Sanguinetti exculpó a Rivera y acusó a Lavalleja del "exterminio de charrúas"
El sábado, al hacer uso de la palabra en Salto ante un auditorio de jóvenes militantes colorados, Sanguinetti definió a Rivera como «El más grande caudillo artiguista». Agregó que fue el único «Caudillo que aparece en la Batalla de las Piedras, es el único que quedaba en 1820, cuando Artigas cae derrotado. Porque Bernabé estaba preso y Lavalleja estaba preso, para ser justos y exactos. Oribe se fue y no estaba. Así que, cuando son derrotados, Artigas toma el camino del exilio y para mí, ahí nace el Partido Colorado, porque ahí nace la ética de la responsabilidad».
Al referirse al exterminio de los charrúas, hizo una justificación histórica de Rivera asegurando que fue el general Juan Antonio Lavalleja quien ordenó exterminarlos. Que el jefe de la Cruzada de los Treinta y Tres Orientales «ya había dado la orden de exterminar a los charrúas»
Sanguinetti no escatimó elogios a la hora de evaluar la figura de Rivera y eximirlo de responsabilidad del relato histórico que lo asocia al exterminio de los charrúas. Lo caracterizó como: «El campeón de la libertad y aunque peleó con los indios, con ellos pelearon todos y se amigaron después. La fuerza de Rivera era una fuerza indígena guaraní, enfrentados a los charrúas desde hace dos siglos, la mayoría de los indios eran guaraníes y estaban con Rivera; los charrúas habían alternado y eran muchos menos y eso era un enfrentamiento que tenía doscientos años por cierto, no fue Rivera, la orden se la había dado Lavalleja de antes. Al Partido hay que atacarlo con Rivera y lo que no dicen es que Rivera, en plena campaña difamatoria contra él dicta un decreto asegurando la libertad de prensa pero, en aquel tiempo primitivo donde las libertades andaban a caballo, el presidente que estaba atacado por prensa no dijo ‘estos son enemigos’, como ocurre ahora, sino que dijo ‘libertad para todos para cuestionar al gobierno’. Ese es Rivera».
«Una formidable mirada al pasado»
Sobre la gestión del actual gobierno dijo: «Que todo aquello que se planteó como un gran cambio es una formidable mirada al pasado. Hoy el Uruguay está discutiendo sus dolores, sus penas y sus pasiones del año 76, el Uruguay hoy está mirando hacia los conflictos de ayer, no está asumiendo los debates del mañana en un mundo en que la visión marxista de la vida desapareció, acá todavía la tenemos instalada, todavía seguimos con un extraño debate de los años sesenta que mira siempre hacia el pasado».
En otro momento de su extensa oratoria analizó la cuestión histórica contemporánea. «¿De qué estamos hablando? – se preguntó, si el movimiento subversivo comienza en el 64 y los militares recién entran en el 71 cuando ya había 30 muertos, 10 secuestrados y 100 bancos asaltados? Claro, luego viene el hecho inexcusable de que los militares de la época, después de 7 meses que destruyen al movimiento tupamaro, quedan dueños de la escena política y ahí viene la situación de desestabilización terrible pero ese era el tema… ¿por qué hasta entonces no se los había dejado entrar a los militares y se luchaba con la policía? Porque se sentía que era muy peligroso sacar un ejército a la calle y es inexcusable la responsabilidad de los mandos militares de la época y de los civiles que aceptaron el golpe de estado y es la consecuencia de la irresponsabilidad enorme de quienes despreciaron el voto, las garantías democráticas y creyeron que en el Uruguay como ellos no tenían voto había que producir una revolución que tirara abajo la democracia y estas son verdades inocultables que tenemos que estar hoy recordando porque estamos viendo todo este esfuerzo formidable de tergiversación de la historia». *
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