La oposición cuestionó la forma, conveniencia y oportunidad del proyecto

Definitivo: el Plenario de Diputados aprobó el Parlamento del Mercosur

Debido a que la sesión se inició mucho después de la hora fijada -porque el tema anterior se extendió más de lo previsto- Jaime Trobo (Herrerismo), con énfasis un tanto excesivo y algunos de sus pocos cabellos erizados, exigió que se ajustase el tratamiento de la cuestión al reglamento, dejando entrever, sonriendo de costado, que se estaba actuando fuera de la norma.

Curiosamente, José Carlos Cardoso (Herrerismo), con voz serena, casi cariñosa, extraña en él, declaró su desacuerdo con Trobo. A su juicio, la demora fue una consecuencia no querida y nada más, pero en el espíritu de todos estaba tratar el tema central. Si bien llegó a sospecharse una inesperada escisión en el sector que lidera el Cuqui, todo se fue a barajas enseguida por la seguidilla impresionante de intervenciones de diverso calibre y extensión, que culminaron con una moción de orden de los blancos proponiendo postergar el debate.

 

Primer debate caliente

Hay que aclarar que este fue un preliminar, en el cual se mezcló, por momentos de modo carnavalesco, el tema del litigio con Argentina por las papeleras.

Silvana Charlone (independiente Frente Amplio), luciendo una floreada blusa que hacía juego con sus encendidas mejillas, declaró no recordar «que alguna vez alguien hubiese hecho cuestión por el atraso en la hora de una sesión»; Pablo Iturralde (Alianza Nacional) hizo una críptica declamación: «La situación nos aleja de la debida sensibilidad con que hay que tratar estos temas»; Daniel Peña (Alianza Nacional), con un trueno saliendo de un caño en lugar de voz, incurrió en repeticiones; Washington Abdala (Foro Batllista) recordó enigmáticamente que el lío de las papeleras «ya ha llegado a Tinelli» y pidió que el gobierno convocase al embajador en Argentina, cerrando con una alusión psicoanalítica: «La asamblea de Gualeguaychú está loca»; Gonzalo Novales y Javier García (Alianza Nacional) también discurrieron, aunque con tono más dramático, sobre repeticiones; Carlos Signorelli (Foro Batllista) llegó a plantear un boicot a productos argentinos, lo que motivó que algún legislador le preguntara si habría que incluir el Mantecol; Daniel Mañana (Alianza Nacional) tuvo un rapto de sinceridad, angustiado por el bullicio que le caía encima: «Me dirijo a usted, presidente, y ni usted me hace caso»(injusta acusación a Pablo Pérez, anoche presidiendo la Mesa, quien con exquisita sensibilidad mandó una vuelta a la nutrida bancada de prensa); Alvaro Vega (Espacio 609) precisó que se estaba tratando el tema central de costado  de refilón, se decía antes- y trató de calmar ánimos: «No estamos en guerra con Argentina y eso no tiene nada que ver con el Parlamento del Mercosur»; Remo Monzeglio (Alianza Nacional) se preocupó, aun sin Puglia, del turismo «que ha bancado todo en silencio»; Rodrigo Goñi (Alianza Nacional) retomó el tono ominoso: «A Argentina sólo le falta agredirnos por las armas»; Carlos Enciso (Correntada Wilsonista) multiplicó repeticiones anteriores con registro vocal erecto; Charlone reapareció, siempre floreciente, para corregir ajenos errores de información y Jorge Pozzi (Nuevo Espacio) admitió que «todos estamos sensibilizados por lo que ocurre en Fray Bentos».

Al final, la moción blanca fue rechazada, pero el debate generó hechos conmovedores: alguien (con pinta de Miguel Strogoff, correo del zar) le arrimó termo y mate a Charlone; el diputado oficialista Melgarejo distrajo con una camisa amarillo fervoroso, tipo baliza de camaronero japonés, y Víctor Semproni (Claveles Rojos) y Carlos Gamou (Espacio 609) durmieron un ratito. (En realidad, Semproni durmió dos ratitos, pero es malla oro).

 

El debate principal

María Eloísa Moreira (Asamblea Uruguay) informó sobre el proyecto de ley de constitución del Parlamento del Mercosur. Lo hizo leyendo con una voz temblorosa, casi quebrada (como la que impostaba Isolina Núñez en los viejos radioteatros), producto de cierto nerviosismo que le causó la responsabilidad asumida.

Destacó que el artículo 1º determina la constitución del Parlamento del Mercosur como órgano de representación de sus pueblos, independiente y autónomo, que integrará la estructura institucional del bloque. Estará integrado por representantes electos por sufragio universal, directo y secreto, de acuerdo con la legislación de cada Estado y las disposiciones del Protocolo a aprobarse.

Entre sus propósitos está contribuir a consolidar la integración latinoamericana, representar a los pueblos, respetando su pluralidad ideológica y política y garantizar la participación de los actores de la sociedad civil; será, además, el órgano que se expedirá sobre la adhesión de nuevos Estados parte.

El Parlamento contará con una Mesa Directiva, encargada de la conducción de trabajos legislativos y servicios administrativos, y con comisiones permanentes y temporarias; en la primera etapa de transición estará integrado por dieciocho parlamentarios por cada Estado parte. Se reunirá en sesión ordinaria al menos una vez al mes y podrá ser convocado a sesiones extraordinarias. Su sede estará en Montevideo.

A continuación se produjo un error de la Mesa. Debía hablar Trobo, como informante por la minoría, pero el presidente le dio la palabra a Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609). Rápidamente (menos mal, porque Trobo estaba más recalentado que esquimal en el Sahara) fue enmendada la cosa y se le abrió el micrófono al herrerista airado, que lo tomó y no lo soltó por un interminable rato, hasta que concluyó una exposición tan estirada como trompa de elefante viejo.

Sintéticamente dijo que la oposición no votaría este proyecto por razones de forma, de conveniencia y de oportunidad. En su opinión, «Uruguay cede trozos de soberanía y de su capacidad para autodeterminarse»; en este parlamento «se va a licuar la independencia uruguaya», estremecedora advertencia que fundó en la fragilidad del Mercosur, advirtiendo, a grito destemplado, de las consecuencias que recaerán sobre nuestro país. Dijo, luego, que «el parlamento del Mercosur no es un parlamento, sino un órgano asesor, que da consejos y no tiene facultades legislativas». Por tanto, añadió, casi en una pataleta (aunque nadie entendió por qué se enojaba tanto con algo que, en realidad, no era): «Es una novelería, una frivolidad llamarlo parlamento».

Durante esta exposición, quien echó un sueñito reparador, brevemente, y aunque le sacudía los rulos la verba arrolladora y estridente de su correligionario, fue José Carlos Cardoso. Se despertó enseguida pero no pudo contener varios cabezazos, lo que, en su caso, es mucho decir.

La lista de oradores se dilató tanto que hizo estéril cualquier esfuerzo acerca de una simple enumeración. Por momentos la sala cambiaba su estatus poblacional, quizás en relación directa con el aburrimiento o el cansancio que iba ganando hasta a los más pintados (no Enrique, que no estaba). Al final, el proyecto se hizo ley gracias a los votos de la mayoría oficialista.

 

Otro impuesto

Durante la primera parte de esta sesión extraordinaria fue aprobado un adicional de 5% al impuesto a las Transmisiones Patrimoniales, cuando se trate de inmuebles rurales. La recaudación se destinará al Instituto Nacional de Colonización, con una distribución muy precisa: 90% para adquisición de tierras y 10% para apoyar la gestión inicial y el posicionamiento de las colonias creadas.

El proyecto fue informado con voz austera pero persuasiva por Héctor Tajam (Espacio 609), quien dijo que este impuesto será pagado por quienes compran tierras o se benefician de ellas por cesión, promesa o prescripción. El obje
tivo es mantener a los productores y a sus familias en los campos, reducir la extranjerización de la tierra y enfrentar en mejores condiciones las explotaciones intensivas que amenazan a la familia rural. Este adicional dejará de aplicarse una vez que rija la Reforma Tributaria.

José Carlos Cardoso (Herrerismo), Washington Abdala (Foro Batllista), José Amorín (Lista 15) e Iván Posada (Partido Independiente), entre otros, se pusieron como locos.

Cuestionaron la creación de un nuevo impuesto, cuando se había dicho que no habría más, y el reducido tiempo de su aplicación, teniendo en cuenta que la Reforma Tributaria entrará a regir el 1º de enero de 2007.

Pero, de pronto, echaron un manto de duda sobre la fecha; por eso alguien gritó: «Â¡Si el Senado o el gobierno van a cambiarla, y tirarla para más adelante, díganlo, nomás!».

Algunos miraron hacia arriba porque creyeron ver sobrevolando, justo ahí, la sombra del Z, omnipresente, con su advertencia del otro día a cuestas. Pero no, fue una ilusión.

Y Tajam, con pasta criolla que suelen dar el campo o el boliche suburbano, muy a lo Martín Fierro, les espetó: «¿Es que no entienden? ¿O no escucharon? Nadie de nosotros puede decir qué va a hacer el Senado o el Poder Ejecutivo. Este impuesto dejará de aplicarse cuando la Reforma Tributaria esté vigente».

La oposición no quedó conforme, sino más bien escaldada. Es que, aun creyendo tener la razón, sabe que perderá siempre con la mayoría. Y entonces la garra esa sensación tan rara, que, ¡vaya curiosidad!, precisamente Martín Fierro definió hace tiempo: «D’irse o quedarse lo mismo fastidea». *

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