"El archivo de los requeridos políticos no existe más: todos los ciudadanos son iguales"
—¿Cómo llega a este cargo?
–Ingresé como agente de segunda en 1967. He trabajado casi 30 años en el Ministerio del Interior en diferentes oficinas. Los dos últimos fueron de subdirectora del Departamento de Secretaría General y después directora del Departamento de Personal, que tiene jurisdicción nacional. Después de eso me ofrecieron la Subdirección de Identificación Civil. Trabajé con el inspector principal Adi Córdoba, lo que fue un privilegio. Asumí al frente de la Dirección de Identificación Civil, el 1º de febrero de 1999, cuando el inspector Adi Córdoba pasó a retiro.
–Como agente de segunda, ¿dónde trabajó?
–Siempre en el Ministerio. En los departamentos de Personal, Jurídico, en Relaciones Públicas, fui secretaria del director general, después pasé al Departamento de Secretaría General en calidad de subdirectora y finalmente como directora del Departamento de Personal. La experiencia más linda que tuve fue la del Departamento de Personal.
–¿Qué se hace en el Departamento de Personal?
–Tiene a su cargo los ascensos y los retiros de la oficialidad de todo el país de todos los subescalafones. Más allá del control de todo el personal del Ministerio, que en este momento debe de estar en el entorno de los 700 funcionarios. También las resoluciones de pases en comisión, de cesantías, de bajas. Es un trabajo netamente administrativo, pero en el que hay un gran contacto con la problemática de la gente. Nuestra responsabilidad es buscar soluciones, cuidando que las cosas se mantengan dentro de los reglamentos vigentes, de las órdenes.
–¿Qué tipo de problemas se planteaban?
–Siempre tuve una cualidad muy especial, por algo me dijeron que yo tenía un consultorio, porque todo el mundo me venía a contar sus problemas, incluso personales. La gente conmigo tuvo claro que si me planteaban un problema real, que era cierto, aunque un funcionario de excelente trayectoria me dijera que había llegado tarde porque se había dormido, yo siempre le respondí. El que miente reiteradamente es el que no tiene disculpas.
–¿Ha cambiado el funcionario en los últimos treinta años?
—La problemática humana no cambia, sigue siendo la misma. Lamentablemente la problemática económica sigue igual. En términos generales es gente humilde, bien dispuesta y que si tiene un jefe que comprenda, que respalde, que apoye y que trabaje a la par de los funcionarios, éstos le responden maravillosamente en todos lados. En Identificación Civil el personal me enorgullece mucho porque es profesional, es sacrificado, está capacitado y realmente pone lo mejor de sí. Algunas veces se sienten no valorados en su justa medida, pero yo los valoro porque sin ellos ningún director puede hacer nada.
–A usted se le nota, de entrada, que tiene capacidad de líder. ¿De dónde sacó esas condiciones? ¿De su madre, de su padre?
—No, no sé (se ríe). De repente porque soy madre o porque los problemas confluyen en mí y uno se acostumbra a resolverlos. No sé, puede ser una vocación de tratar de entender a la gente y de tratar de ayudarla. Eso no significa que uno no se equivoque y son las equivocaciones las que a uno le van enseñando. Lo bueno es aprender, sin limitaciones. No importa si el que me enseña a mí es un agente de segunda o si es una persona humilde. Uno tiene que tener humildad para aprender de cualquier persona. No hace mucho me dijeron que «no hay que preocuparse por los problemas, hay que ocuparse de los problemas». Esto uno lo sabe subconscientemente, pero cuando se lo dicen reacciona y se da cuenta que es cierto, que no se puede estar preocupada todo el tiempo. De esta forma se aprende a ser más contemplativo con los demás, a juzgar de manera menos implacable, a darse cuenta que no se puede juzgar, que no se puede ser demasiado severo en la vida. A la gente hay que darle tiempo y oportunidades
–Las décadas del 60 y del 70 fueron años de fractura en el país. ¿Cómo afrontó esa realidad?
–Lo afronté con un espíritu netamente profesional, partiendo de la base de que tengo una función que cumplir y la tengo que cumplir de la mejor manera y tengo que tratar de ser leal a mi superior. Independientemente del bando político o de quien se trate. Yo tengo un principio de lealtad hacia mi superior y una tarea que cumplir. Trato de hacerla de la mejor forma posible. Esa fue la forma en que sobrellevé esa etapa. Tuve sanciones en ese momento. Además yo soy bastante contestataria.
–¿Usted soporta a los funcionarios contestatarios?
–Sí. Yo soy bastante contestataria, los superiores lo saben, pero en esa época de fractura, como usted le dice, yo tuve alguna sanción pero jamás fue por la falta de respeto. Si el superior sabe que uno es leal y cuando le dice que algo no se puede hacer o que no está bien, y lo dice con honestidad y con conocimiento de lo que está haciendo, el superior lo acepta. No creo que a ningún superior le sea grato tener subalternos que a todo le dicen «sí señor, sí señor», aunque las cosas estén mal. Eso, en definitiva, no es ser leal. De pronto por la forma en que yo digo las cosas es lo que me coloca en una posición más contestataria. Pero mi estilo no es faltarle el respeto a nadie.
–¿Por qué la sancionaron?
(Medita, mira hacia el techo, enciende un Kent) –Me sancionaron por llamarle la atención a un oficial sin percatarme que había personal subalterno presente. Eso no se puede hacer. El oficial fue sancionado, pero yo también. Sabemos que esto está dentro de las reglas de juego: estamos en un instituto jerarquizado, de mando vertical. Es así, uno a veces se equivoca. Y con los años se aprende.
–¿Ahora cuenta hasta diez?
–Ahora trato de contar hasta diez (se ríe) y la gente que me rodea –acá hay un equipo excepcional– me frena, me pide que me tranquilice.
–Esta nueva etapa democrática ¿ha cambiado el Instituto Policial, el Ministerio?
—Creo que ha cambiado mucho y para bien. El agente de segunda que ingresa actualmente todavía no es personal que tenga demasiado estudio, que esté preparado. Es que los sueldos nuestros son muy bajos y por lógica quien tiene determinada capacitación busca otras vías de desarrollo personal. Pero se sigue buscando profesionalizar la Policía y en este sentido el ministro Stirling está haciendo una gran tarea. Y acá, en la Dirección, se hacen cursos y seminarios de capacitación para el personal. Se busca aggiornar continuamente al personal para que esté a tono con la época que vivimos.
–Volviendo atrás, ¿qué aprendió con el inspector Adi Córdoba?
—En principio todo lo que tiene que ver con Identificación. Esta es una Dirección muy compleja y especial, con características muy técnicas. De modo que yo vine acá a aprender humildemente. Es compleja porque estamos hablando de la identificación de las personas y eso requiere una capacitación muy especial en materia de documentación y dactiloscopía. Trabajamos con la gente, con un público muy variado. Por eso hay que enfatizar en el tema de relaciones públicas. Los uruguayos hacemos colas en todos lados, pero en Identificación Civil la gente espera ser atendida mucho más rápidamente. Si tiene que esperar un rato más se molesta. Y eso que acá no hay un solo funcionario que esté perdiendo el tiempo. Además tenemos 27 oficinas en el interior, donde también aprendí mucho.
El personal hace cosas increíbles, como reciclar toda una oficina –pintando, reciclando muebles, haciendo trabajos de carpintería– y lo hacen porque ellos quieren, por su propia vo
luntad, porque la oficina lo necesita. Esto lo han hecho de noche, sábados y domingos.
En Montevideo estamos trabajando en la mudanza de dos de nuestros archivos de legajos, tarea que realizan los funcionarios administrativos, en una labor que va mucho más de su propa función.
–Hay más mujeres que hombres en Identificación Civil?
— No, lo que pasa es que las mujeres siempre se ven más.
–¿Ayuda el talante de la mujer?
—Muchísimo. Las mujeres son muy profesionales para trabajar. Son responsables, aun cuando la mujer tiene varios roles que cumplir. Parece que es más sencillo que si el nene se enferma falte mamá al trabajo y no papá. Papá no deja el trabajo.
–¿Usted es feminista?
–Para nada.
–¿Por qué?
—No creo que haya necesidad de ser feminista. Creo que todos somos seres humanos, independientemente del género y del sexo y tenemos los mismos derechos. Nada más. Yo no he sido víctima, nunca, de ningún tipo de discriminación por mi sexo. Yo no permitiría que pasara eso acá.
–El público ve las cosas de un lado del mostrador y usted del otro. ¿Qué se hace detrás del mostrador cuando estamos sacando la Cédula de Identidad?
–Hay que chequear las huelas digitales, la documentación. Cuando usted viene a renovar el documento, cuando reserva su audiencia, lo primero que hacemos es pedir el legajo al archivo. Su legajo contiene la partida de nacimiento y contiene información de todas las veces que usted antes renovó el documento. Con eso se prepara, antes de que usted venga, la hoja de actualización de afiliación. Cuando viene le volvemos a preguntar el domicilio, para ver si cambió o no, se chequean los datos con los que están en el legajo, se le vuelve a tomar la impresión y esa impresión es confrontada con la que nosotros tenemos en el legajo. Si usted viene y me dice que es el señor Legnani, yo no debo confundirlo con ningún otro Legnani, ni con Juan Pérez. Hoy en día la base de datos está computarizada. Yo le debo dar el documento que le corresponde a usted.
–¿También están computarizadas las huellas digitales?
—No, lamentablemente no. Tenemos un convenio con la Facultad de Ingeniería que está trabajando, desde hace mucho tiempo, lo más aparecido a un Afis, que es un sistema automatizado de identificación de huella dactilares. Hasta ahora no hemos podido tener eso porque los costos son millonarios en dólares. Hasta el día de hoy nuestros técnicos dactilóscopos hacen la clasificación y la confrontación visual. Eso supone un gran desgaste. Además en este momento ya tenemos pocos técnicos. Sepa que tenemos cinco millones de fichas, cinco millones de personas metidas en nuestro banco de datos. Incluidos muertos. En este momento estamos en muy buenas tratativas con el Registro Civil para conseguir que nos empiecen a mandar todos los fallecimientos con el fin de hacer una depuración del banco de datos. Depuración que también requiere personal. Pero la base de datos ya la tenemos conectada a la oficina de Rivera y de Canelones. En estos días conectaremos la de Maldonado y la idea en un futuro es llegar a las 27 oficinas e informatizar todo el sistema de expedición de cédulas. De la misma manera que lo hacemos con los pasaportes.
–¿Qué garantías hay de que no se falsifiquen las cédulas?
–Garantías nunca hay. Documento inviolable no existe. Sabemos que se han falsificado documentos de alta seguridad de otros países. Nosotros procuramos poner obstáculos permanentemente y uno de ellos son las seguridades que contienen la propia cédula o el pasaporte. La cédula tiene en sí misma, tanto la hoja interior como el plástico y la foto, diferentes elementos de seguridad que dificultan mucho la falsificación y que si se produce hace que la detectemos de inmediato. Cada uno de esos elementos integrantes de la cédula los manejamos como valores, de tal modo que los controles internos que tenemos son muy férreos y al final de cada día se controla y se verifica que se corresponda la cantidad de números vendidos con la cantidad de hojas utilizadas, de plásticos, de fotos, además de tener todo en caja fuerte.
–¿Está prohibido plastificar la cédula en un local comercial?
—Es cierto.
—Lo que genera bastantes problemas a los ciudadanos comunes, cuando se despega el plástico.
(Se ríe)–Me imagino. El plástico de la cédula contiene elementos de seguridad. El replastificado altera esas seguridades, de modo que la persona que replastifica la cédula corre el riesgo de ser detenido en frontera o ante cualquier transacción, ante la duda de que la cédula es falsa.
–Puede pasar que una persona pierda la cédula al mediodía y necesite presentarla a la dos de la tarde del mismo día. ¿Qué salida tiene?
—Viene a identificación con el número de la cédula y por el Departamento Técnico se corrobora si el número de cédula y el nombre se corresponden con las impresiones dactilares. En este caso se le entrega un certificado de titularidad, para que salga del paso momentáneamente hasta que consiga audiencia. También, nosotros, por medio del Departamento Técnico, identificamos delincuentes que quieren aparecer como primarios y por eso se niegan a dar su identidad. Va un técnico nuestro, se toman las impresiones y se lo identifica. Esto también pasa con accidentados, con fallecidos en la vía pública.
–Se me ha dicho que hay 400 mil personas que no tienen cédula de identidad. ¿Es así?
—No sé si son 400 mil, pero deben de andar cerca. Son cifras estimativas, con base en proyecciones. No me atrevería a dar cifras, pero es una cifra importante que a nosotros nos preocupa mucho.
—Si bien hay muchos menores en esa población, ¿podemos decir que hay más de 200 mil uruguayos que están por fuera del sistema económico y legal del país?
–Exactamente.
–Es gente que no necesita hacer trámites, que está por fuera del Estado y de la actividad privada. ¿Eso es grave?
–Sí. Hablamos de gente de recursos económicos muy bajos, mucha gente de zonas rurales alejadas y hablamos de la ignorancia que tienen sobre la importancia que reviste la identificación.
Desde hace dos años esta Dirección tiene instrumentado un plan de equipos móviles a nivel nacional, que los sábados y los domingos va a los lugares más alejados y remotos del país a expedir cédulas. También se atienden casos de discapacitados, personas internadas en centros hospitalarios y hogares de ancianos.
–Pero aparte no sienten la necesidad de tener una identidad a los efectos legales, son una especie de marginados.
–Evidentemente, eso es lo llamativo. Por eso la Ley de Urgencia establece que a partir de los 45 días de vida, se tenga que obtener la cédula de identidad. Con esto se presume que se les va a exigir la cédula al ingresar a Primaria. Nosotros estamos integrando una comisión a nivel del Ministerio de Educación y Cultura en la que se está trabajando para identificar a los niños desde el nacimiento. Vamos a poner un puesto en el Hospital Pereira Rossell, para identificar a los niños antes de que sean dados de alta.
–Para impedir el tráfico de niños…
–Sí, sin duda. Esa es gente muy humilde que después escapa al sistema y eso que la cédula nuestra es la de más bajo costo. Un trámite común cuesta 52 pesos. También hay mucha gente que no está anotada en el Registro Civil y esto se está corrigiendo con un puesto fijo en el Pereira Rossell. Tenemos, a la vez, muchos niños en situación de calle. Hay
niños que llegan al Iname sin haber sido identificados nunca, lo que muchas veces hace imposible saber quiénes son los padres.
–¿Es obligatorio portar la cédula?
–Y… es obligatorio…
–¿Es obligatorio o recomendable?
–Sí, más que nada es recomendable. Andando con la cédula se pueden evitar problemas. En caso de un procedimiento policial, quien no tenga la cédula será llevado a la Seccional para ser identificado.
Eso no lo convierte en un delincuente, pero le crea un trastorno.
–Si va un delincuente a sacar una cédula, ¿ustedes lo descubren?
—Si la persona pretende usurpar otra identidad, la descubrimos. Si se presenta con una inscripción tardía de nacimiento, siendo ya adulto, que presenta testigos y da una identidad falsa, también podemos descubrirlo, porque esos casos no se dan con los uruguayos, se dan con extranjeros. Hasta ahora los hemos venido descubriendo. Y si es un delincuente que está requerido, también lo vamos a detectar porque nosotros manejamos la lista de requeridos.
–Durante la dictadura hubo un archivo político de requeridos. ¿Existe?
–No existe más.
–¿Dónde está?
–No, no sé. Acá todos los ciudadanos son iguales.
Compartí tu opinión con toda la comunidad