Jefe del Ejército pidió "otra visión" y "espíritu" para superar el pasado
El teniente general Jorge Rosales fue investido en el cargo de comandante en jefe del Ejército, pasadas las 18 horas de ayer, en un acto que contó con la presencia de la plana mayor del gobierno, encabezada por Tabaré Vázquez y la ministra de Defensa, Azucena Berrutti, así como los ex presidentes Julio María Sanguinetti y Luis A. Lacalle (Jorge Batlle no concurrió), y legisladores de todos los sectores políticos. Llamativamente, la mayoría de los ex jerarcas castrenses –como el caso del ex dictador Gregorio Alvarez o el general Iván Paulós– que asisten a este tipo de ceremonias estuvo ausente.
De los generales en actividad asistieron trece. Manuel Saavedra (comandante de la División I) había solicitado pase a situación de retiro a raíz del nombramiento del nuevo comandante, y Raúl Gloodtdofsky tampoco asistió por encontrarse en misión en Haití. El general Héctor Islas, quien ayer presentó su solicitud de retiro, asistió al acto uniformado.
A excepción del ex ministro de Defensa Yamandú Fau, los protagonistas del encuentro que disparó la destitución del ex comandante Carlos Díaz, asistieron a la ceremonia. En segunda fila, de traje gris, sentado detrás del doctor Jorge Larrañaga, se ubicó el ex comandante del Ejército. También en segunda fila, detrás del ministro del Interior, José Díaz, y del presidente de la Suprema Corte de Justicia, Hipólito Rodríguez Caorsi, se ubicaron los generales Pedro Aguerre y Miguel Dalmao, ambos sancionados por haber participado en aquella reunión. Tras el acto protocolar que colocó a Rosales como el máximo exponente del Ejército en la escala jerárquica, el flamante comandante en jefe del arma hizo uso de la palabra y dijo: «Quiero que mis primeras palabras sirvan para expresar el mayor reconocimiento al mando superior de las Fuerzas Armadas del país (Presidente de la República, Tabaré Vázquez) por haber depositado su confianza en mi persona para desempeñar tan honroso y distinguido cargo». Al principio de su discurso, Rosales agradeció los servicios prestados por el relevado teniente general Carlos Díaz, y remarcó: «No me corresponde a mí referirme al desempeño de quien me antecediera». Sin embargo, el novel comandante aseguró que «el relevo en el mando superior del Ejército no supondrá cambios fundamentales, independientemente de los propios que la impronta personal pueda traer aparejados».
En tal sentido, Rosales dijo no aventurarse a asegurar éxitos en su gestión, pero se comprometió a que «el Ejército continúe evolucionando en pos de alcanzar los objetivos fijados por el Mando Superior, en el ámbito de la Defensa Nacional». Rosales hizo hincapié en que su gestión estará basada en «el desinterés personal, el amor al servicio, la disciplina y la subordinación», ya que la vigencia de estos pilares forjarán «una institución vigorosa para acompañar el progreso del país».
«Una gran familia de hermanos»
El flamante jefe del arma, quien sostuvo que «el Ejército aunque imperfecto, dista mucho de la mediocridad», señaló: «Respecto a los grandes problemas que cotidianamente nos ocupan y a cuyas soluciones definitivas no arribamos aún, sería una enorme satisfacción para este comandante lograr como mínimo, que se observaran éstos, con otra visión, con otro espíritu, que nos diera alternativas de acceder a otras vías de entendimiento como único camino de tornar aquella profunda concepción artiguista de que entre todos fuéramos capaces de convivir como una gran familia de hermanos», en directa alusión a los hechos del pasado reciente que el gobierno busca superar.
En este contexto, Rosales lanzó un mensaje a los periodistas: «Por considerar a la libre circulación de información como una de las bases de la democracia, es que apelo a la responsabilidad de los medios y sus gestores, para que la información circulante que nos involucre (al Ejército), sea la más objetiva y veraz posible».
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