A Rafael Michelini lo golpearon primero: mañana puede ser otro
El primer impacto del programa de Zona Urbana fue que el quincista Pedro Bordaberry le había ganado la partida a Rafael Michelini, al dar a conocer una grabación donde el senador del Nuevo Espacio decía que no creía que Juan María Bordaberry hubiera asesinado a su padre, Zelmar Michelini.
Grabación que fue acompañada por otra, esta vez del doctor Gonzalo Fernández quien le decía a Bordaberry (h) que quienes mataron a Zelmar y a Héctor Gutiérrez Ruiz eran asesinos argentinos y que lo habían hecho «por la guita».
En esas horas de la noche del miércoles, al escucharse esas grabaciones, pareció caerse como un castillo de naipes todas las acusaciones contra Bordaberry (padre), por sus responsabilidades en la violación a los derechos humanos durante los tres primeros años de la dictadura.
El primer round, lo había ganado la derecha. Rafael Michelini y Gonzalo Fernández quedaban ante la opinión pública como personas que decían públicamente una cosa, pero que en la intimidad sostenían otra. Pasaban a ser los culpables, cuando eran los acusadores.
El golpe al mentón lo había provocado Pedro Bordaberry, quien en los últimos años supo construir una imagen democrática y moderada, alejada de la historia de su padre, al grado que hizo reverdecer al Partido Colorado de Montevideo en las últimas elecciones departamentales, colocándose en un segundo lugar muy detrás del Frente Amplio.
Bordaberry (h) llegó a dar, en los últimos años, la imagen de un hombre sobre el que había que tener compasión. «Nadie puede juzgar a Pedro por la coyuntura política y las decisiones que le tocaron a su padre. Nadie puede reclamarle que se pronuncie al respecto», dijo en su defensa Jorge Pacheco Klein (otro hijo de…), en mayo de 2005, en una carta que envió desde Estados Unidos.
La impresión que se escuchó en distintos lugares públicos fue que Bordaberry había golpeado al gobierno y a Michelini en la zona ética de su política: su punto más fuerte. Pero pasadas las horas la situación comenzó a revertirse. El apoyo del doctor Jorge Batlle y del diputado Daniel García Pintos a Pedro Bordaberry fue una mala señal para sus intereses, en tanto el ex Presidente aún no ha superado su mala cotización en la «bolsa» de la opinión pública y el legislador mantiene su fe «jupista».
A la vez comenzaron a conocerse determinadas informaciones que el impacto televisivo no había dejado ver. Una de ellas fue que Bordaberry había entregado, diez días antes del pasado miércoles, la cinta con la voz de Gonzalo Fernández al semanario Búsqueda, un medio de prensa claramente identificado con la derecha política y que está en plena campaña contra el gobierno. Búsqueda y Zona Urbana se mostraban como hermanos siameses.
La vuelta de la tortilla
Fue así que la idea del operativo político creado en base a grabaciones clandestinas actitud que no es del agrado del uruguayo común con la participación de medios de prensa, comenzó a oler mal y a multiplicar el impacto de la portada del jueves de LA REPUBLICA. «Show mediático en Zona Urbana para entreverar las cartas y salvar al dictador Bordaberry» fue el título principal, junto a las fotos de Zelmar Michelini y Juan María Bordaberry, poniendo así un nuevo eje en la reflexión colectiva. Actitud muy distinta a la que tuvo El Observador, quien prefirió jerarquizar un eje secundario en el debate. «Dos hijos cara a cara», fue el título elegido, que por cierto favorecía a Bordaberry, quien en el programa televisivo se había presentado como un hijo desesperado que defiende a su anciano padre, de los ataques de otro hijo dolido.
La diaria, dejando de lado su fina flema, tituló fuerte contra Bordaberry: «Qué hijo de …». El viernes otros medios salieron al cruce de la operación que intentó lavarle la cara a la dictadura. «Un operativo infame, el montaje mediático», dijo Brecha, mientras que Caras y Caretas escribió: «Desesperada operación mediática para evitar la prisión del viejo dictador». Mientras que Margarita Michelini, hija de Zelmar, lanzó dos preguntas decisorias: «¿Por qué Juan María Bordaberry se esconde detrás del hijo?, ¿por qué no da la cara y lo saca de la escena? ¿por qué toma ese camino que debiera avergonzar a cualquier padre?».
Con estas reacciones el silencio en filas de coloradas fue ganando espacio, porque la izquierda y el democratismo de los uruguayos resultó ser mucho más fuerte que el planificado impacto televisivo que se construyó para salvar al dictador.
La derecha se encontraba con la hora de la derrota y no de la gloria. La tortilla se había dado vuelta y el castillo dejaba de ser de naipes. El segundo round fue para Michelini, a quien quisieron sacar del cuadrilátero. Lo mismo, hace años, hicieron contra José Germán Araújo, quien también quiso conocer la verdad. Primero lo denigraron, después lo cubrieron de dudas, más tarde lo echaron del Parlamento.
Como pasado mañana puede ser otra la víctima, hay que dormir con un ojo abierto. Ya movió, en ese sentido, el acusado Gilberto Vázquez cuando dijo que tenía amistad con la doctora Hebe Martínez Burlé.
Eleuterio Fernández Huidobro escribió el jueves en LA REPUBLICA, sobre otro tema pero que sin proponérselo tiene valor para este caso: «El 12 de noviembre hay que ir y votar a quien más le guste a cada uno y si no tiene preferencia, meter dos listas diferentes en el sobre votando por lo tanto a nadie pero afirmando así su apoyo al Frente y al gobierno». *
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