La columna de Sherlock
Los chicos crecen
Sherlock se dio una vuelta por el Palacio Legislativo y llegó al piso dos, donde diputados blancos y encuentristas comparten la zona.
Sobre el ala derecha del piso encontró, como en otros días, más de diez personas esperando a un legislador.
– Ché, ¿esta gente a quién espera?, preguntó el investigador a uno de los ascensoristas.
Y la respuesta fue categórica: «Seguramente es el Cuqui chico, es una máquina trabajando, por día recibe a diez canarios». Sherlock dio unos pasos, llegó hasta la puerta del despacho de Lacalle Pou y lo comprobó: era toda gente de Canelones que esperaba entrevistarse con el legislador más joven del Parlamento.
– Hijo de tigre, dijo el sabueso y se fue hacia el piso cuarto para entrevitarse con Gustavo Borsari, quien prefiere las alturas del Anexo.
El amigo de Allende
El recordatorio a Salvador Allende se desarrollaba con normalidad. El general Líber Seregni, uno de los invitados, terminaba de señalar que previo al golpe de Estado en Chile el general Pinochet había apoyado al gobierno constitucional, cuando el diputado– asambleísta Carlos Baráibar solicitó la palabra.
De inmediato el silencio fue total, porque todo el mundo esperaba una explicación sobre el papel de la democracia cristiana chilena e internacional en aquellos días. Pero el diputado arrancó para otro lado.
– Yo conocí a Allende, me reuní dos veces con él en La Moneda, dijo sin que nadie reaccionara.
– No traje fotos porque no las encontré- agregó-, ¿verdad vieja?, dijo señalando a su esposa, quien sólo atinó a decir con voz muy bajita: «Sí Carlos, sí».
«Confirmado», dijo Sherlock, quien en ese momento buscaba otra lapicera porque se le había terminado la tinta.
Sherlock se levantó tempranito para ver el desfile inaugural de las Olimpíadas. Como está un poco corto de vista se compró unos binoculares, para mirar de cerca la tele.
Luego de agarrarse tremenda calentura con lo de La Cumparsita y los argentinos, se preparó para ver la delegación uruguaya.
En eso vio, en la pantalla chica, al ex comandante en jefe del Ejército, Fernán Amado, saludando para las cámaras. y junto a él al hijo del general Manuel Fernández – aquel que arrestó Batlle por no querer la paz-, que compite en equitación.
Cuando no salía de su asombro sonó el teléfono, levantó el tubo y escuchó una voz: «Amado no compite, lo llevaron porque es concertista de guitarra y de noche les toca a los competidores unas vidalitas».
Investigan en El País
(Esta nota no fue escrita por Sherlock, por encontrarse en plena recuperación emotiva, sino por un colaborador).
En la noche de ayer Sherlock fue internado de urgencia en su casa debido a que por la noche leyó un editorial de El País, lo que le causó una fuerte alteración emocional. Parece ser que próximo a las 20:30 horas leyó el editorial titulado «Recesión sí; pesimismo no», donde por primera vez en la historia de ese matutino se califica a la dictadura de «feroz dictadura».
El impacto fue tan grande que Sherlock se vio obligado a tomarse la presión y a optar por quedarse en su casa, según recomendación médica.
Se supo luego que se investiga quién fue el izquierdista que se atrevió a escribir «feroz dictadura», cuando hasta ahora para los editoriales de El País era sólo «régimen de facto» o «proceso cívico militar».
El Hugo se ganó a Batlle
Nunca fueron muy amigos, más bien lo contrario. Pero pasó el tiempo y poco a poco se fueron aproximando. Hablamos del presidente Jorge Batlle y del embajador en EEEUU, Hugo Fernández Faingold.
– Ché, este muchacho está cada vez mejor, parece que dijo el Presi a la vuelta de Estados Unidos, le contaron a Sherlock el pasado viernes en el Edificio Libertad.
El investigador, que escuchó eso en la mañana, en la noche lo confirmó durante un programa televisivo: al único que elogió el Presi fue a Fernández Faingold.
El sábado trató de ampliar la especie y así fue: «Desde que llegó del Norte se la pasa hablando bien del Hugo, está enloquecido con el embajador».
Viernes en la noche, Agenda Confidencial. Centro va, centro viene. Pero Batlle desconfiado y mirando a Néber Araújo de costado. Es que el Presi estaba molesto porque ningún directivo de Canal 12 lo había recibido previo al programa.
En un momento, de los pocos, Araújo se puso fuera de línea e intentó preguntarle sobre el malestar de Batlle con «Simón», el presidente de la Asociación Rural. Sherlock, que en ese momento preparaba un medio y medio para seguir atento el desenlace, quedó frío al sentir «Simón». Y mucho más frío se puso cuando Batlle puso cara de no entender, con un gestito de asco. Es que el presidente de ARU se llama Sydmonds, que por lo general se pronuncia «Saimonds», error de Araújo que le sirvió al Presidente para marcar la cancha.
– Es que Néber es bilingüe, dijo el investigador con la intención de salvar al comunicador, a lo que el dueño del boliche le agregó: «Es bilingüe: habla español y criollo».
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