Aprobaron la "voluntad anticipada", norma que define derechos de pacientes terminales
José Luis Gallo (Asamblea Uruguay) inició, con serenidad doctoral, el informe del proyecto que incorpora la llamada «voluntad anticipada» al ordenamiento jurídico nacional, destacando que sus aspectos esenciales residen en los artículos 1º y 8º.
El artículo 1º establece: «Toda persona mayor de edad y psíquicamente apta, en forma voluntaria, consciente y libre, tiene derecho a oponerse a la aplicación de tratamiento y/o procedimientos médicos que le prolonguen su vida con dolor, angustia o daño, si se encontrase en el estado terminal de una enfermedad crónica, incurable o irreversible. Se exceptúa de lo anterior el derecho de los pacientes a recibir los cuidados paliativos que correspondieren. De igual forma podrá manifestar su voluntad en contrario a lo establecido en el inciso primero de este artículo, con lo que no será de aplicación en estos casos lo dispuesto en el artículo 8º de la presente ley». Y el artículo 8º dice: «En el caso que el paciente en estado terminal de una enfermedad crónica, incurable o irreversible no haya expresado su voluntad (…) la suspensión de los tratamientos o procedimientos (…) será una decisión fundada de su médico tratante, la que deberá ser avalada (…) por el cónyuge, concubino estable o familiar en primer grado de consanguinidad».
Presentado con el respaldo de todos los integrantes de la Comisión de Salud Pública y Asistencia Social de Diputados, nada hacía prever el extensísimo e intrincado debate que, poco después, caería caudaloso e incontenible sobre la sala.
A poco de comenzada su exposición, Gallo debió ser amparado por timbrazos y advertencias intimidatorios de la Mesa debido al barullo que provenía, debe decirse, del avispero en que se había convertido un conciliábulo entre el coordinador de la bancada oficialista, Aníbal Pereyra (Espacio 609), y varios legisladores blancos.
Surtió escaso efecto; las avispas siguieron con su zumbido desquiciante, al menos por un rato, y Gallo debió apelar a toda su experiencia y su patriarcal calma para cerrar el informe. Colmo de colmos, irrumpió Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista) toda de negro, portando luto por Peñarol, padecimiento futbolístico que yo no le conocía; y poco después, con una alegre despiste pintándole el rostro, Pablo Iturralde (Alianza Nacional) apareció y desapareció repetidamente, como por arte de birlibirloque, destacándose, ahora que lo pienso, como uno de esos hombres que hacen notar poco su ausencia (Martín Fierro lo habrá persuadido: «D’irse o quedarse lo mismo fastidea»).
Abundamientos académicos
Gallo aseguró que se reafirman tres conceptos fundamentales: la dignidad de la persona, el respeto a la autonomía de su voluntad y la salvaguarda de la responsabilidad de las partes.
El derecho a que alude el artículo 1º se consagrará previo consentimiento escrito, otorgado bajo firma, impresión dactilar por el titular y dos testigos mayores de edad, impresión dactilar por el titular y firma a ruego por parte de los dos testigos, o firma a ruego por parte de uno de ellos; esta última forma será para los casos en que no se configure ninguna de las otras. La voluntad anticipada podrá ser revocada por el titular y el diagnóstico del estado terminal deberá ser certificado por el médico tratante y ratificado por un segundo médico en la historia clínica del paciente. En todos los casos de suspensión de tratamiento el médico deberá comunicarlo a la Comisión de Bioética del Ministerio de Salud Pública. El médico tratante podrá plantear objeción de conciencia, en cuyo caso será admitida su subrogación. Finalmente, las instituciones públicas y privadas de prestación de servicios de salud deberán garantizar el cumplimiento de la voluntad anticipada del paciente, y proveer programas educativos para su personal y usuarios sobre los derechos que se estipulan en este proyecto.
A continuación, Miguel Asqueta (Alianza Nacional), también médico pero más joven, y con un tono erudito de última generación, todavía algo almidonada, abundó sin piedad sobre el proyecto, al punto que, más allá de la solidez de sus argumentos y de lo interesante de sus anécdotas clínicas, se vio a varios legisladores casi correr por la sala, cambiando sorprendentemente de lugar, al borde de un colapso nervioso; tal vez a ello, y no a la ausencia no llorada de Carlos Signorelli (ex Foro Batllista), se debió que tres diputados oficialistas ocuparan asientos en plena bancada colorada. Este hecho fue observado con pasmo por Roque Ramos (suplente, Nuevo Espacio), quien, paradito, quietito, morochito y medio aindiado, era la vívida imagen del hermano menor de Evo Morales (sin la coca).
Al borde de la eutanasia
Todo parecía dicho. Pero no.
Pablo Abdala (Herrerismo) hizo un discurso cuya contribución al esclarecimiento de algunos puntos a su juicio discutibles naufragó, irremediablemente, por su exceso de buena voluntad (además, los abogados, aunque jamás se callan porque pierden, son menos precisos que los médicos en estos temas): adelantó que aprobaría partes del proyecto, objetó otras y confesó tener algunas dudas éticas no resueltas.
Sergio Botana (Alianza Nacional), y ya con estilo de carabina a la espalda y sable en mano, e inmune a Asqueta, multiplicó las objeciones y cuestionó a la Comisión de Bioética aludida en el proyecto. Esto sacó de cierto letargo a Gallo, quien intentó responderle con paciencia de médico viejo e indulgencia criolla, recordándole que la propia Cámara de Diputados había creado una comisión de ese tipo ¡contando con el voto de Botana!
Ya fuera de control, Botana quiso seguir dando pelea, pero finalmente otro médico, Alvaro Vega (Espacio 609), le impuso la rendición (con clemencia, eso sí).
Vega se preguntó por qué todas las objeciones se relacionaban con familiares que supuestamente querrían matar a un ser querido, o con médicos interesados en asesinar pacientes: «¿Qué somos, Menguele? Yo creo que mi familia me quiere y a ella me encomendaré cuando llegue el momento. ¿Y los médicos? Ah, pueden recurrir a un curandero, claro, pero con esa lógica habría que ver si el brujo de la tribu no tiene también algún interés en pasarnos para el otro lado. No podemos analizar esto desde la maldad humana; al contrario, pensemos que el médico lo que quiere es salvarnos la vida». Capturado el interés de la sala, y con la mayoría de los diputados quietos, disciplinados, cerró con entusiasmo floridense: «En biología se aprende el ciclo esencial: uno nace, crece, se multiplica y muere; vida y muerte no son antagónicas sino complementarias. Antes, morir era más sencillo; por ejemplo, no había respiradores artificiales; ahora morir es más complejo por la tecnología, pero siempre se pone la vida en manos de otro. Por eso es necesaria esta ley, que, por otra parte, no obliga a nadie a nada». Algo dentro de mí agradeció profundamente al diputado Vega. Al margen de la validez de todas las opiniones, su intervención impidió que se perpetrase una eutanasia -aunque el proyecto no habla de ella- anoche mismo. Si el debate se perdía en el abundamiento, sería mi espíritu al que le quitaran el respirador.
El proyecto fue finalmente aprobado. No obstante, y a fin de hacer más clara su aplicación, se introdujeron algunas modificaciones y pequeños aditivos a los artículos 1º, 2º, 4º y 8º, aunque sin cambiar su esencia ya detallada. *
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