-Bueno, pero no lo hicimos así…

-Claro, entonces el concepto a conquistar es flexibilidad. En la Comunidad Europea a los países chicos que les va muy bien, por ejemplo Irlanda, Bélgica, Holanda, no se les dio el mismo peso en las decisiones comunitarias pero se les dio otras ventajas, hasta subsidios, para compensar y aminorar el impacto de la integración. Los países grandes tienen interés de considerar a los más chicos para que todo el mundo crezca.

-¿Eso es posible con Argentina y Brasil?

-Bueno, no sólo no es posible sino que creo que Uruguay no lo debe pedir. A ver si nos entendemos. Uruguay debe hacer este razonamiento: miremos cómo viene el Mercosur; Argentina y Brasil han multiplicado entre 5 y 7 veces su comercio hacia el Mercosur; la participación de las exportaciones uruguayas al bloque, que en algún momento llegó al 50 por ciento del total, es hoy menor al 25 por ciento. En cambio, Uruguay adquiere al Mercosur el 50 por ciento de lo que compra. Estamos dos a uno. Por cada dos pesos que compramos, logramos vender uno, con las dificultades que todos conocemos del arroz, la leche, en fin. Habría que decirle a Brasil y a Argentina: miren, de la manera que está armado el Mercosur no camina; primero, la canalización de inversiones, donde no hubo una política común y Brasil, sobre todo, en los primeros diez años prácticamente se quedó con todas las inversiones; segundo, en el comercio regional está claro que Uruguay no debe favores sino que es al revés. Si estuviéramos en una época de comercio administrado, al modo del PEC y el Cauce, Uruguay tendría derecho a pedir cuotas de comercio mayores de las que recibe hoy en el Mercosur. Entonces, mis amigos, ustedes me están empujando a vender mi producción al exterior. Hoy, tres cuartas partes de lo que exporto va al mundo. Por tanto, quiero tener flexibilidad, tanto en materia de aranceles, por ejemplo, como para hacer todos los acuerdos comerciales necesarios para crecer. Ahora, para encarar esto los uruguayos debemos primero conformar una gran voluntad nacional. Lo que yo percibo con preocupación del debate de estos días, es que el tema está pasando por aspectos de coyuntura que no son lo esencial: la situación con Argentina, el plazo de Estados Unidos por el famoso fast track, etcétera. Estados Unidos es una de las tantas posibilidades que tenemos; es más, si uno mira la evolución del comercio de Uruguay desde 1830 a la fecha, salvo quince años durante los cuales el Mercosur anduvo un poquito mejor, nuestro gran socio ha sido Europa. Y el gran socio comercial del futuro para Uruguay y buena parte de América Latina es Asia. Estados Unidos es un mercado importante, pero si uno lo ve en perspectiva y aún hoy, para Uruguay tiene alrededor de un 25 por ciento de incidencia frente al 50 por ciento del resto del mundo. No debemos concentrarnos tanto en decir «es Mercosur o Estados Unidos». Es Mercosur y el mundo, y dentro de éste también Estados Unidos. Me preocupa que estemos dando la impresión de no haber alcanzado una gran voluntad nacional y no tengamos claro todo esto. Una buena negociación lleva mucho tiempo, la tienen que hacer profesionales y, además, siguiendo una línea macro.

-¿Está tan convencido de que el Mercosur puede darle a Uruguay esa flexibilidad? Ahí puede haber dos lecturas. Una, la cosa no es tan factible. Otra, hoy no es tanto la posición de Argentina y Brasil, socios fuertes, sino también la de Venezuela, otro socio pleno que ha aparecido en el escenario. ¿Sabemos qué piensa Venezuela?

-Yo opino lo mismo que Lavagna. No hay ningún obstáculo jurídico para que Uruguay negocie. Primero, porque quienes ya han negociado antes son otros…

-Es decir, usted cree que nuestro país podría negociar con el resto del mundo aún sin autorización expresa…

-No creo que se requiera esa autorización. El Tratado de Asunción no exige eso. Hay una decisión de los presidentes, al momento de suscribirse el acuerdo, que a mi juicio facilita las cosas. De todos modos, no soy un experto en esto. Sí creo que lo primero es nuestra voluntad. Luego, plantearnos cómo la llevamos a la práctica. Hay un primer frente jurídico, bueno, veamos jurídicamente hasta dónde se puede llegar en nuestra intención; para mí no estamos impedidos. Digo más: el Tratado no puede inhibir al Parlamento ni a la Constitución de cada país. Después veremos cómo se procesa, porque no basta tener el derecho. Yo creo que hay que informar, sí, pero ir y hacer las negociaciones. No pedir permiso. Para respaldar esa actitud está la realidad objetiva del comercio regional y las asimetrías que nos desfavorecen. Y finalmente está la conducta de nuestros propios socios, que han negociado y negociarán con terceros países. Está claro que el Mercosur, como se pensó inicialmente, no ha funcionado. Toda la gente profesional que lo analiza dice que es una unión aduanera imperfecta.

-Hay algo que conviene explicar, porque seguramente pocos lo entienden. Viendo las cifras que usted ha manejado, y teniendo en cuenta que ya se está abriendo una posibilidad muy importante con los países asiáticos, ¿por qué parece que todo el comercio internacional se discute en torno a Estados Unidos?

-Si mañana el presidente de la República lleva a Anchorena a todos los líderes de la oposición, y a todos los técnicos disponibles, y dice «de acá no sale nadie hasta que se conforme una voluntad nacional», y supongamos que ese acuerdo fuera el mismo de Chile, ¿cuál es el punto? Vuelvo al principio. Chile dijo: «yo negocio con todo el mundo». Como decía Luis Batlle: «yo quiero que me compren». Y en aquella época el mundo era bipolar; pero él decía: «no importa, que me compre cualquiera». Ahí está la cosa. Si la voluntad nacional está, y es buscar la mejor inserción internacional para tratar de vender, los demás problemas se desvanecen. Además, no es sólo acordar para vender lo que producimos ahora. Si nosotros logramos buenos acuerdos con Europa, con Estados Unidos, con Asia, va a haber mucha gente, uruguaya o no, interesada en invertir. Imagine que hay buenas perspectivas con la soja y entonces alguien va a decir «veamos qué pasa si procesamos soja». Porque al final, el lío de la celulosa es un lío de fletes. Resulta que la celulosa ocupa diez veces menos volumen que el tronco. Hoy Uruguay incluso exporta mucho tronco. Es un negocio de fletes. No es sólo el valor agregado sino en cuanto se reducen los fletes. Yo dije soja, pero puede ser cualquier otra cosa que, al tener reglas claras y mercados abiertos, se haga viable y genere ganancias. Uruguay debe brindar oportunidades. Sobre bases así Chile negoció con Estados Unidos y al otro día negoció con China y mientras tanto seguía negociando con la Comunidad Europea. Y si decimos «con todos», le sacamos ideología y dramatismo al debate y nos ponemos a hacer negociaciones profesionales.

 

Las reformas necesarias

-¿Así se abriría el camino al crecimiento a través del comercio con el exterior? Me pongo en abogado del diablo. ¿No parece demasiado sencillo?

-Hay otras cosas. Los países que quieren crecer tienen que ser convenientes. O sea que el conjunto de costos, tipo de cambio, sistema tributario, energía y otras cosas sea favorable. Hoy China es conveniente, Chile es conveniente, cuidan eso. Costa Rica también. La principal política de Estado es querer crecer. Uruguay algo ha hecho, ha fluctuado, por ejemplo ahora está considerando un nuevo sistema tributario, por lo tanto hay un punto de vista central. ¿Este nuevo sistema tributario ayudará a la producción, sobre todo en comparación con los países con los que podemos competir para traer un trabajo, una inversión? Lo mismo es válido preguntarse sobre el costo de la en
ergía, el costo de las comunicaciones. Otra cosa que hacen todos los países bien encaminados es invertir en el principal capital, que es el capital humano. Y eso refiere a una modernización de la educación y una apuesta fuerte a ella. Además, porque es la única manera de que el crecimiento al que se aspira, si se logra, cause la necesaria inclusión social. Y lo digo yo, que soy gran hincha de la escuela pública desde siempre, y por eso creo que sigue siendo una gran herramienta de desarrollo sobre la que hay que seguir invirtiendo. Volviendo a la pregunta, mire, yo creo que Uruguay está haciendo algunas cosas y tiene que hacer otras viendo qué le pasa, por qué otros logran el éxito, comparar y decidir.

-¿Esto tiene que ver con la reforma del Estado?

-La reforma del Estado… Bueno, siempre hay dos maneras de ver el Estado. Una, como organización, porque si es menos moderna y más costosa impedirá crecer. Otra, como un centro de transferencias para la equidad social, que, al final, es lo que lleva más dinero del Estado: ahí están las jubilaciones, las políticas sociales. Si lo vemos como organización, hay dos ejemplos muy claros: el primero es el puerto; cuando estuvo la CIDE, en 1965, el dictamen del futuro de nuestro puerto fue calamitoso, a punto de ser declarado puerto sucio; hoy no se habla del puerto salvo para decir qué bien que le va. Bueno, esa reforma se procesó a la uruguaya. Pongo otro ejemplo: muchos productores argentinos han venido a plantar al Uruguay, porque en su país hay detracciones y acá no. Ahí tiene cómo un sistema tributario puede alentar o desalentar. Sin duda, estas cosas son relevantes en ese permanente trabajo de reformas que hay que encarar, como también una política global de Estado. Esas son las dos grandes cuestiones: la inserción y cómo son las bases para favorecer un crecimiento sostenido. Pero insisto, lo peor que le puede pasar a Uruguay es estar dividido acerca de cómo pararse frente al mundo. Un consenso al respecto es hoy, por los tiempos del mundo y la velocidad de las cosas, muy urgente.

-Vayamos a otro punto. Cuando se habla de inversión surge una simplificación: la que llega y habría que ver qué deja, porque básicamente es capital especulativo, y la otra, que algunos llaman productiva, que supuestamente genera empleo. ¿Pueden convivir?

-En general, es bueno que convivan porque se alimentan mutuamente. Por ejemplo, sería inimaginable un desarrollo industrial de Estados Unidos, de Japón, de Europa si no hubiera una Bolsa que a la vez invierte, pone acciones de empresas en emprendimientos y demás. Uruguay tiene muy poco desarrollado ese mercado y ojalá lo haga crecer. Los granjeros del Sur de Estados Unidos tienen un mercado a futuro, o sea que fijan precios, la Bolsa fija precios; hay que tratar de fijar precios, ya, hasta que se venda la producción y con eso conseguir el capital de giro para reinvertir y mejorarla. Claro, a veces esa inversión, llamada «de portafolio», tiene problemas por los movimientos y flujo de capitales. Pero nos llegará en algún momento, va a ocurrir, porque eso es el mundo. No vale la pena que discutamos si es bueno o malo en Uruguay, porque por ahora estamos muy lejos, pero sí hay que tomarlo como un dato de la realidad. En cuanto a la inversión «productiva», por cierto es una de las prioridades. Uruguay es una de las naciones de América Latina con más baja inversión productiva. Ese es un tema histórico y por tanto debe ser un norte grande. Ahora, lo primero para conseguir inversión productiva es darle condiciones favorables y que la inserción internacional sea un atractivo más, sobre todo por lo previsible. *

 

Una matriz común

-Usted mencionó antes el tema de la energía como una de las condiciones a ofrecer comparativamente. Y Uruguay está frente a un gran problema: cuál será su matriz energética futura, sumado a una gran dependencia…

-Seguramente yo no tengo todos los conocimientos necesarios, pero, a ver… Ojalá exista en el futuro una matriz energética ni siquiera del Mercosur sino subcontinental. Sería un proyecto viable y rentable para América del Sur tener una matriz común, porque permitiría compensar y estar siempre en el óptimo de cantidad y costos. Si UTE tuviera, a bajo costo, una energía de respaldo bastante segura de la región, podría haber muchas más inversiones. Eso hoy funciona parcialmente y entonces obliga a hacer lo que se ha hecho en San José, y que no siempre es rentable. Si el país, como aspiramos muchos, va a tener un crecimiento importante, sostenido, se tiene que plantear este tema y, algún día, también, si los niveles de desarrollo lo exigen, llegar hasta otras formas de energía como la nuclear. El problema ahora es que la energía no funciona en la región como un mercado totalmente integrado. Yo creo que Uruguay debe hacer cosas según sea su visión de futuro, el nivel de crecimiento esperado. Para un nivel de crecimiento no demasiado importante y un sistema imperfecto de integración, las líneas que se están tirando parecen razonables. Ahora, para un nivel de crecimiento mayor y una integración sostenible, va a llegar un momento, hoy o dentro de cinco años, en que tendrá que considerar otros tipos de energía. Se habla de la nuclear porque es la que más se acerca en los costos, pero hay otras fuentes como la eólica, aun las mareas, en fin. Claro, siempre habrá que ver los costos, porque los costos de la energía, cualquiera sea ella, hay que bajarlos si se quiere un país productivo y en crecimiento. *

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