Emotiva ceremonia en la refinería de La Teja, al cumplirse el 75º aniversario de creación de la petrolera estatal

El Presidente evocó detención de su padre como ex sindicalista de Ancap

En el marco de las celebraciones por el 75º aniversario de Ancap, en la víspera el Directorio de esa empresa pública, junto al presidente Tabaré Vázquez y el intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, entregó a los funcionarios con más antigüedad medallas conmemorativas y reconocimientos a su desempeño.

En la oratoria el presidente de Ancap, Daniel Martínez, destacó los avances en la implementación del nuevo modelo de gestión que pretende transformar al ente en una compañía estatal eficiente y moderna, cuyos planes de acción trasciendan a los gobiernos de turno. En tal sentido destacó las alianzas con empresas como Pdvsa y Petrobras para desarrollar nuevos emprendimientos como la producción de alcohol carburante y la prospección de la plataforma marítima en búsqueda de reservas gasíferas.

Tras las palabras del jerarca, los directores obsequiaron al presidente Vázquez y a su hermano, el prosecretario de la Presidencia, Jorge Vázquez, cuadros realizados en homenaje al padre de ambos, Héctor Vázquez, quien fue un destacado dirigente sindical de Ancap.

La obra reproducía una fotografía del progenitor del primer mandatario sobre un fondo conformado por un dibujo a lápiz de la refinería, fue recibida con gran emoción por parte de ambas autoridades, así como de la hermana mayor de éstos que también presenciaba el acto.

Con los ojos llenos de lágrimas, el dignatario se dirigió al estrado para agradecer el obsequio y expresar el orgullo que siente por ser el hijo de un ex trabajador de Ancap, además de compartir varios recuerdos de su infancia que ejemplificaron la estrecha relación que su familia tiene con esa empresa pública.

«Aquí nos sentimos como en nuestra propia casa. Quien habla nació aquí, cuando todavía no estaban los accesos a Montevideo, a dos cuadras de donde estamos. Cuando muy pequeños veníamos acá a acompañar, a esperar, a visitar, a veces escapados de nuestra casa, a nuestro padre que tenia el orgullo de decir que era funcionario público, que había trabajado no sé cuántos años y sólo en una oportunidad había llegado un minuto tarde», dijo Vázquez a la vez que recordó las reglas de madera y los cuadernos que la empresa regalaba a los niños de La Teja para facilitar su asistencia al sistema escolar.

Entre los remembranzas del mandatario también surgieron otras que según explicó lo marcaron profundamente al punto de ser su referencia al actuar como gobernante, como la persecución y prisión que padeció su padre como consecuencia de su actividad sindical durante la huelga de 1952.

«Recuerdo que con mi hermano casi no podíamos salir de nuestra casa, porque cuando mi padre era perseguido y vivía en la clandestinidad si nosotros salíamos podíamos ser elementos para que reteniéndonos -y nuestro padre teniendo que ir a sacarnos- terminara él preso. Y la madrugada cuando llegó por los fondos de mi casa a saludar a su esposa, mi madre, y a los hijos y tempranamente esta casa fue invadida… entraron funcionarios policiales, se lo llevaron preso. Y a las pocas horas, para orgullo de nosotros hasta ahora, vimos la foto de nuestro padre y de otros dirigentes sindicales, que estaban presos por defender el derecho indudablemente incuestionable de los funcionarios de Ancap y de los funcionarios públicos, en las primeras planas de los diarios», enfatizó.

Vázquez, aún visiblemente emocionado solicitó disculpas por las referencias a su vida personal, señalando que consideraba indispensable que los gobernantes más allá de su filiación política sean «humanos» y capaces de comprender la cotidianidad y simpleza de la vida de sus representados, aunque estas cuestiones «no se miden en indicadores macroeconómicos».

Finalmente, la alocución del Presidente ofreció una nueva sorpresa a la celebración, cuando este anunció que tenía un regalo para los directores de Ancap y extrajo del bolsillo de su saco cinco sobres de azúcar «El Espinillar».

Según explicó, años atrás cuando la industria azucarera nacional comenzó a desmoronarse, atesoró esos paquetes como un símbolo de la esperanza que albergó en esos momentos de preocupación de que esa empresa «iba a resurgir como el ave Fénix alguna primavera. Como resurgió». *

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