Libertad, que es una obra costosa, para tener 600 o 700 plazas más. La cárcel de Canelones, que costó mucho dinero, pasa a la Dirección Nacional. Hay cárceles del interior que son «pozos», no son cárceles. Edificios vetustos… ¿Cuántos años estuvo la DNC sin invertir un mango en infraestructura? Tenemos aproximadamente 7.200 personas privadas de libertad. Son conciudadanos nuestros. Por algo están en la situación que están, pero tenemos que atenderlos».

Con un toque de humor recuerda que ­dicen los que saben- «mirando las cárceles se sabe cómo funciona un país».

 

Los cambios están a la vista

«Arrancamos el año pasado con 3 maestros en el Comcar; hoy hay 17 o 18 maestras y maestros dando clase ­si mal no recuerdo­ a 576 internos que están haciendo primaria. Ahora hay 10 salones con capacidad para 15 o 20 hombres cada uno. Están repletos. Pero no sólo por lo que pueda significar para acortar algo la condena. Se han dado cuenta de que hay una luz al fondo del camino; esas maestras han hecho un trabajo maravilloso y no es por lo que les pagan. Hay verdadera vocación volcada allí. Eso solamente en el Comcar.

Está a la vista el informe que hizo el comisionado parlamentario, es un documento público». Y por primera vez se elabora algo así, con independencia y se hace público.

«Se está haciendo muchísimo». Y pone por ejemplo la panadería en La Tablada, donde trabajan 18 presos y obtienen una producción muy importante, que abastece no sólo cárceles: también al Inda.

Sobre las previsiones para el 2007 de ingresar nuevo personal, afirma: «Tenemos 350 personas en el escalafón ejecutivo y aproximadamente 150 técnicos que van a ingresar. Es básico para nosotros, pero los sueldos no son atractivos y nos cuesta mucho conseguir esa cantidad de gente con el perfil que queremos que tengan. Desde el punto de vista laboral, un funcionario público hace unas 200 horas mensuales; un funcionario de cárceles, por ejemplo en Libertad está haciendo 340 a 370 horas mensuales. No tiene una compensación por eso, no tenemos presupuesto suficiente. El 65% del personal subalterno está divorciado, tiene una familia disgregada. Las condiciones laborales son estresantes y el hombre termina perdiendo los lazos afectivos hasta con su propia familia. Tenemos un altísimo porcentaje que son del Norte, de Rivera para ser concreto. Viajan, están una semana con su familia y una semana no. Sí tienen una muy buena asistencia médica».

Un funcionario, al ingresar, obtiene unos $ 6.000 de sueldo en la mano. «Realmente muy poco para las condiciones laborales que tiene.

En algunos casos estamos violentando normas, convenios internacionales que el país ha firmado con la OIT, por ejemplo. El funcionario tiene que tratar con enfermos contagiosos de diverso tipo. Tenemos problemas muy serios y recién este año pudimos contratar 8 médicos más y 8 enfermeros. Una de las recomendaciones del Comisionado tiene que ver con la distribución de preservativos: tenemos un problema sexual en los internos y se propagan los contagios con muchísima facilidad. Se supone que la bacteria resistente se disparó desde el sistema carcelario y enfrentamos carencias de medicamentos».

 

Producir en Libertad

En el tristemente célebre penal de Libertad conviven dos realidades distintas:

«El establecimiento propiamente dicho, que tiene unos 650 internos que son
los más peligrosos del país, y el Centro Nº 2, que es un establecimiento de régimen totalmente abierto en que el hombre va a trabajar la tierra. Está en la etapa final para reintegrarse a la sociedad. Son 230 hectáreas de los mejores campos. Este año por primera vez, lo digo con orgullo para mí y para el mayor Broggini que dirige la unidad, el tanque de frío no da para la leche que se produce. Antes venía el camión día por medio. Estamos mejorando la producción, el ganado y la ración. Estamos pensando ensilar el año que viene. Se compró una ordeñadora nueva, de 6 órganos con capacidad para 10, costó U$S 8.300. La anterior (¡si sería vieja!) tenía 36 años de uso. La chacra está marchando bien y queremos triplicar o cuadruplicar la cifra de internos que trabaja allí. ¿Nos falta un tractor? Bueno tenemos que meter 50 o 60 hombres más a la tierra».

 

«Le vamos a pegar duro»

En el esfuerzo de producir más y mejor Pereira Cuadra apela al asesoramiento de los técnicos porque apuesta a logros importantes. Los reclusos podrán redimir pena, recuperar su autoestima y su dignidad, pero afirma: «(También es importante que) podamos autoabastecernos en productos como papa, boniato, zapallo, maíz». Es que producir tiene ventajas de todo tipo, educativas y económicas. Y los ahorros se pueden destinar a capacitación: «hacer curso para el personal, hacer cursos para los presos, dignificar de otra manera al ser humano». Transmite con verdadero entusiasmo sus convicciones:

«¿De donde sale lo que se les paga de acuerdo a la ley 14470, los peculios? El preso tiene que ganarse su propio salario. El enemigo más grande que tiene el sistema carcelario en Uruguay y en cualquier parte del mundo es el ocio compulsivo. El hombre que no trabaja, que no hace nada, está las 24 horas pensando cómo entorpecer o fracturar el sistema»

El jerarca es categórico: «El hombre, después de una larga jornada de trabajo, un buen baño, unos mates, una ración de comida y a descansar, porque al otro día hay otra jornada para enfrentar».

Sobre la alimentación afirma sin vueltas: «En eso tenemos un debe. Tenemos que mejorar sensiblemente. Nosotros estamos dando raciones que andan por las 1200 ­ 1300 calorías diarias y esto es poca cosa. Los nutricionistas saben que estamos lejos de alcanzar las cerca de 3.000 calorías diarias que se necesitan para desempeñar una labor ruda».

Las ideas, las iniciativas, son muchas en las más diversas áreas. El jerarca transmite con entusiasmo otro proyecto todavía en pañales, en este caso planteado al Mvotma. Se está estudiando cómo sacar de los «cantegriles» donde viven a muchos de los que revistan en filas del personal penitenciario, con un plan de viviendas especial. Podría ser con base en viviendas básicas y evolutivas. Se involucraría el trabajo de los presos para hacer baldosas, bloques, ladrillos, aberturas… Siempre trabajando dentro de la formalidad, haciendo los aportes, para que la actividad no se transforme en una suerte de competencia desleal para quienes se desempeñan en eso en el sector privado.

Dentro de ese esquema de trabajo, se baraja la posibilidad de armar un taller de sastrería, hacer, por ejemplo, uniformes. Pereira explica que en las cárceles hay gente con mucha capacidad, con mucho conocimiento, que, por distintas circunstancias, fue a parar allí. Está convencido de que todo esfuerzo está justificado, para aprovechar esas potencialidades.

«Queremos incentivar fuertemente el taller mecánico para ver si logramos hacer un convenio y bajarle los costos al MSP en el mantenimiento de la flota del área metropolitana».

«Tuvimos una oferta de la Intendencia de Montevideo para podar 150 mil árboles pero hay que tener 80 o 90 presos en condiciones de salir y que los jueces autoricen eso. No es franquearles la puerta así como así».

 

Reglas de juego claras

«Hay un equipo técnico muy importante en el entorno del doctor José Díaz, la doctora María Noel Rodríguez es la asesora en temas carcelarios, y, por primera vez en este país, se van a hacer manuales de procedimiento para el policía penitenciario, para establecer, ante cada contingencia, cómo se debe actuar, acorde con la ley. Además se está implementando un manual de orientación para el propio interno. El preso va a saber cuáles son sus obligaciones, sus derechos y su forma de comportarse y, cuando comete faltas, a qué está sujeto», explica Pereira Cuadra.

Es difícil exagerar la importancia de que existan reglas claras, escritas, que apuntan a eliminar tanto la arbitrariedad como el favoritismo. Precisamente uno de los graves problemas históricos del sistema ha sido la discrecionalidad, muchas veces ámbito propicio para el desarrollo de prácticas corruptas. La aplicación de estas medidas de ordenamiento del sistema apoya fuertemente la implantación de una nueva filosofía. El jerarca avala claramente esta tesitura: «Hoy, según la ley Nº 14.470, existen varias autoridades carcelarias desde el punto de vista administrativo. La autoridad máxima es el director nacional (Julián Rodríguez), pero además hay 19 jefes de Policía que son autoridades carcelarias. Las cárceles departamentales se manejan con la ley y el criterio que aplica administrativamente el jefe de policía. Por primera vez en este país, con este gobierno y este ministro, las políticas que se apliquen a todos los internos serán iguales en todos lados».

Afirma que, mientras se elaboraran los manuales, «ya se están aplicando esos criterios y el gran corrector de todo esto, que orienta y critica frente al Poder Legislativo, es la figura del Comisionado Parlamentario (Álvaro Garcé). Es fundamental, una especie de ombudsman carcelario. Marca aquellas cuestiones que están mal hechas y hace recomendaciones. En el primer informe asentó 27 recomendaciones que deben considerar desde el MTOP, pasando por el parlamento y el MSP, hasta las sugerencias que hace al Ministerio del Interior».

Esto impacta en el sistema de cárceles, en sus funcionarios: «Por primera vez tienen un panorama mucho más claro en cuanto a competencias, deberes, derechos, obligaciones y a su vez el interno también sabe a qué atenerse desde que ingresa hasta que sale». *

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