La Columna de Sherlock

El chiche de Bracco

El ingeniero Fernando Bracco, presidente de Antel, se ha transformado en el centro de la atención política. Y no sólo por su famoso Plan Mercurio.

En la pasada semana fue a la comisión de Presupuesto, habló de todo y al finalizar la reunión cinco legisladores frenteamplistas se le fueron arriba.

Ese fue el comentario que escuchó Sherlock en el comedor del Palacio Legislativo. De inmediato, como no podía ser de otra manera, tomó la lupa, encendió la pipa y salió a investigar.

– ¿Qué pasó con Bracco?, preguntó el investigador a cuanta persona se le cruzaba. Y nada, ni una sola respuesta, hasta que en un momento dio con el funcionario indicado.

– Estimado amigo Sherlock, no piense siempre en el título, aquí no pasó nada, le dijo la fuente.

– El que resuelve el título soy yo, dijo Sherlock, visiblemente molesto por aquella impertinencia.

– Escuche tranquilo y por las piedras. Los diputados del FA que rodearon a Bracco fueron Doreen Ibarra, Lucía Topolansky, Silvana Charlone, Martín Ponce y Brun Canet.

– ¿Y para qué lo rodearon?

– Porque querían saber cómo hay que hacer para conseguir un celular igual al de Bracco, que parece que es una verdadera maravilla de la tecnología, ¿tá?

No hubo respuesta de Sherlock, sólo se quedó mirando el humo en aritos que salía de su propia boca.

 

«Superferreira»

–¿Leyó el libro de Juan Raúl Ferreira sobre el exilio y Wilson?, le preguntó una señora muy peinada en peluquería a Sherlock en el Mesón Español.

–Claro, ese que se llama «Con la patria en la valija», respondió el investigador.

¿Qué le pareció?, preguntó la dama, mientras disfrutaba de unas ancas de rana.

–Interesante, interesante, no entendí eso de que sólo era un «grupo» la Convergencia, pero no debe ser lo más importante. Lo que más me impactó es cómo este muchacho hizo todo solo, hasta podrámos llamarlo «Superferreira». ¿No?

Y lo otro que me dijeron es que no puso todos los países que visitó, ni a todos los dirigentes políticos internacionales con los que habló, comentó la señora que parecía dominar el tema.

¿Usted tiene la hoja de ruta de Ferreira chico en esos años?, repreguntó el investigador.

–Bueno, si quiere se la puedo conseguir.

Me interesa.

 

El enojo de Carbonell

¿Cómo explica que el consejero Jorge Carbonell esté tan enojado con los estudiantes?, preguntó el mozo de bar de la Ciudad Vieja a Sherlock, quien leía atento a la competencia.

–Vamos, no se haga, si usted pregunta es porque ya sabe, fue la respuesta del investigador que no sacaba la vista del horóscopo.

–Mire, el asunto es bien sencillo. La bronca es en primer lugar con Javier Bonilla, presidente del Codicen, que lo obligó a suspender una reunión que tenía con los estudiantes.

–¿Cómo?

–Sí, en la pasada semana Carbonell había arreglado un encuentro de diálogo con los dirigentes estudiantiles. Estos fueron y Carbonell no apareció.

–¿Por orden de Bonilla?

–Sí señor, está enojado con los estudiantes para disimular, pero la bronca es con su superior, dijo el mozo mientras atendía a otro parroquiano.

 

Batlle el neoforista

Aún quedan los ecos de la reunión en Juanicó del Foro Batllista, le aseguraron a Sherlock en el restaurante El Tronco de la ciudad de Canelones.

–Hay algo que nadie lo escribió y tampoco usted, dijo uno de los vecinos que comía conejo en escabeche.

Para qué, aquello fue como si le pusieran brasas en las plantas del pie a Sherlock, quien saltó de su asiento y se fue hasta la mesa del hombre.

–Cuente o cierre la boca para siempre, le dijo el investigador al vecino, mientras lo señalaba con la pipa.

–Tranquilo: un destacado miembro del equipo económico del actual gobierno dijo, palabras más, palabras menos, lo que sigue: «Todos esperábamos a un Batlle aplicando políticas de shock y no ha ocurrido, en estos primeros meses se está mostrando como muy gradualista. Yo diría que está aplicando el programa del Foro».

–El nombre.

–«Averigueux, usteux», dijo el parroquiano, quien pidió otra botella de vino Juanicó.

 

La cara de Jorge, el Presidente

El Presidente Jorge Batlle se movió con soltura en Asunción. Habló en francés, inglés y alemán, faltándole sólo el dominio del guaraní.

Durante su estadía en el Palacio de Gobierno, se conocieron algunas observaciones críticas del Banco Mundial para con la conducción económica de nuestro país.

Sherlock, que llegó un poco tarde porque había estado observando los hormigueros de tierra colorada de la Plaza Uruguay, se encontró con Batlle parado firme, con los ojos bien abiertos, casí como quien ve al diablo.

–Hay problemas, qué le pasa al Presidente?, dijo el investigador a uno de los colegas.

–Ni idea, pero la verdad que quedó duro y fue de golpe, fue el único comentario del colega.

Sherlock se arrimó un poco más y el asunto quedó clarito. Al Presidente lo estaba saludando el representante del Banco Mundial en Paraguay.

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