A 30 años de una gran mentira de la dictadura
Hace exactamente 30 años, la prensa uruguaya se hacía eco de una de las más grandes mentiras de la dictadura cívico-militar, cuando daba a conocer dos comunicados de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (Dinarp) sobre la falsa detención de «62 subversivos» que intentaban «invadir» el país.
En realidad, se trataba del «blanqueo» de un grupo de 23 uruguayos, quienes, secuestrados en Buenos Aires en julio de 1976 y torturados en el centro de represión «Automotores Orletti», habían sido trasladados ilegalmente a Montevideo en el «primer vuelo» y eran procesados por la Justicia militar.
Aquellos comunicados, de los que el propio coronel José Nino Gavazzo dio cuenta a la prensa y leyó en la radio, no sólo narraban la falsa detención del grupo de militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) en el chalé Susy del canario balneario Shangrilá. También incluían una confesión.
En los dos comunicados, que abarcaron varias páginas de los diarios de la época, se hacía referencia a la detención de otras 22 personas durante el mes de setiembre de aquel año. Eran los hoy desaparecidos pasajeros del «segundo vuelo» de Orletti, quienes fueron traídos aquel 5 de octubre y aún estaban vivos.
Cuando en Uruguay comienza a reescribirse la historia del pasado reciente, la relectura de aquellos documentos -luego repetidos en la «historia oficial» del libro «De las Fuerzas Armadas al Pueblo Oriental»- permite echar luz a la aún oscura realidad que los mandos militares uruguayos se niegan hoy a admitir.
El material, incluido en la prensa y probablemente sobreviviente en archivos de alguna radioemisora uruguaya, se puede constituir hoy en prueba de cargo de varias de las indagatorias que la Justicia penal viene realizado, particularmente en los casos de desaparición vinculados al llamado «segundo vuelo» de Orletti.
Bajo la firma de Gavazzo
«Un extenso comunicado, emitido en la víspera por la Oficina de Prensa de las Fuerzas Conjuntas, da cuenta de los operativos desarrollados días pasados que culminaron con el desbaratamiento de una poderosa célula subversiva fundada por ex integrantes de los dos movimientos sediciosos más sangrientos que han actuado en nuestro país, el OPR y el FRT», anunciaba el diario El País.
«Duro golpe contra el brote subversivo. Caen 62 sediciosos. Shangrilá: desbaratan base y les incautan armamento», titulaba en su portada El Diario, donde, junto al comunicado, se publicaban las fotos de 14 de los «detenidos» días antes en el chalé Susy y en una serie de hoteles de Montevideo.
«Actuaciones que vienen desarrollando las Fuerzas Conjuntas desde tiempo atrás y que en los meses de marzo, julio y setiembre permitieron la detención de varios sediciosos, sometidos ya en su oportunidad a la Justicia Militar, culminaron en los últimos días con una serie de procedimientos que han puesto al descubierto un nuevo movimiento subversivo que intentaba operar en nuestro país: el autodenominado Partido por la Victoria del Pueblo (PVP)», se decía.
«En estos últimos operativos del mes en curso fueron capturados catorce de sus integrantes, armamento y profusa documentación que ha permitido conocer en su totalidad la actividad realizada, así como también los planes previstos, que tenían como finalidades fundamentales desprestigiar internacionalmente a los gobiernos de Uruguay y Argentina, a la vez que sumir a nuestro país en un clima de violencia como el vivido años atrás», agregaba el comunicado.
«Si queremos seguir viviendo en esta paz de hoy, no debemos fomentar odios ni rencores, pero tampoco debemos olvidar lo que una vez nos sucedió, pues esa es la mejor forma de mantenernos alerta contra el mismo enemigo, que trabajando para intereses foráneos, sigue buscando día a día la destrucción de nuestra sociedad», profetizaba el propio Gavazzo, de uniforme y lentes oscuros.
La mentira del chalé Susy
En realidad, las 14 personas que se mostraban en fotos y ante las cámaras de televisión eran parte de los 23 uruguayos secuestrados a mediados de julio de 1976 en Buenos Aires, quienes habían sido traídos en un avión piloteado por el hoy comandante en jefe de la aviación, Enrique Bonelli, aquel 23 de julio.
De ese grupo de detenidos en Argentina permanecen desaparecidos los dirigentes sindicales Gerardo Gatti y León Duarte, quienes quedaron en Buenos Aires, y durante 26 años también quedó en el vecino país el niño Simón Riquelo, hijo de Sara Méndez, que fue entregado a la familia de un policía argentino.
La idea del falso operativo en el chalé Susy de Shangrilá habría sido del propio Gavazzo. Allí se llevó a sólo cinco de los uruguayos secuestrados en Argentina: Sara Méndez, Asilú Maceiro, Elba Rama, Ana Cuadros y Sergio López Burgos, custodiados por el granadero Ricardo «Conejo» Medina y una mujer policía.
El grupo llegó a primeras horas del 26 de octubre a la casa ubicada en Avenida de las Américas y Santa Bernardita que horas más tarde sería invadida por dos camiones repletos de soldados, quienes no sabían que estaban protagonizando un show. Los represores llegaron a temer que los soldados les dispararan.
Para hacer más creíble la teatralización, Medina llevó a Sara Méndez a comprar un asado y el soldado Julio Casco custodió a Rama al comprar verduras. Al lugar fue a almorzar incluso el entonces jefe del Servicio de Información y Defensa (SID), coronel Juan Antonio Rodríguez Buratti, para «hacer número» en la casa.
Los soldados entraron a las 17 horas en punto. Se desplegaron en torno al chalé y el oficial Pedro Mato fue el primero en ingresar. «¿No habría que robar algo?» dijo, mientras se guardaba una lámpara de vidrio. A las risas esposó al «Conejo» Medina y lo metió en un volkswagen que encabezó la caravana.
En varios hoteles del centro hicieron farsas similares, pero sólo con actores militares. La caravana recorrió Montevideo con sirenas abiertas de «camellos» que abrían el paso. Ese día había un clásico entre Nacional y Peñarol en el Estadio Centenario y el público fue espectador de la mentira de la dictadura.
Confesión del «segundo vuelo»
El comunicado de Dinarp fue emitido 48 horas antes de que el demócrata Jimmy Carter le ganara las elecciones al republicano Gerard Ford y una nueva política en materia de derechos humanos fuera aplicada por Estados Unidos, cuyo Congreso ya estudiaba la Enmienda Kotch para suspender la ayuda militar a Uruguay.
Ese escenario llevó al régimen a inventar la «invasión subversiva» a la vez que el comandante en jefe del Ejército, general Julio César Vadora, anunciaba un «cronograma» que incluía una reforma constitucional y elecciones para candidatos únicos en los dos partidos tradicionales.
La intención de hacer más creíbles aquellos operativos falsos de detención llevó a los redactores del comunicado de la Dinarp a incluir entre medias verdades y falsedades una confesión que constituye hoy un dolor de cabeza para el Ejército: reconocer la existencia del segundo vuelo de Orletti y su ejecución masiva.
En un capítulo de su comunicado, titulado «Los procedimientos», la Dinarp hizo la cronología de capturas realizadas antes de la «invasión» del chalé Susy, aunque no se explicaba que la mayoría de las detenciones en realidad se habían realizado en Buenos Aires en el marco de la coordinación represiva del Plan Cóndor.
Se narraba que en marzo habían capturado a dos hombres y una mujer que ingresaban a Uruguay por Colonia, y que «continuaron los trabajos de inteligencia que permitieron en los meses de junio y julio detener a veintitrés integrantes de la organización», en referen
cia a los 23 trasladados en el «primer vuelo» de Orletti.
Pero el comunicado agrega: «Posterior a esto, en el mes de setiembre se capturan otros 22 miembros del PVP pertenecientes al aparato político y encargados, junto con los anteriores, de crear la infraestructura imprescindible para el accionar en el Uruguay del aparato militar proveniente de Buenos Aires».
La cifra sólo coincide con la cantidad de uruguayos detenidos en setiembre y octubre de 1976 en Buenos Aires y con el detalle de personas traídas a Uruguay aquel 5 de octubre, según el informe sobre desaparecidos de la Fuerza Aérea.
Es decir, que 25 días después del traslado los del «segundo vuelo» aún estaban vivos. *
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