ENTREVISTA: DOCTOR LUIS ALBERTO LACALLE, (EX PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, LIDER DEL HERRERISMO)

Lacalle: "La reelección es un veneno para la democracia"

–Doctor Lacalle, usted ha reaparecido muy fuerte en el escenario político, con una propuesta que –me corregirá si me equivoco– sonaba arriesgada y que finalmente desechó el directorio de su propio partido. ¿Qué valoración hace de lo ocurrido?

 

–Todo parte de una opinión que yo emití por escrito en el semanario «Patria», a raíz del intercambio, que después resultó más simbólico que real, del ministro Brovetto con el presidente del directorio blanco, Jorge Larrañaga. Pareció abrirse una oportunidad de análisis y de retomar el camino perdido en 2005. Haciendo todas las precautelas necesarias yo sostuve que, si el gobierno volvía sobre sus pasos y reconsideraba los errores que cometió en 2005, no había que dejar pasar la oportunidad. Es decir, lo que hice fue ratificar lo que a mi juicio son cien años de historia del Partido Nacional, partido que por estar noventa y tres años en la oposición le fue arrancando al otro partido, que estuvo ese tiempo en el gobierno, negociando con él, posiciones de contralor del poder, que es una de las características de un gobierno democrático. Ni más ni menos. Si hubiera sido –que resultó no ser así– un replanteo de lo de 2005 yo era partidario de no dejarlo pasar. Punto. Creo que está suficientemente clara mi opinión.

 

–Está bien, pero se dieron algunas nuevas instancias. El directorio de su partido ratificó su posición de no dialogar, pero, paralelamente, a pocas horas de diferencia, aparece una convocatoria del Presidente de la República, a través del ministro Brovetto, para rearmar un diálogo de líderes políticos…

 

–…no, no. No creo que sea esa la lectura, con todo respeto. El Frente ha descartado lo de los entes autónomos y el Partido Nacional también, por lo tanto eso es un capítulo cerrado. Lo que el Frente plantea es, primero –y en forma independiente– lo de la Fiscalía de Corte, y segundo  también en forma independiente– Corte Electoral y Tribunal de Cuentas. Son temas que tienen una sustancial diferencia cualitativa. En el caso de la Fiscalía de Corte estamos en el plano de la ilegalidad. Con la Corte y el Tribunal estamos en el plano de la inconveniencia, porque son perfectamente legales aunque antiguas, en cuanto a fotografía de la realidad política, las presencias de los actuales ministros de ambos organismos. El Partido Nacional lo que acepta es tratar un tema primero, cerrarlo, y subsanar una grave situación de ilegalidad, y luego ir al otro tema, que eventualmente también se solucionará, que es un tema de inconveniencia.

 

–Cuando usted habla de reunirse para resolver el tema de la Fiscalía de Corte ¿está partiendo de la base de manejar otros nombres?

 

–¿Qué puede decir el gobierno? Que no tiene experiencia. Todos no la tenemos. Pero lo que hizo fue un manejo carente del mínimo sentido común. ¿Qué dice el legislador cuando pide mayorías especiales? Mirá: el electorado te dio la mayoría simple, con eso podés votar leyes y podés llevar adelante un plan de gobierno, que es el tesoro que tiene el Frente y que no ha sabido utilizar. Pero la Constitución también dice: ojo, no te doy todo. Hay temas que por su trascendencia, como por ejemplo modificar la legislación electoral, requieren dos tercios. Es el más alto quórum. Si mañana hay que dar el voto a quienes están fuera del país, se requieren dos tercios.

En la nominación del Fiscal de Corte, lo mismo: tienen mayoría, pero es un cargo tan importante que te obligo a que hables con otros. Eso es lo que dice la Constitución. ¿Cómo se pone en marcha? ¿Diciendo acá está el nombre, vótenlo sí o sí? No. El ejercicio del poder requiere humildad, que es lo que no estamos viendo. Hay arrogancia. «Yo pongo el nombre y voten». Y así terminó. Yo no conozco a la doctora Guianze, pero flaco favor se le hace a una señora y a una profesional distinguida, como tengo entendido que lo es, al someter su nombre a este tira y afloje. El funcionamiento político  y que no me digan que no hay experiencia porque tienen unos cuantos legisladores desde hace tiempo ahí sentados– es: «Vamos a conversar en privado, reservadamente. Tenemos este nombre, ¿qué les parece?». Desde ahí va el mensaje. Así se opera. Acá hubo una impericia que parece increíble en gente que hace años que está sentada en bancas parlamentarias. La señora Guianze se ha visto sometida a un episodio desagradable por responsabilidad única del Frente, que no ha tenido la humildad de decir: «No me da para esto, vamos a hablar antes para lograr los resultados».

 

–¿El asunto es sólo formal? ¿Nada tienen que ver versiones vinculadas a supuestas simpatías de la doctora Guianze con el gobierno, o también supuestas coincidencias con el ex Fiscal de Corte Peri Valdez?

 

–El hecho de que las formas no se cumplieran me exonera de otro tipo de juicio. Aunque trajeran a Carnelutti o a Jiménez de Aréchaga, las formas en esto son fundamentales.

En el país hubo quien se rió de las formas democráticas y habló de «la democracia formal», y yo no me río ni menosprecio las formas. Cumplen en la sociedad el requisito esencial de la organización.

No hay autoridades,

no hay entes

 

–Le planteo una situación hipotética. Supongamos que se habla y se resuelve lo del Fiscal de Corte y ocurre lo mismo con la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas. ¿Es igualmente descartable el replanteo del asunto de los cargos en los entes?

 

–El gobierno es mano. Esa es la carga de ser gobierno. El Partido Nacional es pie. Mientras «mano» no juegue, «pie» no habla.

 

–Muy gráfico, doctor. Pero yo iba a lo siguiente: hace unos meses un ex legislador del Partido Nacional me decía que el hecho de que el presidente Vázquez siguiera sin llenar esos cargos era, en sí mismo, una señal para el acercamiento de los blancos. ¿Qué opina?

 

–Sobre esto me gustaría hacer una pequeña digresión. Sobre el tema de la integración parcial de los entes quiero hacer una advertencia serena y patriótica. No existen las autoridades en la medida en que no estén completas. Pongo un ejemplo: si mañana la Corte Electoral, en un rapto de delirio, después de una elección proclama veintinueve senadores, y ellos vienen al Parlamento, se sientan en las bancas, resuelven sesionar y aprueban una ley, es nula. No hay Senado, porque el Senado o es de treinta o no es. Las personas de derecho público, cuando el legislador les da una composición, o están perfectas en esa composición o no existen. ¿Qué quiero decir? Que decisiones de Ancap, de Antel o del Codicen pueden mañana ser recurridas de nulidad. Porque cuatro, o tres, en un directorio de cinco, no son cinco. Es nulo lo actuado porque no está integrado el cuerpo…

 

–…¿nulo constitucionalmente?

 

–…nulo a pedido de quien quiera anular los actos. Y miren el lío en que se pueden meter. En una licitación, el que pierda puede decir «no está bien esto, porque el acto es nulo». Entonces, no juguemos con la legalidad. El Frente está demostrando un menosprecio por la legalidad y le sobran constitucionalistas para que lo expliquen. Estamos en situación irregular. Debe llenar todos los cargos.

 

–Ahí veremos si se los ofrecen o no al Partido Nacional…

 

–…ese es otro tema. Yo simplemente hice una acotación.

 

Empatías

 

–Le planteo otro asunto, interpretando, quizás equivocadamente, lo que uno escucha por ahí, de la gente. En función de cierta aproximación cronológica entre su reciente planteo y la
posterior invitación de Vázquez, parece percibirse que hay más empatía entre el Presidente y usted, que entre el Presidente y los otros líderes políticos.

 

–Mire, yo con el presidente Vázquez no hablo, en el sentido profundo de intercambiar opiniones, desde diciembre del año pasado, ni por teléfono ni personalmente. Primera cosa, hace once meses que hablé con él. Segundo, el doctor Vázquez es lo suficientemente frío como hombre en el ejercicio del poder para no mezclar cosas. Tercero, yo no represento al Partido Nacional, que tiene una representación colectiva. El único que puede hablar por él es el directorio reunido formalmente y adoptando una resolución. Por tanto, aquí no se trata de empatías o simpatías, se trata de relaciones de poder, que siempre son frías y deben ser crudas. Que haya una simpatía para tomar una caña en «Los Yuyitos», como le gusta invitar al Presidente, aunque a mí nunca me invitó, es una cosa; que haya una relación de poder entre el Partido Nacional y el Frente Amplio es otra cosa distinta.

 

–Pero alguna vez el Presidente lo convocó a usted personalmente…

 

–…una sola vez y no me convocó, me hizo el honor de visitarme en mi casa. Una sola vez en todo este tiempo de gobierno.

 

–¿A usted lo sorprendería si el Presidente lo convoca para este diálogo?

 

–Sí, porque estaría salteándose las formas. Este diálogo se hace a través del directorio del Partido Nacional que tiene un titular, protocolar y presidente, que es el doctor Larrañaga.

 

La interna blanca

 

–Usted dijo, en una oportunidad anterior, que el Partido Nacional era la verdadera oposición y la alternativa por cómo se han ido dando las cosas, incluso en materia de caudal electoral. Por tanto, interesa y mucho su interna. Aunque puede ser prematuro, ya se han despertado algunas expectativas e interrogantes. Supongo que primero el herrerismo deberá dirimir si el doctor Luis Alberto Lacalle sigue siendo su líder y candidato, y luego se pasará a la interna con los demás grupos. ¿Cómo se ve para ese desafío?

 

–Sobre esto voy a decir lo que vengo repitiendo hace tiempo. El herrerismo tiene sus mecanismos internos de funcionamiento. Cuando llegue el momento, consultados los intereses  primero del país, segundo del partido, tercero del sector y cuarto vistas las posibilidades–, se resolverá si va Juan, Pedro o Diego. Pero eso, cuando llegue el momento. Entre tanto, en lo que estamos nosotros es: primero, ser un sector que aporta, que tiene imaginación, que tiene creatividad, que no tiene compromisos sino consigo mismo; segundo, fortalecer un partido que es la única alternativa. Y en esto de fortalecer el partido, hago hincapié. El Partido Nacional está pasando por un buen momento de unidad, que no es unanimidad, a partir de una fecha cierta: el 27 de junio de 2004 el clima del Partido Nacional cambió, espero que para siempre. ¿Qué pasó ese día? Luis Alberto Lacalle, perdidoso en la interna, concurrió a saludar al doctor Larrañaga y a decirle que ahí estaba con todos sus compañeros para luchar por él. Ese fue el cambio cualitativo más importante de los últimos años en la vida del partido.

 

–La pregunta entonces es: cuando se avance en el tiempo, y nos aproximemos al momento en que deben expresarse legítimas y sanas ambiciones políticas, ¿usted cree que los blancos llegarán a esa instancia con el mismo clima?

 

–Yo me atrevería a decir que después del 27 de junio de 2004 nunca más habrá un abril de 1999… ¿Por qué? Porque le hemos fijado al nivel de relación interna una altura que espero que nadie baje de ella. Y si alguien lo hiciera, sería a su propio costo porque el Partido Nacional no está dispuesto a admitir carnicerías ni canibalismos. Sí sana competencia entre señores, entre gente bien que no necesita descalificar a los otros para ganar elecciones anteriores.

 

La oposición ante el futuro

 

–Ahora bien, supongo que escaso favor le hace al futuro de la oposición, pensando en los blancos, cierta atomización y la debacle electoral del Partido Colorado. ¿Cómo lo ve el Partido Nacional?

 

–Es que yo creo que no podemos tener otra opinión que la que nos dicten los hechos. El sistema establecido en 1996, que podemos llamar «sistema binario», es muy cruel para la tercera fuerza. Es uno u otro. Establecido por lo que uno barrunta, huele, o por las encuestas ¿quién va primero y quién es el segundo? Ahí está el asunto. Como este sistema no va a ser cambiado, yo no lo veo posible, va a ser aún más duro para el Partido Colorado. No por virtudes o defectos de esa prestigiosa fuerza política, nuestra compañera dialéctica de 170 años, sino por el durísimo y pedestre hecho de que la gente va a percibir que o gana el Frente Amplio o gana el Partido Nacional.

 

–¿Qué opina de las recientes elecciones internas del Frente Amplio, que algunos han visto como un plebiscito favorable al gobierno?

 

–Usted sabe que a mí me enseñaron que hay tres tipos de mentiras: la mentira buena, la mala y la mentira estadística. Esto último es como ver las cifras del lado que uno quiere. No echo en saco roto que doscientas mil personas salgan de su casa y voten… No es un hecho baladí. Pero me resulta pintoresco que digan que doscientos mil valen lo mismo que un millón doscientos mil.

Se enredan los frentistas cuando le quieren sacar un jugo distinto a la importancia de que doscientas mil personas voten. Si quieren decir que es un espaldarazo al gobierno ¿dónde está el millón de votos que falta? A Vázquez lo votó esa cantidad de gente. No jueguen con las cifras, no le quieran sacar más jugo a la naranja de lo que da.

–Hablando de lo que va a venir. Está la Reforma Tributaria, prácticamente un hecho, está el proyecto de Reforma del Estado y está esa versión que anda por ahí sobre una eventual reforma de la Constitución, vinculada a la eliminación del balotaje y la reelección.

 

–Yo agrego otro tema, que enseguida se lo digo. Primero, la Reforma Tributaria. La semana que viene la votará el Senado y nuestros legisladores son partidarios de que sea votada a tapas cerradas, en votación nominal, por quienes son sus padres, sólo por ellos. Señores, ustedes tienen la mayoría y este proyecto es hijo legítimo de todos los padres del Frente. Aquí no hay Mujica bueno o Astori malo, son todos. Segundo, está ese otro tema, el Parlamento del Mercosur. Yo no vacilo en calificarlo con toda serenidad como un retroceso de la independencia política del Uruguay, un peligro que no nos animamos a vaticinar. Es ir contra la voluntad de los orientales de ser una nación independiente, a pesar de los vecinos. Eso es una constante histórica. ¡Ojo con esto! Este tema lo vamos a llevar a todas las instancias posibles, sin excluir el referéndum contra esta disposición. Es ir contra 174 años de lucha por la independencia. Otro tema que tiene que venir: la renovación del gabinete. El Presidente tiene que aproximarse a un criterio que hemos tenido todos: nadie termina como ministro si empezó como tal. ¿Por qué? Porque hay dos tiempos distintos. Y entonces, ahora que se habla que va a cambiar el ministro del Interior, debe cambiar el canciller. Las figuras de Gargano y Díaz no dan más, esto dicho con abstracción total de las personas; es como yo actúo, no califico a las personas, sino su actuación y su capacidad para el cargo.

 

–¿La Reforma del Estado?

 

–Es un lindo título. Me surge una sonrisa de satisfacción iró
nica cuando oigo hablar de este tema, porque me acuerdo de 1991, 1992 y digo, bueno… vinieron al pie. Porque si algo intentamos cambiar, y tuvimos frente a nosotros esa formidable máquina de impedir de la izquierda, Frente amplio y PIT- CNT, fue el Estado. Así que quiero verlo. Si es buena, la vamos a apoyar. Precisamente porque nosotros no somos frentistas.

 

–¿Y una eventual reforma constitucional para eliminar el balotaje y habilitar la reelección presidencial?

 

–Nuestro país ha tenido un sano pragmatismo constitucional. Cambió la Constitución en 1917, 1934, 1942, 1951, 1967 y 1996. O sea, la primigenia Constitución de 1830 tuvo seis modificaciones, mayores, menores, cosméticas o realmente quirúrgicas. Y ha habido una preferencia en el electorado: acompañó cambios radicales  de presidencia al colegiado, del colegiado a presidencia– pero no la reelección. Hay que escuchar a la gente. En el Uruguay ni siquiera el hombre más poderoso, ambicioso de poder y preocupado por conservarlo, que fue Batlle y Ordóñez, se atrevió a plantear la reelección. El, por un mecanismo más sutil, mantuvo el poder a través de su reforma colegialista, derrotada en 1916. Pero ese hombre, dos veces presidente y una presidente del Consejo de Administración, no se atrevió a proponer la reelección. Para mí, esta palabra está prohibida. Y pido que no se ingrese en este campo, porque la experiencia última de la elección de Jorge Pacheco Areco –figura a la que quiero recordar bien porque fue un gran colaborador de nuestro gobierno–, motivó aquella espantosa confusión de hojas de votación y tantos otros problemas. Repito: pido que no se ingrese en esto, porque sería encender entre los orientales una lucha que va a ir mucho más allá del mero análisis de conveniencia o inconveniencia. Es un puente que no debemos cruzar. La reelección es veneno para la democracia. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje