Oficialismo y oposición debatieron largas horas separados por un abismo

Diputados se disponía a aprobar en general en esta madrugada proyecto de reforma tributaria

Al cierre de esta edición, en medio de un áspero debate, el oficialismo se aprestaba a aprobar el proyecto estructural considerado más importante por el gobierno.

Roberto Conde (Partido Socialista) –desprovisto de su saco, con camisa prolijísima y un tono sereno, didáctico- informó el proyecto de Reforma Tributaria.

Explicó que era esencial a las reformas estructurales comprometidas por el gobierno para transformar al país. Recordó, con cierta monotonía, el largo proceso de discusión pública que tuvo este proyecto, destacando las modificaciones introducidas al texto original: «Esta reforma rompe con una tradición de este país de afectar lo impositivo a los vaivenes de las situaciones fiscales». Exquisitamente, hasta con pudor, descalificó al actual sistema tributario.

«Lo primero es la equidad –afirmó Conde-, luego la eficiencia y finalmente el estímulo de la inversión para la creación de empleo genuino». A renglón seguido, dijo que el proyecto elimina tributos de compleja administración y escaso aporte, entre ellos el IPR y el Cofis, y toma el concepto de renta como base de imposición.

Hablando precisamente de la renta, y notándose ya el escozor que recorría las columnas vertebrales de los legisladores de la oposición, Conde aseguró que el IRPF «es el mejor instrumento para alcanzar la equidad y no hay otros tributos posibles para ese objetivo». En su opinión –que no fue compartida por blancos ni colorados, cuyos rostros iban de la sonrisa irónica a la congestión- la renta del trabajo, a diferencia del impuesto a los sueldos, permite la justicia social. Al crecer los murmullos en sala, Conde explicó que el artículo 30 del Capítulo III, Categoría II, del proyecto, define qué es Renta de Trabajo: «…la obtenida por la prestación de servicios personales, dentro o fuera de la relación de dependencia, las correspondientes a subsidios de inactividad compensada (…) y las jubilaciones, pensiones y prestaciones de similar naturaleza».

 

Puntos a favor

Conde ingresó a cantidades y porcentajes justo cuando Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista) aparecía en sala con trajecito negro y blusa blanca de generoso cuello, Carlos Gamou (Espacio 609) dejaba estupefacto a más de uno portando una moderna campera gris oscuro y Javier Salsamendi (Espacio 609) exhibía, en lugar de su olivado traje de la sesión anterior, un conmovedor buzo azul turquesa. Hubo, por todo ello, una pasajera distracción.

Pero los datos de Conde se impusieron: «Saldamos el debate de la tasa única del IVA porque es inequitativa. Optamos por dos tasas: la que grava la canasta básica familiar disminuye casi 7% y la tasa general baja 3,5%. Eliminamos el Cofis, lo que supone alrededor de 120:000.000 de dólares anuales menos de recaudación, bajando el costo de empresas y comercios, beneficio que deberá reflejarse en el consumo». Y ante las miradas escépticas que lo taladraban desde recalentadas bancas opositoras, remató: «El gobierno se encargará de que esto ocurra».

Añadió que se recaudará menos de 70:000.000 de dólares que hoy, se ampliará el monotributo –de característica benévola, sugirió impertérrito- para incorporar más gente a la formalidad y 70% de la población, la más pobre, pagará menos. Sin hesitar, medio embaladito, argumentó que sólo la cuarta parte de los ingresos familiares supera hoy la cifra de la canasta básica, 27.000 pesos, y se preguntó: «¿Qué quieren? ¿Que tribute sólo el 25% de la gente?». Y cerró sin dejar su tono magisterial: «El modelo neoliberal hizo crecer la riqueza y la pobreza en once años. El 60% de los hogares perdió gran parte de su poder adquisitivo y el 20% se fue haciendo cada vez más rico. Con esta reforma haremos el proceso inverso».

 

Primer contragolpe

La primera respuesta fue de José Amorín (Lista 15). Antes, fue posible observar que la reciente visita del ministro del Interior José Díaz generó una sorprendente emulación: varios diputados del oficialismo mostraron una novedosa adicción láctea.

Amorín, quien criticó «el proceso desordenado que caracterizó a esta reforma», postuló que «el sistema tributario es un todo y no sólo lo que recauda la DGI». Esto le sirvió de arranque para contradecir datos de Conde: «Hoy, la recaudación de impuestos indirectos supone un 50%, y el otro 50% es de impuestos directos. Con la reforma la variación es ínfima: 48% de impuestos indirectos y 52% de impuestos directos».

Moviendo sólo su mano derecha –no hay por qué hacer inferencias de esto- Amorín refutó la equidad proclamada: «Hoy la DGI tiene 200.000 contribuyentes; con la reforma serán 800.000. No los ricos del país, sino los trabajadores que ganen más de 6.528 pesos mensuales por todo concepto».

Al hablar del IRPF echó la mirada atrás, llegando al hombre del sobretodo: «Estamos históricamente en contra del impuesto a la renta. Lo dijo Batlle y Ordóñez en 1920: no a los impuestos al trabajo». Sin rebajes, enfiló al oficialismo con otro aspecto: «No queremos cargar nuestra producción que va al exterior con más impuestos, porque pierde competitividad. Pero es lo que va a pasar con la aplicación del IPRF».

Mientras Gamou iba y venía por las bancas, cabildeando y José Pedro Cardozo (Herrerismo), otra vez vestido con sobriedad casi espartana, manipulaba su computadora, Amorín entró en la recta final: «Uruguay es el país que mejor distribuye sus ingresos en América Latina, sin impuesto a la renta. Ahora vamos al revés del resto del mundo. Ese impuesto, donde existe, lo pagan quienes realmente tienen capacidad contributiva, no con 6.528 pesos de ingresos mensuales ni los jubilados con ingresos mayores a 8.892 pesos». Y redondeó furibundo: «Se aumenta la presión tributaria al agro y la industria; se pagará IVA por los préstamos sociales del BROU y ANDA, y los propietarios pagarán 12% de los arrendamientos, que, obviamente, trasladarán a sus inquilinos. Y si usted presidente, por ejemplo, tiene un millón de dólares en el banco, bueno… (en la Mesa el caballeresco Cardozo había comenzado a agitar las manos con desesperación) …no usted, otro, pagará el 12% anual por ese depósito».

 

Posadas y Cardozo a escena

Iván Posada (Partido Independiente), al borde de la vociferación y abusando de la reiteración de vocablos, dijo que «esta es una reforma de derechas y consolida un sistema de injusticia social». Recordó a partir de qué cifras se empieza a aportar el impuesto a la renta y apeló a datos del Instituto de Estadística: «Una canasta básica sólo de alimentos y bebidas, nada más, son 1.234 pesos por persona. ¡La franja imponible empieza con seis de estas canastas!».

Aquí se advirtió al diputado Salsamendi dejando la impresión de estar dormido profundamente. A los quince minutos de quietud absoluta, cabeza sobre brazos cruzados, se levantó de golpe y salió de sala. Ignoro si tuvo algo que ver la exposición de Posada. Coincidió también con un gesto, ya habitual, de Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609) –que había suplantado como presidente de la Mesa a Julio Cardozo–: mandó la vuelta de café a la prensa. Hubo algo compasivo en su altruista, generoso, ¿desprendido? gesto.

El otro Cardozo, José Carlos, informó la posición de los blancos, utilizando las pantallas colocadas arriba, a los costados de las barras, a las que envió prolijos mensajes desde su computadora personal: «Reforma injusta y fiscalista. Castiga el trabajo y el multiempleo. Incrementa los costos del consumo de los más humildes. Violenta la Constitución, facultando al Poder Ejecutivo a fijar impuestos. Transfiere recursos de los sectores productivos. Reduce jubilaciones
. Desconoce a la familia, premiando a los que no tienen hijos. Aumenta la presión del Estado sobre los ciudadanos. Y elimina la capacidad de ahorro».

No bastándole tamaño aluvión, agregó más epítetos: «El proyecto trata desigualmente al capital y al trabajo, no fomenta la inversión pero aumenta la recaudación, impone más IVA en vez de reducirlo, hace que pague más el que trabaja más y es un duro embate a la clase media y un castigo a los jubilados». Obviamente, sobre todo puso múltiples ejemplos.

 

Se inicia el debate…

Concluidos los informes, Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), inició el debate. También usó su computadora personal, apeló a las pantallas y –tomá pa’vos y tu tía Gregoria– su aporte fue muy bonito, casi sublime, cromáticamente más atractivo que el de Cardozo. El comentario general fue: «Â¡Cómo laburó este tipo!». Gráficas de variado porte y color derramaron sobre la sala un hálito de frescura, dejando a varios legisladores con el cogote duro de tanto mirar hacia arriba, interesados como si estuviesen disfrutando de un capítulo de los Simpson.

Asti fue extenso y técnico. La síntesis se impone: «No aumentamos la carga impositiva, la redistribuimos. No son capaces de entender ni aceptar el cambio cultural que impone esta reforma». Y virtualmente apabulló con datos coloreados: el 80% de los hogares del país pagará menos impuestos; un 10% pagará prácticamente lo mismo; y sólo el 10% restante, que corresponde a los 100.000 de mayores ingresos, pagará más.

Cuando terminó, se supo algo estremecedor: más de cuarenta legisladores anotados para hacer uso de la palabra. Aunque ese número al final disminuyese, ya era seguro que el debate se prolongaría hasta las primeras horas del martes.

Eso sí: el oficialismo, por boca de varios de sus diputados que fueron interrogados, juró –bueno, o poco menos- quedarse hasta que el proyecto fuese aprobado en general. Hoy seguirá el debate, pero artículo por artículo. *

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