El Hipódromo de Las Piedras

Sólo se trató un punto del Orden del Día. Fue debatido con ardor y finalmente postergado. Se trata del proyecto de ley que autoriza a la Intendencia de Canelones a licitar la explotación de apuestas sobre carreras de caballos en el Hipódromo de Las Piedras.

El miembro informante, Javier Salsamendi (Espacio 609) argumentó que este hipódromo es Monumento Histórico Nacional, tiene ubicación estratégica y representa la principal fuente de trabajo para Las Piedras. Dijo que el Estado pretende reglas de juego claras con los potenciales operadores privados, estableciendo un canon y un plazo para la concesión, a cuyo fin se requerirá, para una eventual nueva adjudicación, la habilitación parlamentaria.

Los blancos corcovearon como si les picara una verruga.

Declamaron dos inquietudes: el reclamo de una ley de turf para que esta posibilidad que se brinda a Las Piedras se extienda a todos los hipódromos municipales del país; y la duda quemante de que detrás de esta concesión haya un negocio, no bien explicado, de cinco salas de máquinas tragamonedas, una en Montevideo y cuatro en el interior, para financiar la actividad hípica en Las Piedras.

El ardor nacionalista llegó a tal punto que sus legisladores mocionaron devolver el proyecto a Comisión, incorporar más información y buscar el beneficio de todos los departamentos y no sólo de Canelones. Obviamente, al votar, marcharon al espiedo. Pero el despelote tenía vida propia y quedó claro, primero en la fundamentación de voto y luego al pedir la mayoría la extensión del horario para seguir con el tema: se aprobó, pero los blancos, astutos, reclamaron votación nominal, y mientras todos se sumergían en un impiadoso griterío, llegó el timbrazo y se terminó la sesión.

Empero, fueron rescatables algunas frases.

«Este proyecto parece hecho por las Carmelitas Descalzas» (José Carlos Cardozo, Herrerista, irónicamente).

«Este proyecto no sólo mata a los demás hipódromos del Interior sino va a afectar también a Maroñas» (Alvaro Delgado, Correntada Wilsonista, ¿resignado?).

«Hay planteos de otros departamentos, pero sus hipódromos no reúnen hoy las condiciones para un proyecto como el de Las Piedras» (Javier Salsamendi, Espacio 609, con una plana, lisa serenidad verbal y gestual).

«Todo aumento de juego en una parte provoca disminución de juego en otra» (Sergio Botana, Alianza Nacional, queriendo encender el ventilador).

«¿Se va a instalar salas de maquinitas para financiar a Las Piedras? ¿Dónde, cuántas? Hay que saberlo» (Amorin Batlle, Lista 15, sembrando la duda como quien tira pimienta blanca encima de los ñoquis).

«No tengo ninguna intención oculta. Me puedo equivocar al explicar las cosas, pero soy transparente» (Javier Salsamendi, increíblemente plano, liso otra vez). «Debemos tranquilizarnos» (Carlos Mazzulo, Correntada Wilsonista, estilo monje tibetano). *

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