Su acción permitirá identificar uno de los restos encontrados en Rocha en 1976

Sepulturero de Castillos revela cómo preservó el cuerpo de La Esmeralda

Cumplir la función que se le designe ha sido desde siempre su cometido, sin importar quién es el intendente de turno o cualquier otra situación, y así lo testimonian los vecinos de Castillos que lo identifican concretamente como «un funcionario ejemplar».

No habla de política, pero a nadie escapa su simpatía nacionalista y particularmente su apoyo al actual intendente Irineu Riet Correa.

Cuando se apela a su memoria, el hombre recuerda la década del ’70, señalando que si bien «a mí no me molestaron», sabía que «mucho no se podía hablar».

Bobadilla aprendió hace mucho los detalles del trabajo de sepulturero, entendiendo el dolor ajeno y hasta muchas veces solidarizándose con él.

Es por eso que no podía entender cómo un cuerpo fuera enterrado sólo por los sepultureros, sin el llanto de una madre, un hijo o una esposa…

Quizá fue esa la razón por la cual desde la llegada de la camioneta policial con el cadáver hallado en el balneario rochense de La Esmeralda cuidó celosamente de él durante 24 años.

Después de la reducción, en 1993, colocó la bolsa con los restos en un lugar donde hasta hace algunos días, sólo él sabía, y la entregó, después de recibir sendas resoluciones del intendente y de la secretaria de la Junta Local.

La semana pasada el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) difundió un estudio forense primario sobre el cuerpo que determinó como causa de muerte «politraumatismos gravísimos por precipitación».

Los restos además presentaban múltiples fracturas y el cráneo destrozado, lo que dificultó su reconstrucción.

El examen confirmó que se trataba de un individuo de «raza blanca», probablemente castaño o rubio, de complexión fuerte, y de 1.70 m de estatura.

Comentando que siempre tuvo la convicción de que «algún día se iba a saber», Bobadilla espera ansioso que se logre determinar la identidad, y manifiesta que se sentiría complacido si conoce a la familia del hombre cuyo cadáver cuidó por más de 24 años.

Romper el silencio

Bobadilla nunca reveló su identidad. Aportó valiosísima información para la productora castillense Femsa, la que realizó un documental sobre el tema que logró un Tabaré de Plata de LA REPUBLICA en el año 1998, pero con la promesa de que no fuera revelada su identidad.

Los periodistas cumplieron y su nombre no fue revelado ni a las autoridades del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj).

Ayer por la mañana, en el programa periodístico Días de Radio, de Canal 8, Alejandro Presa y Pablo Quintana estaban contando detalles del documental, realzaron la figura del funcionario por el acto realizado y el importante logro al que arribaron, pero señalaron –una vez más– que no tenían la autorización para revelar el nombre de la persona en cuestión.

En ese momento, Bobadilla se comunicó en forma telefónica con los estudios del canal y se identificó como «el funcionario del que están hablando».

Acto seguido señaló que estaba dispuesto a «revelar detalles de un silencio de 24 años».

Bobadilla manifiesta haber sentido un sentimiento especial con ese cuerpo, lo que explica la forma en que cuidó de él.

Cuenta que en varias oportunidades, cuando se encontraba realizando tareas de limpieza recogía alguna flor que estuviera caída y la depositaba en la tumba de ese NN que –hasta ahora– es considerado por el funcionario como especial.

Al mismo tiempo, desde el canal de televisión local se lanzó una propuesta a las autoridades municipales para que le sean costeados los gastos y Bobadilla pueda participar del sepelio, junto a los familiares, el día en que se conozca la identidad.

El sepulturero señala que le gustaría ya que esperó este momento por mucho tiempo y concluye señalando «pero si es chino, no creo que iría», recordando las versiones de la época que intentaban preservar los operativos de tortura y desaparición en ambas márgenes del Plata.

En el propio cementerio, ayer a la tarde, Mario Bobadilla recibió a LA REPUBLICA para contar su historia:

–Usted recuerda cuando trajeron el cadáver, ¿qué retiene de ese momento?

–Recuerdo bien el día en que lo trajeron. Creo que lo trajo la Policía de Castillos. Se identificaba bien, estaba entero el cuerpo.

Tenía unos picotones de pescados o de aves en una pierna pero por lo demás estaba entero.

–¿Qué pasó en los días siguientes a la sepultura?

–Venía la Policía y venía el médico forense, el doctor Katz en ese momento. Se abría el cajón, se sacaba el cuerpo, le volvía a dar sepultura, lo volvían a abrir y así…

Los últimos que estuvieron fueron los de técnica, que fueron los que le cortaron las falanges de los dedos.

–¿A partir de entonces el cuerpo no se tocó más?

–Después de eso no se tocó más. Incluso quiero aclarar que a mí nadie me dio órdenes de qué tenía que hacer con el cuerpo, nadie me dijo guárdelo o tírelo.

Simplemente le di sepultura, le puse la chapa que lleva el cajón, como a cualquier otra persona. En los últimos tiempos, por razones de seguridad, lo tuve en un lugar donde sólo yo sabía dónde estaba….

–¿En qué año se hizo la reducción de restos?

–En 1993. Estaba en un nicho municipal y luego de la reducción lo pasé al osario. Ahí empezaron otras investigaciones y cosas y ahí fue donde yo lo escondí.

–¿Por qué?

–Por precaución. Era un poco celoso con ese cuerpo o más bien yo me sentía responsable de él.

–Usted no lo consideró sólo un montón de huesos.

–No, porque era un ser humano. Detrás de él podría estar una madre, un padre, un hijo o un hermano sufriendo y eso era lo que me llevaba a tener tanto celo con eso.

–¿En algún momento vinieron a preguntarle algo, si usted sabía algo?

–Sí, preguntas se me hicieron siempre, las preguntas que me está haciendo ahora y todo eso.

–En ese momento, ¿usted tenía idea de lo que podía haber pasado con ese cadáver?

–No, no daba para opinar nada.

Había varias opiniones diferentes. Justamente, en el tiempo de la dictadura, comentarios sobraron.

–¿Cómo vivió personalmente esos años?

–Yo qué sé, trataba de cumplir con mis funciones sin interesar quién fuera el gobernante. Ahora, yo no sé cómo explicar, me sentiría orgulloso de que se llegara a buen fin y que hoy o mañana llegara a conocer a los familiares.

–¿Qué pensaba sobre las versiones que decían que eran asiáticos, por ejemplo?

–Sí, había muchas versiones. Claro, uno se hacía mil conjeturas, pero había que cerrar un poco la boca, observar y agachar la cabeza.

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