Kirchner, el "semáforo" y el barrio
¿Hay que defender la libertad de expresión? Sí
¿Hay que defender la libertad de reunión? Sí.
¿Hay que defender la libertad de protesta? Sí.
Todo bien, pero hay que preguntarse: ¿se pueden respetar todos esos derechos, respetando a la vez la libertad de la circulación de personas y de bienes? Sí.
Quizás el presidente Néstor Kirchner no lo sepa se sospecha que lo sabe- que cuando se presentan en la vida intereses encontrados, como pueden ser la libertad de manifestación y la libertad de circulación, el Estado debe de interceder para que las dos libertades se expresen libremente, valga la redundancia.
El jueves pasado el gobierno argentino rechazó los cortes de rutas y de puentes impulsados por los ambientalistas de Gualeguaychú, pero no dijo nada nada, hasta el sábado en la noche, por lo menos sobre si iba a concretar alguna acción para que, respetando la libertad de protesta se pudiera manifestar la libertad de circulación de personas y bienes.
Nadie, por cierto, está llamando a que Kirchner reprima a los ambientalistas, sino que lo que se le está proponiendo es que cree un escenario adecuado a la protesta ambientalista, pero sin perjudicar a quienes quieren circular libremente de un lado a otro de la frontera.
Esto es tan sencillo como poner un semáforo en una esquina transitada: con un determinado color de luz se expresa un sector de la sociedad, con otro color se manifiesta otro.
Así de sencillo, así de democrático.
Si Kirchner no pone un «semáforo» en el Río Uruguay es porque no quiere encontrar una solución, lo que es muy grave y mucho más grave es cuando uno piensa (acto cerebral que a ciertas cultura del poder les cuesta entender) que no hay ninguna razón para agarrársela con nosotros, más cuando todos los informes internacionales aseguran que las plantas de celulosa no van a contaminar.
A la vez el gobierno uruguayo ha actuado con firmeza, capacidad de diálogo y apego a la legalidad, sin dejarse arrastrar por la furia que la oposición de nuestro país quiere desatar contra el gobierno de Argentina, con la intención de sacarnos del barrio. Ahora le toca a los organismos internacionales como la Corte Internacional de La Haya y el Tribunal de Controversias del Mercosur, dar su palabra.
Desde el lado de la sociedad civil hay que hacer todos los esfuerzos para no caer en la lógica de la agresión nacionalista, que puede hipotecar el futuro de dos pueblos con historia, presente y futuro común.
Como dijo recientemente el dirigente del PIT-CNT Fernando Pereira, al hablar de la compleja relación entre la conflictividad sindical y las alianzas para el país productivo, «tenemos que tener una mirada arriba del conflicto, para buscar los cambios».
La recomendación es válida para solucionar la crisis con Argentina, país con el que hay que trabajar en conjunto con una mirada de largo aliento, sin dar un paso atrás en los que son nuestros derechos conquistados por la razón. *
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