Caso Joao Goulart: ex administrador denunció al autor de su biografía
El Cóndor sobrevoló el jueves el departamento de Maldonado, donde se abrió una nueva instancia judicial que podría conducir al esclarecimiento de las circunstancias en que murió el derrocado presidente brasileño Joao Goulart, así como determinar responsabilidades en el presunto robo de parte de su fortuna.
Claudio Braga, ex administrador de los bienes que Goulart tenía en Argentina, presentó una denuncia penal por presunta difamación e injurias contra Enrique Foch Díaz, autor del libro «Joao Goulart, el crimen perfecto» y amigo personal del ex presidente brasileño.
La primera instancia se cumplió el jueves en la sede Penal de 4º Turno, a cargo de la magistrada Fanny Canessa, donde Foch había denunciado a Braga y al ingeniero Ivo Magalhaes como «autores del robo de acciones por veinte millones de dólares pertenecientes a una empresa controlada por Goulart».
LA REPUBLICA fue el único medio de comunicación presente. Braga declinó con amabilidad realizar cualquier tipo de declaración, porque según expresó «no voy a hacer lo que Foch ha hecho conmigo. Soy frenteamplista y tengo otros valores éticos y estéticos. Voy a aguardar lo que diga la Justicia».
El denunciante se presentó acompañado por el abogado Eduardo Albanell. De acuerdo a la información recabada, Braga se agravió por las acusaciones que contra su persona formuló Foch en el libro mencionado.
En cambio el denunciado no sólo habló, sino que subió la apuesta y denunció en la sede penal a «Braga, a Ivo Magalhaes y a la viuda de Goulart, María Thereza Fontenlla como partícipes necesarios en el asesinato del ex presidente y en la conspiración previa que la provocó».
Según dijo en su declaración «el crimen de Goulart se inscribe en el marco del Plan Cóndor, del que participaban militares brasileños que se oponían a cualquier salida negociada. El 21 de mayo de 1976 murió Carlos Lacerda; el 22 de agosto murió Juscelino Kubitschek; el 6 de diciembre le llegó el turno a Goulart. Los tres integraban un Frente Democrático que intentaba poner fin a la dictadura militar brasileña».
Agregó que «como lo demuestran los hechos, 1976 fue un año particularmente activo para los militares confabulados en ese plan. El 20 de mayo mataron a Zelmar Michelini y a Héctor Gutiérrez Ruiz y el 21 de setiembre asesinaron a Orlando Letelier en EEUU. Todos eran demócratas que luchaban por lograr el regreso de las democracias en Brasil, Uruguay y Chile».
Foch sostuvo en su declaración que «muchos y variados intereses coincidieron como para provocar la muerte de Goulart. Estaba el interés de los dictadores brasileños que lo querían fuera de carrera; estaba el interés de Braga y Magalhaes para quedarse con su fortuna y también el de María Thereza, ya que si hubiera muerto de forma natural no hubiera recibido nada de la herencia porque la separación de bienes está documentada, en cambio logró que los hijos le donaran el 33 por ciento de la fortuna que pudieron recuperar».
A la vez declaró que «tanto Braga como Magalhaes llegaron a Uruguay en calidad de asilados políticos junto a Goulart; el primero como ex diputado comunista, que incluso había estado preso, y el segundo como ex gobernador de Brasilia. Pero aquí se convirtieron en colaboradores de la dictadura. ¿Cómo se entiende si no que Braga viajara en forma permanente y sin ningún problema a Brasil y Argentina?», se preguntó. «En tanto que Magalhaes terminó participando como ingeniero en la construcción de la represa de Palmar», afirmó.
Además reiteró su denuncia contra una periodista del diario El País, «quien en 1982 le vendió al dueño de la revista Manchette de Brasil en 100.000 dólares los originales de un libro que hicimos juntos. También entregó todas las cintas grabadas que obtuvimos con los testigos en Uruguay y Argentina». El libro nunca fue publicado y según Foch «se vendió todo precisamente para eso, para nunca publicarlo y que no quedaran registros y pruebas».
Curiosamente varios testigos fallecieron de ataques al corazón. El último fue un piloto de Goulart, de apellido Rivero, quien sufrió un repentino infarto cuando estaba a bordo del barco que lo trasladaba a Uruguay para declarar como testigo de Foch. Sin embargo, éste aseguró que «tiene más testigos y documentos que oportunamente entregará en la sede».
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