Incluye las zonas de exclusión, el registro patronímico y los feriados

Diputados aprobó el proyecto de ley con medidas de seguridad por Cumbre

 

Los blancos al ataque

Edgardo Ortuño (Vertiente Artiguista) informó el proyecto de ley que establece un área de circulación restringida en Montevideo, con motivo de la realización de la XVI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. Preciso y sin adjetivar, detalló que esa área regirá entre el 3 y el 5 de noviembre, que se hará un registro patronímico de sus habitantes, que se autoriza a la Jefatura de Policía a facilitar la libre circulación de los residentes de la misma y que, por un aditivo, se fijan los días 3 y 4 del mismo mes como feriados no laborables para quienes trabajen en el área.

A texto expreso, y pese a versiones que circularon previamente, no se autorizó a que los boliches de la Ciudad Vieja abran sus puertas a los visitantes durante el desarrollo de la Cumbre.

Y aunque todo comenzó en paz, enseguida saltaron los tapones. Luis Alberto Lacalle Pou (Herrerismo) dijo: «Este proyecto se llama paranoia» y «tiene raíz nacional y raíz de imitación», recordando que el presidente venezolano Chávez, cuando visitó Pueblo Bolívar, en Canelones, llevó más custodios que habitantes había en el lugar. Después, veloz y entusiasta como el Correcaminos, afirmó que «para hacer una zona de exclusión no se necesita una ley». A continuación, sintiéndose en el aire el siseo de su espada verbal, arremetió contra los feriados propuestos y se preguntó «quién va a pagar el lucro cesante». Finalmente, se la agarró con el presidente Vázquez, lo acusó de ser contradictorio por derogar el decreto que habilitaba a la Policía a pedir documentación a personas en actitud sospechosa y ahora proponer este registro patronímico, y sentenció: «Está apareciendo muy seguido la discrecionalidad en el Ejecutivo».

Ortuño regresó al ruedo «para aclarar», aunque empezó con una doliente queja: «Palos porque bogas y palos porque no bogas», como diciendo «Â¡che, nada les viene bien». Enseguida, componiendo el tono, declamó: «Este gobierno asume la responsabilidad y todas las obligaciones para que no pase nada» y se interrogó «¿por qué una ley?», contestándose de inmediato: «Por nuestro compromiso democrático, ya que ciertas restricciones a nuestro juicio requieren la aprobación parlamentaria».

Federico Casaretto (Correntada Wilsonista), gritando tan fuerte como para romper no ya los micrófonos sino la consola de audio entera, vociferó contra el registro vecinal y el retaceo de la libertad de circulación: «Dividir, separar a la gente no es positivo». Y puso el ejemplo de cuán diferente vio él que se organizaba una cumbre en Londres, con la presencia del ruso Putin, dejando dudas ardiendo cual hemorroides arrepolladas: cuándo fue eso y en qué carácter estaba allí el diputado blanco.

Aquí quiso interrumpir Ortuño, pero el imparable Casaretto, cual jinete de una Vespa cero kilómetro, paró la mano: «Â¡Al final, al final!». Y mientras Ortuño se encajaba el celular en la oreja izquierda, ignoro si rabioso, al diputado blanco le salió el orgullo localista: «El propio intendente De los Santos dijo que Punta del Este estaba preparada para recibir esta Cumbre y qué bueno hubiera sido que todo el mundo la viera allí, justo cuando tenemos un conflicto con Argentina que afecta a nuestro turismo».

 

Se complica todo

Cuando Ortuño había dejado el celular, se había ajustado los lentes y volvía a levantar su mano intentando hablar, la Mesa dio la palabra de Carlos Mazzulo (Correntada Wilsonista). Se supone que quiso apoyar los estentóreos dichos de Casaretto. Su aporte fue una redundancia.

Y, aquí sí, ya nada frenó a Ortuño, que, insistente como un tábano, obtuvo al fin la interrupción pedida. Curiosamente, se limitó a decir: «No voy a ingresar a un debate que no corresponde ni voy a perder la línea» -aunque el debate estaba hirviendo y lo de la línea extrañó un poco, porque estaba sentado- y «me llama la atención que algunos se sorprendan por las zonas de exclusión».

Gustavo Borsari (Herrerismo) pecó. Dijo que «olfateaba» que este proyecto no venía con respaldo de todo el oficialismo, debido a que en Comisión sólo habían votado tres legisladores de la bancada de gobierno. Advertido por las pullas que llovían y apelando a una sonrisita de ocasión, aclaró que el tal olfateo no tenía que ver con su nariz (alguno, atrevido, sugirió que Melingo había compuesto «Narigón compadre» en su honor, lo cual es una absoluta falsedad).

A esta altura, el debate se fue al carajo. Adriana Peña (independiente Partido Nacional), Sergio Botana (Alianza Nacional) y Pablo Abdala y Jaime Trobo (herreristas) parecieron haber acordado que la abundosa redundancia simulase una larga y encrespada embestida baguala que, bajando de las cuchillas, atravesara la Ciudad Vieja, arrastrando carros de chorizos y puestos de artesanos, y se precipitase al agua en la Dársena Sur. Pero fue una impresión.

Trobo, seamos justos, introdujo un elemento histórico estremecedor. Recordó que en parte de avenida Italia  y nadie pudo explicar de dónde sacó eso- iba a ocurrir «lo que pasaba en la avenida central de Moscú, cuando por el carril central sólo transitaba la cúpula del Partido Comunista». (En este punto, su compañero José Carlos Cardozo, que lo escuchaba de pie, se cuadró e hizo una venia; más que imagen de un guardia del Kremlin dio la de un aspirante a blandengue al que rechazan porque no le entra el gorro).

Enrique Pintado (Asamblea Uruguay) contestó tamaña andanada blanca, logrando, con esfuerzo digno de mejor causa, su propia redundancia.

 

Aparecen los colorados

Modositos habían estado. Guido Machado (Foro Batllista) tomó la palabra, con esa urbanidad que casi nadie vincula a su origen fronterizo, para decir que el Partido Colorado votaría el proyecto en general: «La seguridad es una responsabilidad del Poder Ejecutivo y el gobierno debe definirla. Algunas medidas nos rechinan, pero queremos dar las herramientas necesarias para que mañana nadie diga que la oposición ha sido irresponsable». (Al cerrar esta frase la bancada nacionalista lo miró igual que Hannibal Lecter miraba a sus víctimas). A Guido no se le movió una pestaña y concluyó asegurando: «No votamos el aditivo con los feriados».

Quizás creyendo que su compañero necesitaba apoyo, Alberto Scavarelli (Foro Batllista), mentón desafiante, lanzó un pelotazo de primera: «Lo que dice el artículo 3 de este proyecto  registro y circulación de residentes en la zona de exclusión- no figura en ningún protocolo de cumbres que yo conozca». (¿Quién conoce protocolo alguno de ese tipo?; punto para Scavarelli). Y añadió: «A mi juicio este registro es innecesario y de una candidez impresionante. Si alguien va a hacer un atentado tiene una organización detrás y puede secuestrar a una familia de la Ciudad Vieja cinco días antes».

La Mesa dio la palabra a Jorge Orrico (Asamblea Uruguay), quien había sacado apuntes y pedido hablar casi al borde de la desesperación. Tenía tanto para contestar que puso rewing. Insistió en que «este proyecto es plenamente constitucional» y que «si Punta del Este es tan segura ¿por qué van a interpelar al ministro Díaz». Como había empezado desde el principio, y aunque siguió hablando con elegancia londinense, creo que se dio cuenta de que había perpetrado una bonita redundancia al cubo.

Ojo, hubo algo que lo reivindicó ante las barras. Tras decir «ni tan calvo ni con dos pelucas», y mirar brevemente a Pablo Abdala, agregó «sin alusión al señor diputado». Abdala estaba hablando por celular y no entendió; desesperado, y mientras todos reían, preguntó, sin dejar el aparatito, «¿qué me dijo, qué m
e dijo?» Terminada la llamada, Botana le susurró lo que había pasado. Abdala se tocó su reluciente calva y sonrió, canchero y tolerante.

 

Extensión y votación

Por moción del oficialismo fue extendido el horario de la sesión. El impacto sicológico en la barra de periodistas no pudo ser amortiguado por los cafés y cortados que, solidariamente con el sufrimiento ajeno, invitó Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609), hoy en la presidencia de la Mesa.

 

Afortunadamente, el fin llegó más rápido de lo esperado

Antes, y hablando de eventuales allanamientos, descartados por Orrico que acusó a la oposición de basarse en versiones periodísticas, Lacalle Pou alcanzó a tirar otro sablazo: «Orrico acaba de hacer «la gran Tabaré», cuando se equivoca le echa la culpa a la prensa». El legislador de Asamblea Uruguay saltó como «El Zorro» de Banderas: «No hablemos del Presidente, que ninguno acá está a su altura. Yo dije que por algo que salió en la prensa se empezó a hablar de un supuesto borrador sobre el tema de los allanamientos».

Luis Rosadilla (Espacio 609) hizo su aporte a la redundancia, conmovido porque a Botana le preocupara la veda de caña en Quebracho cuando se reunió el Consejo de Ministros. Carlos Maseda (Vertiente Artiguista) admitió que: «Se ha hablado de todo un poco» y valoró la exposición de Orrico. Sin embargo, contra su sinceridad inicial, intentó lo ya imposible: redundar un poco más.

Al final, el proyecto fue aprobado. Pasó otra vez al Senado con los votos del oficialismo y de los colorados, aunque éstos apoyaron el texto en general y pretendieron, sin lograrlo, modificar los artículos referidos al registro y la circulación y eliminar los feriados. *

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