"No hay políticas de Estado en la educación; hay programas partidarios"
Aseguró que los partidos políticos no han actuado en materia de educación «con criterios de alta política colectiva» sino con «criterios partidistas».
Dejando de lado el primer período democrático posdictadura militar, «en que los Consejos de Enseñanza estuvieron representados todos los partidos políticos», Piedra Cueva sostuvo que en los demás períodos de la historia política del país cuando gana las elecciones el partido que sea, «le cierra las puertas a los partidos perdedores; la primera exclusión está ahí. No hay políticas de Estado en la educación; hay programas partidarios, que es distinto».
En medio de alejamientos en torno al debate educativo protagonizado en los últimos días por el historiador José Pedro Rilla, el profesor Piedra Cueva, que sigue integrando la Comisión Organizadora de Debate Educativo, sostuvo: «La primera exclusión que se hace es la de todos los partidos políticos que perdieron las elecciones; se los borra y sólo el partido ganador, por sí, gobierna el sistema educativo.
Quiero decir que al terminar el recuento del último voto, el partido político ganador se adueña de la educación y administra como un coto cerrado la educación por sí y ante sí».
Calificó a la educación como «verticalista» a raíz del perfil político que los partidos vencedores en cada elección le han agregado al sistema de enseñanza.
«Nuestra educación ofrece un panorama de atraso democrático, de atraso participativo, que es muy llamativo, porque nuestro país se enorgullece de sus tradiciones democráticas y de sus instituciones democráticas, pero entramos al terreno de la educación y nos encontramos con un sistema cerrado, verticalista, excluyente, que todavía subsiste como vestigio de un pensamiento de raíz autoritaria» disparó en el medio de la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Diputados.
Las estadísticas
Según el integrante del debate educativo, cada año hay doce mil niños en el ambiente rural que salen de las escuelas rurales y no tienen cómo continuar estudios. «Algunos, dijo- calculan que entre 58 mil y 60 mil jóvenes de entre quince y veinticinco años no estudian ni trabajan, han abandonado el sistema educativo, no tienen posibilidades de reinsertarse y no están capacitados para insertarse en el mercado de trabajo».
También destacó el tiempo escolar con que se manejan los niños en las escuelas. «Tenemos 4 horas diarias de clase en las escuelas primarias, durante 180 días de clase, y eso nos da 720 horas de clase anuales. Este es el país que tiene la más baja cantidad de horas de escolaridad de los niños. En Europa, todas las escuelas tienen 1.200 horas de clase. En nuestras escuelas hay 720 horas de clase.
En consecuencia, destacó- se producen efectos tan graves como que todavía subsiste un 18% de niños, y de niños pobres, que abandonan, que repiten primer año de escuela en nuestro país. Creo que es muy urgente que los señores diputados piensen que debe extenderse la escolaridad en primaria por lo menos a 6 horas diarias en todo el país».
Un «real» intercambio de ideas
El ex director de Secundaria, Jorge Carbonell, dijo sobre la enseñanza de la historia reciente que para poder brindar de la mejor manera a los alumnos lo ocurrido en nuestro pasado reciente, sus protagonistas deberán estar muertos. «Se ha discutido mucho y han habido algunos actos públicos en los que se han hecho denuncias sobre violaciones a la laicidad. Algún día quienes estamos en el ambiente de la educación vamos a tener que hacer un real intercambio de ideas, no un debate-, un verdadero encuentro en el que todos digamos sinceramente qué es lo que se puede hacer y qué es lo que no se puede hacer.
Hay voces de muchos lados que afirman que falta bastante y que falta que sucedan cosas duras para muchos, como la muerte, para poder hablar de algunas cosas en la forma en que los alumnos merecen».
Tiempo atrás, el hoy ministro de Ganadería José Mujica dijo que para saldar las heridas aún abiertas de los hechos ocurridos antes y durante la dictadura, «sus protagonistas debemos estar muertos». *
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