La Operación Vigía no recibió ningún tipo de amenaza: todo funcionó a la perfección
La operación de máxima seguridad dispuesta por la Fuerza Aérea (FAU) -que se denominó «Vigía»- no recibió ningún tipo de amenaza durante los días de la XVI Cumbre Iberoamericana.
El jefe de Relaciones Públicas de la FAU coronel (av) José Luis Vignoli, confirmó que no se verificó ningún alerta y que el dispositivo funcionó con absoluta normalidad. «Desde el punto de vista de la participación nuestra Fuerza Aérea estuvo bien, sin problemas, no tuvimos ningún alerta, se hizo el trabajo muy bien y profesionalmente; no se recibió ningún tipo de amenaza», dijo el oficial.
Para la oportunidad, el comandante en jefe de la FAU teniente general (av) Enrique Bonelli, dispuso que todo el personal aéreo estuviera a disposición y ocupando sus lugares de trabajo. Del total de efectivos, unos 3.000, alrededor de 700 fueron asignados al dispositivo de seguridad.
La circular interna del comandante dispuso que toda la semana anterior el 100 % del personal trabaje todos los días, señaló Vignoli quien no ocultó su satisfacción por el resultado del operativo, el cual insumió varias semanas de riguroso entrenamiento. El despliegue de seguridad incluyó la vigilancia de aeropuertos y aeródromos en todo el país.
Uno de los instrumentos que facilitó la cobertura aérea fue el radar instalado en la base de Boiso Lanza, con un alcance de radio de 500 quilómetros. El impresionante instrumental, montado por técnicos españoles, traído especialmente para este evento, comenzará a ser desarmado en el correr de esta semana. Se estima que para fin de la corriente ya estará en viaje a España para ser devuelto a la firma española que lo entregó en préstamo. De todos modos, más adelante, el gobierno uruguayo, ya dispuso la adquisición de un instrumento similar a la misma empresa.
El dispositivo se completó con varios helicópteros, algunos destinados para eventuales evacuaciones médicas o para tareas de intersección si hubiese sido necesario. Otros helicópteros de la fuerza tenían asignadas otras dos tareas específicas: la primera, acompañar desde el aire la llegada y la partida de las delegaciones de visitantes a través de sus recorridos por la ciudad (este tipo de procedimiento nunca antes se había efectuado en el país).
En segundo lugar, otras aeronaves estuvieron preparadas para el caso de un eventual traslado de policías para intervenir en algún tipo de disturbio, lo que tampoco ocurrió.
En el caso de los aviones, se utilizaron distintos tipos de aeronaves que mantuvieron la vigilancia, incluso desde el aire en forma casi permanente, sobre el área de exclusión en torno al Hotel Radisson. Durante las horas claves en que se desarrolló la cumbre (reuniones plenarias, comidas, etc.), fueron ostensibles los patrullajes permanentes de aviones caza de la Fuerza Aérea, en diferentes turnos.
«Teníamos operando aviones a dos niveles de altura diferentes. Si el radar determinaba una amenaza, dependiendo del tipo y la distancia, se produciría una respuesta inmediata», dijo Vignoli. Por ese motivo, se dispuso un estricto plan de despegue, con distintos tiempos. No obstante eso, agregó, si por algún motivo, alguna aeronave burlaba el espacio de exclusión, «ya teníamos aviones en el aire». Tanto el personal involucrado en el manejo operativo del esquema aeronáutico y el personal civil que también participó funcionó con absoluta corrección, precisó el militar. Además, señaló que hubo transferencia de datos entre el radar civil instalado en el Aeropuerto de Carrasco, y el radar miltar.
Respecto a la coordinación aérea con otras fuerzas, Vignoli remarcó la colaboración prestada desde Argentina, una semana antes del evento internacional. Fue cuando la inteligencia militar de ese país dio aviso de un extraño robo de una aeronave particular del aeropuerto de Ezeiza. La presunción es que se trató de un operativo del narcotráfico, pero hasta el momento no se supo más nada.
Pero también la información llega a través de mensajes, de vuelos «lícitos o ilícitos» provenientes de Argentina y Brasil, lo que de antemano facilita la tarea a la aviación nacional.
Respecto a el área de exclusión, la operación suponía el procedimiento habitual para el caso que se detecte alguna aeronave en una zona prohibida. Esta consistía en aproximarse a la supuesta amenaza e indicarle que abandonase el lugar. En caso de omisión, se impone algún tipo de respuesta de fuego, que puede llegar incluso al derribo de la aeronave. En este extremo, la orden final corresponde a las más altas autoridades. *
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