No la hubo para el Código de la Niñez y la Adolescencia

Unanimidad para aprobar el Estatuto del Refugiado

Una sesión en que imperó la calma, como si se hubieran olvidado las rispideces de la sesión anterior. Salvo cuando se trató el proyecto de ley que introduce modificaciones al Código de la Niñez y la Adolescencia relativas a las infracciones a la ley penal y al proceso de detención policial, proyecto informado por la artigo-vertientista Margarita Percovich, el cual  a pesar de haber venido de comisión sin disidencias  desató las críticas de Carlos Moreira, quien llegó a proponer que el mencionado proyecto volviera a Comisión. Obviamente, la moción no prosperó y la norma se puso a votación en bloque, sin discutir artículo por artículo, lo que arrojó como resultado que fuera aprobada exclusivamente con los votos de la bancada oficialista.

La discusión  de tono correcto y respetuoso  entre Moreira y Percovich dejó al desnudo la radical diferencia de puntos de vista e incluso hasta de posturas filosóficas respecto de cómo encarar el problema de la minoridad infractora. El ex intendente de Colonia entendía que con el proyecto finalmente aprobado se cae en una postura excesivamente garantista para los menores delincuentes que deja en total desamparo a las víctimas de éstos. Percovich, por su parte, recalcó que el proyecto recoge sugerencias y propuestas provenientes de diversos ámbitos vinculados con el problema (Policía, jueces, el INAU, especialistas varios) y tiende a superar los inconvenientes surgidos en la aplicación práctica del Código en sus dos años de vigencia.

Pero esto ocurrió al final. Apenas iniciada la sesión, y leídos que fueron los «asuntos entrados», el popular-participante Leonardo Nicolini mocionó que se pasara a cuarto intermedio hasta las cinco para dar tiempo a que la Comisión de Constitución terminara su tarea. Nos quedamos sin hora previa, lo que supongo ha de haber causado el malestar de don Gustavo Lapaz, ya que es esa la instancia en que puede oírse su melodiosa voz de relator futbolero.

Levantado el cuarto intermedio, se aborda el primer punto del orden del día: la reiteración de la solicitud de venia remitida por el Poder Ejecutivo para designar como representante del Estado en el Directorio de la Corporación Nacional para el Desarrollo al economista Juan A. Echevarría Ignatenco.

Percovich expone las virtudes del técnico propuesto pero Long reitera que, sin que ello implique cuestionamiento alguno a las condiciones de Echevarría, la oposición mantiene su postura primigenia de no acompañar esa venia.

Pero como ahora no se requieren mayorías especiales, el Senado otorga la venia por mayoría simple con los votos del oficialismo.

Superado este pequeño diferendo, le toca el turno al proyecto de ley por el que se regula el Estatuto del Refugiado. Informa el doctor Sergio Abreu, que aboga a favor de esta norma puesto que significará una puesta al día en materia de derechos humanos internacionales.

La Convención de Ginebra define al refugiado como aquella persona que tiene fundados temores de ser perseguida por diversas razones (políticas, de raza, de religión, nacionalidad, etcétera). El refugio se distingue del asilo territorial, sostiene el doctor Abreu, y explica las sutilezas jurídicas que diferencian a ambos. Durante la exposición del informante, varios de sus pares no parecen muy entusiasmados en el asunto; Antía y Penadés conversan y se ríen; por otro lado, Nicolini y Lara hacen otro tanto; Michelini y Breccia rodean a Korzeniak, que estudia unos documentos; en las proximidades de la bancada colorada, un animado grupo departe amistosamente: Sanguinetti, Alfie, Long y Larrañaga.

Abreu sigue incólume y aclara que a su juicio el artículo 47 del proyecto puede resultar inconstitucional.

El artículo en cuestión determina que en la materia regulada por la presente ley se aplicará directamente el derecho internacional, especialmente el humanitario. Entiende Abreu que dicha disposición colide con el artículo 85 inciso 7 de la Constitución de la República.

Esta salvedad genera un debate jurídico en el que intervienen Korzeniak, Michelini, Sanguinetti, Breccia (que mientras reflexiona se acaricia el piloso mentón), en busca de una solución al asunto. Se proponen varias modificaciones al texto para salvar el problema hasta que se llega, finalmente, a una redacción que cuenta con consenso.

Y con esto y boniato, hasta mañana a las cuatro. *

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