ENTREVISTA: PROFESOR ENRIQUE MENA SEGARRA (HISTORIADOR, EX DIRECTOR DEL IPA, ACTUAL DIRECTOR DEL MUSEO HISTORICO NACIONAL)

Mena Segarra: "No hay aún perspectiva ni consenso para enseñar la historia reciente"

-Hay una serie de actividades que está realizando el Museo, que tienen que ver con una fecha de enorme significación en la historia uruguaya: al abolición de la esclavitud. Me gustaría que comenzara hablando de eso.

-El Museo Histórico Nacional no es simplemente un depósito de objetos antiguos, aunque, por supuesto, está entre sus cometidos esenciales obtener, preservar, exhibir y estudiar el patrimonio material de nuestro pasado. Pero además, en base a eso, puede y debe hacer extensión cultural. Por ejemplo, hoy estamos abocados a la conmemoración de los 160 años de la ley de abolición de la esclavitud y estamos realizando actos de tipo académico: conferencias, presentaciones de libros, etcétera. Mañana martes se realizará, a partir de las 14.00 horas, en esta casa de Rivera, en Rincón 437, una jornada sobre la situación de los esclavos, la abolición de la esclavitud y la paulatina inserción de los afro descendientes en la sociedad uruguaya. Habrá exposiciones de alto interés: el profesor Arturo Bentancur, un especialista, disertará sobre distintas formas de acceder a la libertad de los afro descendientes en el río de la Plata, desde 1790 hasta 1820; el profesor Fernando Aparicio continuará ese tema tomando el período de 1820 a 1829; la profesora Abal expondrá un tema particularmente atractivo: candombe, libertad y creación desde los tiempos de Oribe; y los profesores Oscar Montaño y Juan Pedro Machado se referirán a algo que es de la más rigurosa actualidad: dificultades experimentadas en la paulatina inserción en la sociedad uruguaya y los problemas que aún se detectan. Desde las 18.00 horas esta actividad será complementada por un espectáculo del que participarán cuerdas de tambores y personajes típicos del candombe, presentados por la gente de Mundo Afro.

 

-Precisamente en el marco del aniversario de la abolición de la esclavitud, usted me adelantó que iba a contar un par de anécdotas imperdibles. Me gustaría que ahora las compartiera con los lectores, porque permiten una visión tal vez poco conocida para la mayoría de la gente del Uruguay y de los uruguayos de comienzos del siglo IXX.

-Una de ellas es relativamente conocida, porque ha motivado investigaciones, libros y hasta una obra de teatro. Es el asesinato que, en esta casa de Rivera, perpetraron dos esclavas en la persona de su ama, doña Celedonia Wich de Salvañach, quien era una verdadera tirana doméstica, cruel, que castigaba brutalmente a sus servidoras. Ellas, hartas de soportar esos abusos, la mataron. Fue en 1820 y el juicio fue prolongadísimo. Las ahorcaron en la plaza Matriz en 1823. La otra anécdota es menos dramática y más interesante. Como debe saber la opinión pública, nuestro Museo Histórico Nacional, patrimonio de todos los uruguayos, posee diez casas en Montevideo, siete en la Ciudad Vieja y tres fuera de ella. Una de esas casas fue edificada, en la década de 1820, por don Manuel Jiménez y Gómez, poderoso comerciante. Allí se alojaron diversos personajes, como ser el futuro Papa Pío IX, entonces un joven sacerdote llamado Giovanni Mastaix Ferretti, que vino a estas latitudes como secretario del Enviado Apostólico monseñor Mussi. Un hijo del dueño de casa, un montevideano llamado Miguel Jiménez y Rodríguez, viajó al exterior y se alistó en la Armada de Portugal. En 1851 fue designado gobernador de la colonia portuguesa africana de Angola. Y allí decretó la abolición de la esclavitud. Imagínese, en la historia de la esclavitud africana, quién iba a pensar que la abolición la haría un montevideano.

 

-Es realmente interesantísimo, y me refiero al valor anecdótico más allá de su innegable valor histórico…

-…y tanto es así, que un núcleo de 152 esclavos de esa época costeó una cadena de plata, reproducción de las cadenas que los sujetaban, y se la obsequiaron a este montevideano en un cofre de madera labrada. Ese precioso objeto debe estar seguramente en Portugal, en manos de los descendientes de Miguel Jiménez y Rodríguez.

 

La teoría de Sanguinetti

-Yendo al análisis de algunos hechos de la actualidad, usted se habrá enterado que el ex presidente y actual senador Julio María Sanguinetti hizo una exposición académica que generó polémica. Básicamente, y yo puedo estar sintetizándolo mal, por lo cual pido disculpas, despertó el debate con una suerte de teoría exculpatoria de Rivera en cuanto al exterminio de los charrúas, adjudicándole esa responsabilidad a Lavalleja.

 

-Lo que yo querría saber es en qué prueba documental se basa el doctor Sanguinetti para sostener eso. Una vez que la conociera podría evaluarla. Por ahora le digo que es difícil que un hecho que tuvo lugar durante la presidencia de Rivera, tenga un responsable superior a él. Lavalleja, de hecho, en ese tiempo, estaba en la oposición o por lo menos germinaba a su alrededor una postura contraria al gobierno, aunque todo bastante sereno. Como el mismo Lavalleja lo dice en una carta muy posterior: «Yo estaba tranquilo en mi casa. No me metía con nadie y nadie se metía conmigo». ¿Cómo pudo ser gestor de una acción de política de Estado como fue el exterminio de los charrúas? No me doy cuenta. Si Sanguinetti presenta documentos, bueno, los podríamos estudiar, evaluar…

 

La historia reciente

-Siguiendo con el tema de la historia, usted también sabrá que hay una decisión oficial de incorporar a la currícula de Secundaria la enseñanza de la historia reciente…

-…sí, reciente es, por cuanto somos innumerables los uruguayos que la vivimos cuando todavía era acontecimientos y no objeto de estudio histórico.

 

-¿Cuál es su opinión? ¿Tenemos la suficiente perspectiva para abordar un programa de esas características?

-No tenemos en modo alguno la suficiente perspectiva. Aquí habría que cederle la palabra a un hombre cuyo buen sentido reconozco, que es el ministro José Mujica. El ha dicho, con esa elocuencia contundente que tiene, que esto sólo tendrá solución «cuando hayamos fallecido todos». Y no usó la palabra «fallecidos», claro. Yo le doy plena razón. Todos esos sucesos, tan desgraciados, que arrancan de la década de 1960, han dejado heridas en la sociedad que no se han cerrado. Su cicatrización será larga. En estos días vemos resurgir pruebas, a través de las excavaciones en unidades militares, de aquellos desgraciadísimos sucesos. Todo eso provoca una contraposición de opiniones y de posturas que no es bueno, me parece, avivar. Sobre todo si consideramos el bien supremo que es la concordia nacional. Eso debemos buscar, la concordia nacional. La enseñanza de lo muy acertadamente llamado «historia reciente» se presta a tergiversaciones por un lado, y a manipulaciones por otro, puesto que está confiada a personas que, a una edad mayor o menor, conocieron los hechos directamente y los interpretaron, como hacemos siempre con los sucesos que vivimos, desde una perspectiva personal…

 

-¿…subjetivamente, dice usted…?

-…sí, pero atención: yo con esto no estoy hablando de historia objetiva porque eso no existe. Quienes nos dedicamos a esto lo sabemos perfectamente. Pero sí hace falta una historia equilibrada y sobre todo honesta. Vale decir, exponiendo todas las posiciones posibles. Pero usted se da cuenta que no se puede traducir didácticamente, al alcance de niños, porque son niños o a lo sumo adolescentes, una exposición múltiple que fuera, bueno, «el partido tal opina tal cosa», «los militares opinan tal otro» y así. El chico quedaría con un matete de cosas y no podría guiarse dentro de él. O sea que, siempre, la t
raducción didáctica tiene que basarse o en una sola versión o en una especie de mezcla, de combinación más o menos inestable, de todas las nociones.

 

-Ahora bien, profesor, para llegar a esa especie de mezcla, en el entendido que fuese la solución, ¿habría que lograr un acuerdo muy amplio para trabajar en el programa?

-Ahí está. Fíjese que se trata de problemas que no se pueden tocar con una mano imprudente. No puede haber una mano, digamos, audaz. Porque hace a la formación de nuestros jóvenes, a la idea que les damos de nuestro pasado inmediato, lo cual viene a ser darles una visión de lo que fue y lo que es nuestro país. Eso sobrepasa toda frontera parcial, acotada, para convertirse en un problema de consenso nacional. Así lo veo yo.

 

-Y no parece haber ese consenso…

-…no parece haberlo. No parece que estemos maduros todavía para lograrlo.

 

Los dichos de Demassi

-En ese terreno le menciono  y buscando que su opinión ayude a la opinión pública a la interpretación de hechos complejos- otro tema de debate. Me refiero a la exposición que el profesor Demassi hizo en un foro reciente. Lo que más polémica despertó, me parece, fue una duda que él expuso acerca de qué hecho había sido primero en el inicio de todo ese proceso que termina con la dictadura. ¿Eso demuestra, según lo que usted ha dicho antes, que nos estamos apresurando?

-Creo que sí. Conozco y respeto al profesor Demassi y, por lo mismo, no puedo comprender cómo una mera enumeración cronológica de hechos con fecha no le demuestra qué fue primero. Ciertamente, a principios de la década de 1960 no vivíamos ningún tipo de dictadura, la libertad de expresión era irrestricta. Obviamente, en la parte socio económica se vivía una crisis importante, con las inevitables repercusiones también políticas, sindicales, etcétera. Pero, repito, todo eso en un ambiente de libertad. Luego, un grupo de ciudadanos creyó del caso tomar las armas para imponer otro modelo de Estado y de sociedad. Eso para mí es inequívoco, no tengo la menor duda de ello. De manera que una actitud dubitativa al respecto no la puedo comprender.

 

-¿Y qué opinión le merece que en algunos centros docentes, yo supongo que con la mejor voluntad e intención, se haya invitado a algunos participantes de los hechos a exponer, de modo informativo, sus experiencias de aquellos años?

-Usted lo dice muy bien: sus experiencias. No las experiencias de otros, que tuvieron sin duda una opinión absolutamente negativa sobre esos hechos. Creo que las autoridades locales educativas no obraron con buen juicio, con prudencia. No me parece que eso se justifique y, mucho menos, que se haya dicho que hechos tales como la toma de armas del Tiro Suizo sean parte del patrimonio nacional. No entiendo lo que quiere decir eso.

 

La reforma Rama

– Para cerrar este capítulo, profesor, hay otra cosa que se ha escuchado por ahí y ha fomentado debates. Es que el tema de la historia es uno de los que, en la reforma anterior, la llamada «reforma Rama», era uno de los que estaba bien resuelto.

-No lo creo así. Fíjese que la reforma de Rama tuvo algunos aspectos muy positivos, por ejemplo la extensión de la enseñanza preescolar, que es un camino abierto en ese momento y por el cual debemos continuar. Pero hubo otros aspectos negativos. Yo era, en ese momento, director del Instituto de Profesores Artigas. Y por disentir con un aspecto de la reforma renuncié y pedí mi jubilación. Creo que estoy autorizado para hablar. No concuerdo con la enseñanza por áreas, por la simple razón de que no tenemos profesores formados para eso. Cuando tuviéramos hornadas de profesores preparados para esa enseñanza, quizás la podríamos encarar. Un solo profesor daba Física, Química y Biología. Pero resulta que el profesor había sido formado como profesor de Física o de Química o de Biología. Vale decir, dos tercios de lo que tenía que impartir a los alumnos no lo sabía. Esa no es manera de hacer una reforma de la enseñanza. La correa de transmisión entre el plan y el alumno es el profesor. Y si no funciona la correa, la reforma no funciona.

 

-Ernesto Sábato escribió que la educación falla porque no favorece una constructiva, intensa relación entre el estudiante y el profesor, de tal modo que aquel participe, activamente, de la aventura y el desafío del conocimiento. ¿Está de acuerdo?

-Absolutamente. La clase de tipo magistral, vale decir una boca que habla de este lado y unas orejas que escuchan del otro lado, eso está muerto y enterrado. Ya no corre. La clase tiene que ser, de alguna manera, de acuerdo con los procedimientos pedagógicos y didácticos más aconsejables en cada materia, lo más participativa posible. Y no consiste en tomar la lección, como se decía antes. Yo recuerdo muy bien, tengo una experiencia docente de más de cuarenta años, cuando el chico se paraba y repetía algo que no entendía, no interpretaba. Porque se trata de eso, que el alumno comprenda, que emprenda por sí mismo, guiado por sus profesores, por supuesto, la gran aventura de comprender.

-Sábato, en particular, se metía mucho con la literatura. Claro, aunque se inició como físico, terminó siendo un escritor. Y su preocupación eran los programas que amontonaban nombres y obras prescindibles, que se enseñaban a alumnos a los que se convertía en loritos repetidores.

-Mire, yo soy profesor de historia. Pero pensemos que soy profesor de literatura, para que quede más claro, y que tengo plena libertad para hacer el plan a mi gusto. Entonces establecería ciertos grandes jalones. Bueno, tú no te vas de acá sin conocer al menos fragmentos y una idea general de «La Ilíada», del «Quijote», del «Hamlet». Ahí sí el alumno va a salir con los conocimientos esenciales. Lo voy a decir de otro modo y sigamos poniendo por caso a la literatura y también a la historia. ¿Para qué nos sirven si vamos a usar ese criterio participativo y selectivo al que yo llamaría, digamos, «bolichero», de más comunicación? Porque, ¿para qué sirve el conocimiento? No, no, muchacho, tal vez no te va a servir para ganar plata, pero sí para comprender el mundo y para comprenderte a ti mismo. O sea, para crecer y madurar. Yo no sé si la química o la física o las matemáticas te podrán dar lo mismo, aunque también hay que enseñarlas participativamente, del mismo modo, pero te aseguro que materias como la historia y la literatura sí te lo dan. Te hacen crecer como persona. Bueno, estas son cosas en las que hay que pensar cuando se piensa en la enseñanza en su totalidad.

 

Museos para los sábados

-Volviendo al tema de los museos. Usted está al frente de esta otra gran aventura, la de los museos. Lo que siento es que cobran vigor, interés determinado en algunas fechas específicas. Pongamos por ejemplo el Día del Patrimonio. No obstante, uno piensa que deberían ser lugar de referencia con una mayor frecuencia, cotidianidad. ¿Dónde está el problema? ¿Acaso los museos tiene que hacer otro tipo de marketing?

-Que los museos necesitan marketing, no tenga la menor duda. Pero los recursos con que contamos para hacerlo son mínimos. Ahora bien, usted alude a la experiencia tan rica del Día del Patrimonio. Aquí se apelotonan miles de personas, que hacen colas en la calle, para ver en un día lo que pueden ver más tranquilos cualquier otro día del año. Incluso hay personas que, ingenuamente, creen  y me lo han dicho- que el Museo sólo abre el Día del Patrimonio. Uno de nuestros problemas serios es que, por razones de naturaleza legal y administrativa, que tien
en que ver con los derechos de los funcionarios, desde hace tiempo no podemos abrir los sábados. Las autoridades del ministerio nos han prometido, y lo esperamos, solucionar esta situación mediante diversos medios. La idea es abrir por lo menos los sábados, día no laborable para la gente que trabaja acá en la Ciudad Vieja, pero sí día de paseo para mucha gente que viene de diversos puntos de la ciudad.

Esa es una esperanza grande que tenemos. Es necesario estudiar cuidadosamente la densidad que tiene, a las diversas horas, la población flotante de la Ciudad Vieja. Cuánta gente va, por ejemplo, al Mercado del Puerto, para tener a su disposición, abierto, el Museo en las diversas casas en que lo podamos hacer. Porque otro problema terrible que tenemos es no solamente la cortedad de nuestros rubros, sino además una escasísima dotación de personal. Considere usted que para diez casas que poseemos, tenemos sesenta funcionarios.

Si descuenta los funcionarios que hacen tareas puramente administrativas, se da cuenta qué nos queda para custodiar las salas. No nos queda nadie. O casi nadie. Y una sala no custodiada no se puede abrir. *

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