"El coronel Cordero está en San Pablo"

–¿Qué opinión le merecen los avances registrados en varios países de Latinoamérica en materia de DDHH?

–Yo diría que en Uruguay sí hay avances; hay un ex presidente en prisión (Bordaberry) y un ex ministro de Relaciones Exteriores también en prisión (Blanco), y varios militares de alto rango también detenidos, estos son avances, pero no veo lo mismo en los otros países. Argentina avanzó un poco, Chile muy poco, y Brasil, absolutamente nada.

Tomando en cuenta eso realmente debemos expresar nuestro aplauso a Uruguay, que avanzó, y que realmente ese progreso tiene sustento en la opinión pública, que también es importante, porque no es solamente el fallo de la Justicia, sino que la resolución tiene correspondencia en la gente. Caminando por Montevideo se ve que la gente está feliz, porque por fin se empieza a hacer Justicia.

–¿A qué se debe que Uruguay haya avanzado en estos temas y los países vecinos no?

–Es muy importante que el pueblo uruguayo siguiera en la lucha, y en esa lucha, eligió un Presidente (Tabaré Vázquez) que de alguna manera tiene compromisos con tesis que contemplan los DDHH. Entonces, esa combinación compuesta por la conciencia del pueblo y un gobierno que se dispone a hacer algunas cosas, produce cambios en los Poderes Legislativo y Judicial, es una consecuencia lógica.

–Pero en la región predominan los gobiernos con apoyo popular y cierta tendencia de izquierda…

–Hay gobiernos con apoyo popular, pero no de izquierda. ¡¡No se puede decir que Kirchner o Lula sean de izquierda!! (se ríe). Más arriba por nuestra América, está Chile, que con una secuencia de gobiernos socialistas pero que no han avanzado en los temas de DDHH.

–¿Por qué Chile no ha podido avanzar?

–Creo que no hay una sensibilidad fuerte para poder ver lo que pasó. En Chile la Justicia ahora empieza a moverse. Se hizo necesario que el juez Baltasar Garzón, desde España, insistiera para que la Justicia chilena empezara a actuar.

Pero el tema es muy complicado, porque si un gobierno está más preocupado por el tema, a veces el Parlamento en su conjunto no lo está, o la Justicia marcha muy lentamente. Lo dijo de manera muy clara Mario Benedetti con la muerte de Pinochet: «La muerte le ha ganado a la Justicia», es una frase corta y simple pero de una profundidad inmensa, que nos plantea una interrogante enorme: ¿Por qué permitimos esto?… Porque en verdad nosotros lo permitimos.

–¿Qué consecuencias conlleva la demora de la Justicia?

–La impunidad se va consolidando, petrificando y eso es muy malo para todos los países.

–¿Cómo visualiza el futuro en la región en materia de DDHH y las acciones que tomarán los diferentes países?

 

–En Uruguay hay una vigilancia y una acción de las organizaciones de Derechos Humanos y de Familiares, que se muestran muy activas y muy conscientes, cosa que no ocurre en todos los países. Por ese motivo, creo que de aquí en más, en Uruguay las cosas comenzarán a marchar más rápidamente.

–¿Y en los demás países?

–La situación va muy claudicante. Por ejemplo, en mi país (Brasil), el tema no se mueve, y Lula ya lleva cuatro años de gobierno y nunca recibió a los familiares ni abre los archivos, y los desaparecidos comienzan a transformarse en olvidados.

–¿Qué opina sobre la situación del coronel (r) Manuel Cordero, prófugo de la Justicia uruguaya, actualmente en Brasil y requerido desde Argentina?

–Está en San Pablo. Actualmente hay un pedido de extradición desde Argentina, que está marchando muy lentamente, porque Cordero utiliza unos cuantos expedientes judiciales para retrasarlo.

Primero pidió refugio en Brasil, y mientras en Consejo Nacional de Refugiados no se expidiera, detiene el trámite de extradición.

Luego de que se le negara el refugio, se retomó el proceso, pero se interpuso un recurso y todo se detuvo otra vez.

Hoy sabemos que hay nuevo pedido de extradición desde Argentina que todavía no llegó a Brasil.

Yo mismo estuve en Buenos Aires dos veces para hablar con el juez Daniel Montenegro para pedirle agilizar el trámite, porque si no el expediente quedará parado nuevamente.

–¿Qué sensación le genera esta situación?

–Como brasileño, siento vergüenza de esto. ¿Cómo puede ser que un asesino esté en territorio brasileño, con total libertad y bajo la protección de las leyes brasileñas, mientras espera que la Justicia le habilite la extradición?

–¿Incide la muerte de Augusto Pinochet en los procesos que se están realizando o que se pretenden iniciar en la región?

–Las causas que están iniciadas en la Justicia, en las cuales Pinochet es reo, se cierran. Pero las otras causas que están circulando, que involucran a otros represores de América seguirán, y creo que los defensores de los DDHH tendremos un fuerte papel, para que los demás expedientes se definan más rápidamente.

–Para que no se repita lo que ocurrió con Pinochet…

–Sí. Para que otros reos de lesa humanidad de la región no mueran antes de ser juzgados, y, para que como dijo Benedetti, y la muerte acabe ganándole el juego la Justicia, otra vez, que es lo peor que podría pasar.

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