Hicieron uso de la palabra representantes del Frente Amplio, Partido Nacional y Partido Colorado

Emotivo homenaje a Segovia en el Senado

El Senado ha sido convocado una hora antes de lo habitual a los efectos de tributar un homenaje al ingeniero agrimensor Albérico César Segovia, un hombre de vasta trayectoria como profesional y como político.

A raíz del homenaje, familiares y amigos del ingeniero Segovia están instalados desde temprano en las barras; un cálculo aproximado me da cerca de cuarenta personas.

A la hora señalada sólo están en sala Lucía Topolansky y Alberto Cid. Eleuterio Fernández Huidobro revisa papeles mientras suena el timbre y se exhorta a los senadores a ingresar a sala. Irrumpe Larrañaga y saluda con su vozarrón al presidente y se pone a conversar con Cid. Poco a poco se va poblando el recinto: aparecen Sanguinetti, Breccia, Vaillant, Dalmás, Nicolini, Couriel, Baráibar, Korzeniak, Xavier, Percovich, Amaro, Rubio y Lorier. El quórum está garantizado. También están presentes los diputados de AU Luis Gallo y Alfredo Asti.

Alberto Cid, correligionario y amigo del homenajeado, abre los discursos de rigor. Advierte que su homenaje será a través de las palabras aunque estas no son suficientes para expresar la personalidad de Segovia ni los sentimientos que deja su muerte. «Sabemos que lo necesitamos y que no estará, dejando un silencio que es ausencia». Enumera las cualidades intelectuales y morales de quien fuera su «amigo y hermano», una persona afable, serena, amigo de los chistes cortitos y de los diálogos largos. Fue profundamente laico, tolerante y dispuesto a oír otras opiniones. Remarca la tristeza mostrada por los funcionarios al enterarse de su muerte, y en ese momento, visiblemente emocionado, se le corta la voz.

Fue un frentista de la primera hora, y admirador de Seregni, y se especializó en temas militares; esto lo llevó a relacionarse con la cúpula militar, lo que facilitó el relacionamiento entre la fuerza política y las jerarquías castrenses. Recuerda Cid que fue Segovia quien propuso que una de las salas del Senado llevara el nombre de Alba Roballo, aunque no sabemos si llegó a enterarse de que su propuesta se había concretado.

Termina, nuevamente emocionado, preguntándose: «¿Qué vamos a hacer con tanta ausencia?».

Larrañaga adhiere con emoción y afecto al homenaje. Recuerda que además de ejercer su profesión, integró el Claustro Universitario, fue edil y presidente de la Junta Departamental de Rivera. Señala que fue un hombre afable, con un sentimiento nacional muy especial, y destaca su dimensión humana así como su sentido del humor; resalta, también, la característica de estar siempre dispuesto a brindar aportes destinados a construir.

Susana Dalmás expresa que fue un ciudadano ejemplar, correligionario (fue fundador de Asamblea Uruguay) y amigo. Destaca también su sentido del humor y afirma que irradiaba siempre «una inusitada carga de energía positiva». Todo su accionar estuvo atravesado por el desvelo de exigir la mirada desde el interior del país; siempre peleó por la inclusión de militantes del interior. Se caracterizó por ser un «tenaz constructor de puentes hacia quienes no pensaban como él».

Su sentido de amor al prójimo no lo ejerció como un mandamiento sino como un principio rector, y es así que se explican su entrega total a la causa de la justicia en la sociedad uruguaya y su práctica constante de la solidaridad.

El doctor Sanguinetti –que luce saco beige, camisa blanca y corbata roja– adhiere al homenaje, con la misma emoción, en nombre de la bancada colorada. Aprovecha la ocasión para recordar el origen batllista del homenajeado, que ingresó en la vida política en la Lista 99 liderada por Zelmar Michelini. La muerte de Segovia «nos acerca a la nostalgia, esa mezcla de dolor agrio por la ausencia con el dulzor de los buenos recuerdos».

Rubio toma la palabra para decir que fue un personaje entrañable, amigable, clásico; un gentilhombre, un caballero de la política, con la capacidad para contagiar, generar complicidades para las buenas cosas.

Lorier, por su parte, destaca que Segovia se caracterizó por saber aproximarse a los hombres y al paisaje. Percovich lo recuerda como compañero frenteamplista, y su recuerdo está ligado a la alegría. Korzeniak adhiere en nombre del P. Socialista y destaca su contribución a la tarea unitaria y constructiva.

Al cumplirse una hora de discursos, se mociona para que las palabras vertidas sean enviadas a los familiares, a Asamblea Uruguay y a la Mesa Política del FA de Rivera, y que el Cuerpo observe un minuto de silencio. Así se hace, y tanto los senadores como los asistentes a las barras prorrumpen en aplausos.

En la media hora previa, Heber se excusa por no haber podido asistir al homenaje por razones de salud y suscribe todo lo dicho por sus colegas. A continuación, el senador Lapaz –elocuente como pocos– la emprende contra el gobierno argentino que tolera la política foquista de los ambientalistas de Gualeguaychú, que se proponen boicotear el turismo, y elogia al presidente Vázquez por su firme respuesta negativa al pedido cursado a la Dinama. Haciendo gala de una vasta cultura clásica, el senador herrerista cita a Catón en sus catilinarias: «¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?».

El Senado se dispone a tratar la destitución de dos funcionarios, por lo que pasa a sesión secreta; debo abandonar mi puesto y no estoy en condiciones de chismear a los lectores lo que ocurrió.

A continuación, se tratan varios asuntos que ya vienen aprobados por unanimidad en las distintas comisiones, por lo que no hay debates de interés. Lo único rescatable es que uno de esos proyectos viene de Diputados con la firma de Luis A. Lacalle Pou y de Guillermo Chifflet. Se trata del proyecto por el cual se dictan normas que obligan a las empresas que contraten servicios tercerizados con organismos estatales a cumplir con los laudos y los salarios mínimos.

Heber –un pícaro por naturaleza– aprovecha la volada para recordar al ex diputado socialista y señala la coherencia ideológica que lo llevó a renunciar a su banca por principios, un hecho que lo enaltece y enaltece al Partido Socialista, afirma Heber mientras mira con su sempiterna sonrisa (medio ingenua medio irónica) a Korzeniak. Susana Dalmás fundamenta a favor de este proyecto que permite terminar con situaciones especialmente injustas, y de paso, le retruca a Heber recordándole que Chifflet hizo lo mismo que había hecho Manuel Singlet en 1991, cuando se votó la privatización de Antel. Tomá pa vos. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje