Mónica Travieso y Sandra Etcheverry a punto de "cortar para la salida"

Diputados: luego de un escándalo quedó en suspenso interpelación a Danilo Astori

Totalmente descontroladas, en medio de una inesperada discusión, las diputadas Travieso y Etcheverry, a grito pelado, se dijeron de todo al mejor estilo de las chicas de un viejo boliche que supo regentear «La Mellada», allá en Libertad.

 

Un final escandaloso

Rato antes, la oposición había logrado que se aprobara una interpelación al ministro Astori por la reforma tributaria. Pero de pronto, advirtiendo, astuto, que las filas de colorados y blancos raleaban, Aníbal Pereyra (Espacio 609) pidió una de las dos rectificaciones de votación que el reglamento permite. La Mesa hizo lugar y, al levantarse otra vez las manos desapareció, como por arte de birlibirloque, la cantidad imprescindible y el llamado a sala fue desestimado en segunda instancia.

¡Para qué! El consiguiente despelote superó las últimas disputas mediáticas de Florencia de la V. Con menos espíritu trasgresor pero enojadísimo, Iván Posadas (Partido Independiente), de pie, congestionado el rostro, espetó un de todos modos respetuoso «Â¡no hay lealtad!»; Gustavo Borsari (Herrerismo), bastante compuesto dadas las circunstancias, dijo que estaba frente «al acto de cobardía política más grande» y que «nunca había visto tamaña deslealtad»; y Jorge Gandini (Alianza Nacional), ya en plano de «le doy al que venga», bajó un peldaño de la pedestre adjetivación usada aludiendo a «una chicana, una muestra de cobardes», al tiempo que aseguraba que Astori «tendrá que venir igual, tarde o temprano».

Fue ahí que pidió la palabra Sandra Etcheverry (Alianza Nacional), vestida de rosado, fino color rápidamente disuelto en el rojo bermellón que tomó su rostro de la calentura que la dominó. Cuando de su delicada boca comenzaron a brotar sapos y culebras dirigidos al oficialismo, un estrépito de gritos, silbidos, irónicos aplausos y golpetear de bancas trató de aplastar sus dichos sin lograrlo del todo. En medio de la batahola, se vio y oyó con claridad a Mónica Travieso (Espacio 609), quien estuvo a punto de bolear la pata y correr por encima de lo que hubiese a su paso, calificar a Etcheverry con epítetos descriptivos dignos de un tablado en Casavalle a las tres de la madrugada, mientras la combativa Sandra, lejos de recular (sin alusión indebida de índole alguna), le imputaba a su rival unas características poco estimulantes que es imposible reproducir por más libertad de expresión que haya.

El presidente Julio Cardozo, cuyos ojos jamás se habían visto tan abiertos ni su prolijo pelo tan erizado, pegó unos timbrazos acalambrantes, cortó los micrófonos y suspendió la sesión por diez minutos. (Hay que aclarar que Travieso y Etcheverry siguieron vociferando, contenidas a duras penas por bien dispuestos y valientes correligionarios).

 

Todo empezó movidito Pero esta historia tuvo un comienzo.

Apenas se había aprobado el segundo punto del orden del día, un proyecto de ley para la categorización de centros poblados, pueblos, villas o ciudades, informando con minuciosidad de posgrado por Jorge Patrone (Asamblea Uruguay). Fue entonces que Iván Posadas (Partido Independiente), contando con los votos de blancos y colorados, presentó una moción de orden para convocar a sala al ministro de Economía Danilo Astori. El tema de la interpelación: la reforma tributaria.

Teniendo en cuenta que Astori y su equipo habían concurrido en la mañana a la Comisión de Hacienda de Diputados, precisamente para informar acerca del proyecto correspondiente, al oficialismo le llamó la atención la moción. No obstante, fue aprobada. Pero la cosa empezó a calentarse enseguida.

He aquí una síntesis del tipo de leña que cada cual fue tirando al fuego.

Posadas, en este momento con tono didáctico: «Hace seis meses que esto viene y va y es hora que se analice en serio en el Parlamento. Esta reforma, a nuestro juicio, va a ser absolutamente negativa».

Pereyra, embestidor pese a la ronquera: «Esta interpelación se ha pedido el día que Astori vino a Comisión a explicar el proyecto. ¿Quién dice que no se ha discutido? Esto no tiene nombre. No se agota nuestra capacidad de asombro».

Washington Abdala (Foro Batllista), con voz de barítono y gesticulando como Eduardo Pavlovsky: «Somos testigos de que hay una agenda fuera del Parlamento. Ha sido más importante la interna del Frente. Esto viene herméticamente cerrado. Tenemos derecho a un gran debate parlamentario. Si no, se hará en las esquinas, porque sale caro sacarle plata a la gente».

José Pedro Cardozo (Herrerismo), sin la corbata rosada del otro día, menos mal: «El debate en Comisión ha sido absolutamente recortado. Nos entregaron copia del proyecto a las 10 de la mañana y Astori vino 10.30 ¡para tratar 140 cambios introducidos al texto original!».

Carlos González Alvarez (Alianza Nacional), canchero, onda gaucho pícaro: «El Frente generó la discusión en la interna, no acá».

Silvana Charlone (independiente Frente Amplio), luciendo una blusa prístina, tipo blanco Nevex (¿es chivo?): «El proyecto es ahora más equitativo. No entiendo cómo a la mitad de la exposición del equipo económico se larga un llamado a sala. A mí no me asombra, es un show mediático».

Gandini, con una obesidad feliz controlada a duras penas: «El proyecto se decidió en la Mesa Política del Frente, pero ésta no legisla. La interpelación se planteó cuando Astori se fue, estuvo una hora y media. Yo lo había llamado antes y no me atendió ni me respondió los mensajes. Si no quiere sopa, ahora dos platos».

Jorge Patrone (Asamblea Uruguay), de nuevo con un perfil académico, le recordó a la mesa el Reglamento para llamar al orden a quienes usan el fundamento del voto para hacer expresiones políticas incorrectas.

Javier García (Alianza Nacional), conteniendo con educación religiosa la rabieta: «Cada vez que llamamos a un ministro se arma este espectáculo. ¿Por qué asombra cumplir con la Constitución?».

Alvaro Vega (Espacio 609), sacudiendo la espada verbal como el «Zatoichi» de Kitano: «No saben de qué trata el proyecto pero están en contra. ¿Cómo, si no saben? Interpelen, pero no nos traten de nabos, porque todos sabemos que esto termina ofendiendo la inteligencia ajena».

Carlos Gamou (Espacio 609), cada vez más parecido al viejo maestro del pequeño saltamontes: «Hoy podemos comprobar la teoría de Freud sobre los actos fallidos. Hoy inauguramos un nuevo estilo de interpelación sobre un proyecto que está en discusión. Sepan que la mayoría absoluta surgió de los monjes del Alto Medioevo y que frente a la homofonía, que para los griegos era el paradigma de unidad, yo prefiero la sinfonía». (Carlitos, publicá un anexo explicativo).

Federico Casaretto (Correntada Wilsonista), prolijo, almidonado: «Lo dijo Astori, éste es un proyecto cerrado. Hacemos bien en interpelar».

Juan Carlos Souza (Espacio 609), tanguero, termo y mate al lado, pero como abandonados: «A quienes nos tildan de votar con mano de yeso les recuerdo que ellos lo hicieron durante décadas».

Richard Charamello (Alianza Nacional), que no quiso pero fue insulso: «Vamos a ver quién está con la gente y el país productivo».

Eduardo Brenta (Vertiente Artiguista), tan sobrio que hoy aburrió un poquito: «Acá se votaron Rendiciones de Cuentas y Presupuestos en 45 minutos. Comparen con el tiempo que dispuso y va a seguir disponiendo la oposición para discutir esta reforma».

Alfredo Asti (Asamblea Uruguay), gritón y metiendo algún falsete: «Vamos a demostrar que el 80% de la población va a pagar menos impuestos».

Sergio Botana (Alianza Nacional), con apariencia menos voluminosa gracias a un sobrio traje azul: «Voto la interpelación porque me gust
a hablar con los que mandan, porque ahí es que se puede cambiar algo».

Finalmente, Javier Chan (suplente Nuevo Espacio), Guido Machado (Foro Batllista) y Borsari, éste sacándose y poniéndose los lentes continuamente, redundaron en abundancia.

 

Fin de fiesta

Al final, la oposición volvió a reunir en sala los votos suficientes; quien no regresó fue Beatriz Argimón (Correntada Wilsonista), que había estado un rato hablando con Nora Castro, de espaldas  tanto que generó cierta inquietud poética alrededor  a la bancada de prensa.

Se esperaba la tercera votación pero todos, oficialistas y opositores, se dedicaron a seguir argumentando.

Silvana Charlone, que ahora vestía chaqueta sobre la blusa blanquísima  raro, no podía ser por frío ¡si resoplaba de bronca!- contestó la acusación de deslealtad que le había quedado ardiendo; José Pedro Cardozo repitió que se va por mal camino porque se olvidan los códigos parlamentarios; Posadas insistió en que hubo una chicana; Javier Salsamendi (Espacio 609) aconsejó que «calavera no chilla»; Esteban Pérez (Espacio 609), como saliendo de un letargo recordó que también hay códigos morales, no sólo parlamentarios, y que «el pueblo nos paga para estar acá las horas que sea»; y Carlos Enciso (Correntada Wilsonista), Aníbal Pereyra, Quintín Olano (Correntada Wilsonista) y Adriana Peña (independiente Partido Nacional) insistieron en redundar.

Conclusión, a la hora 20 el presidente Cardozo, a quien no ofendo si digo que ya estaba podrido, pegó un timbrazo estremecedor y dio por concluida la sesión. Dicen los que quedaron con la temperatura elevada que hoy volverán a ir por la interpelación.

Ah, algo que todos saben aunque disimulen: Astori, si finalmente lo llaman, irá después de que el proyecto de Reforma Tributaria haya sido aprobado.

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