Tres hombres de izquierda desataron una batería de críticas sobre el TLC con EEUU

"Nuestro deber es salir a señalar que se cometerá un error grave"

–Ustedes que han tenido una actitud crítica con la posibilidad de construir un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, ¿qué papel juega el comercio exterior en la construcción de un país productivo, en un país como el nuestro?

J.Q. Juega un papel muy importante, porque las economías pequeñas dependen mucho de su comercio exterior, de lo que exporta y de lo que importa. Ahora, no es lo mismo exportar cualquier cosa. Cuando uno es exportador predominantemente de productos primarios, con bajo procesamiento, obtiene ciertos resultados de comercio que suelen ser pobres, en cambio cuando uno es exportador de bienes con valor agregado, con contenido tecnológico, obtiene resultados con respecto a la calidad de vida de su población que son distintos. Por eso no alcanza con decir que el comercio exterior es importante, hay que agregar que ese comercio exterior tiene que tener cierta calidad de comercio.

Hay, en este sentido, casos de economías pequeñas sumamente exitosas que han logrado meter en el mundo productos de alta calidad. En cambio otros ejemplos muestran que hay países que exportan, por ejemplo, bananas, o cobre o carne.

–En la perspectiva de un país productivo ¿debe predominar el comercio exterior o la distribución interna de la riqueza? ¿Cuál es el resorte fundamental que hay que apretar para que arranque el país?

–A.C. En un país pequeño es muy difícil crecer sin una inserción dinámica en el mercado internacional. Conseguir objetivos de equidad requiere de la combinación de las exportaciones con el mercado interno. Inclusive Chile, que exporta cobre, el crecimiento que ha tenido tiene que ver, también, con el mercado interno.

Los que exportan productos primarios tienen siempre un menor ritmo de crecimiento, que los países que venden con más contenido tecnológico. En un mundo internacional donde la velocidad del cambio tecnológico es fundamental, quienes son dinámicos, son los que exportan con alta calidad o con alto contenido tecnológico o por lo menos con el mayor valor agregado a los recursos naturales.

–¿Es verdad que quien comercia más tiene posibilidades de recibir más inversiones?

–J.Q. No creo que sea una relación mecánica. Hoy hay una modalidad de comercio que se ha ido imponiendo, por ejemplo entre EEUU y México o entre Alemania y algunos países del Este europeo, que consiste en desarrollar lo que se conoce como maquilas. Las maquilas son formas en donde se desarrolla un comercio entre la casa matriz y la filial de una trasnacional, y en donde hay una relación importante entre el comercio e inversión. Esa es una modalidad, Hay otra modalidad, que es la que se apunta con el TLC. Se dice que si yo tengo un tratado para ingresar libremente a un mercado tan grande como el de EEUU podría ocurrir que desde ese país o desde Europa o desde Japón vinieran a radicarse aquí para colocar productos en EEUU. Esta segunda modalidad existe pero tiene la dinámica de las maquilas.

–A.C. Las exportaciones de México crecen al 11% y el PBI crece sólo el 3%. Estamos ante una especie de nuevo enclave con la maquila, donde la relación con el resto del sistema productivo es mínima y entonces ese alto crecimiento de las exportaciones no repercute sobre el conjunto de la actividad productiva, no repercute en el empleo, no repercute en lo social y el tema central de México sigue siendo la emigración hacia los EEUU.

–Caetano ¿cómo se aborda desde la Historia esta posibilidad de firmar en TLC con países poderosos?

–G.C. Haciendo una buena historia de la política exterior uruguaya, uno encuentra muchos insumos para pensar. No se trata de pecar de historicismo, sino que se trata de recoger una historia. Me voy a referir a la concepción herrerista de la política exterior. Luis Alberto de Herrera, que nunca fue presidente de la República, influyó decisivamente en la política exterior uruguaya y en la inserción internacional del país.

Una de las obsesiones de Herrera fue no construir un Gibraltar en el Río de la Plata. En realidad no inventaba nada: recogía uno de los principios que decidió la política exterior del Uruguay en el Siglo XIX. El Uruguay está inserto en un contexto regional, con fronteras con dos gigantes. No puede, por lógica, atarse a ninguno de ellos, debe oscilar entre ellos. Pero debe ser el factor de equilibrio. Herrera decía que la política exterior uruguaya debe ser la política de los círculos concéntricos. Primero el pago chico, después la región y después el mundo. Para ello establecía que no podemos indisponernos con Argentina o Brasil, tenemos que ser factor de equilibrio regional. Por eso, ante la tentación de generar una alianza privilegiada con EEUU, Herrera decía que no construyamos un Gibraltar. Esto lo dijo y fue decisivo aunque la sociedad y el contexto empujaban a una alianza privilegiada con EEUU, que era en plena segunda guerra mundial. En ese momento en contra de la instalación de bases norteamericanas en 1940 y 1944, solo estaban el papá de Pepe, Carlos Quijano, la FEUU y Herrera, quien por ello fue acusado de nazifascista. Mientras que todo el resto del sistema político estaba a favor de la instalación de bases militares norteamericanas, incluso la izquierda. ¿Cuál hubiera sido la historia del país si hubiéramos tenido bases militares de EEUU?

–Vamos, ahora a abordar el tema desde la economía, ya que Caetano lo hizo desde la historia. Quijano ¿cómo se aborda este tema del TLC desde la economía?

–J.Q. A partir de mediados de los años 70 hemos desarrollado una relación importante con los países vecinos. Hoy tenemos, más que bien, una inserción regional que significa el 25% de nuestro comercio internacional, donde hay más valor agregado y un poco más de contenido tecnológico que con el comercio del resto del mundo.

A la vez entendemos que el país debe comerciar con el resto del mundo, con EEUU, Europa, China, con quien sea. Los países pequeños tienen que tener diversificado su comercio y eso es bueno que así sea.

Este tipo de acuerdos, además del comercio, introducen otros temas que son bastante más complicados. En comercio tenemos una relación asimétrica con EEUU. Nos exige cosas, pero cuando nosotros decimos «mire, que su subsidio agrícola me perjudica, mire que su ayuda interna a los productores agrícolas me perjudica, nos contesta que ese tema no se trata en el TLC, se trata en la OMC».

Cuando nosotros decimos que preferiríamos que la liberación del servicio se tratara también en la OMC, nos dicen que se trata en el TLC. Si decimos que el tema de la propiedad intelectual se trate en la OMC, nos dicen que es en el TLC. Del punto de vista de la economía este solo hecho nos lleva a sostener que el país debe de tener múltiples prevenciones.

Couriel, desde la política ¿cómo encara este tema?

A.C. Los elementos de un TLC, según lo que EEUU ha hecho con Chile, Perú, Colombia, con América Central, están marcando en estos momentos que si hiciéramos un TLC de ese naturaleza, tendríamos una cosa positiva, que es conseguir un poquito más de cuota de carne, un poquito de textil y todo lo demás es negativo. En liberalización de servicios vamos a la defensiva, nada para ganar y todo para perder; compras gubernamentales no tenemos nada para ganar y todo para perder; propiedad intelectual no tenemos nada para ganar y todo para perder. Normas de competencia no tenemos nada para ganar y todo para perder. Pero, además, estamos en un mundo de bloques. Está el de EEUU en América del Norte, en Europa está el bloque liderado por Francia y Alemania, en Asia están China, Japón e India. Mientra
s nosotros vivimos en esta zona, no nos podemos mudar. Históricamente, geográficamente y culturalmente pertenecemos a América Latina. Aislado no puedo estar, si es así tengo que estar unido a alguien. Lo normal es que esté unido a América del Sur, después a América Latina. Yo comparto la posición de Herrera.

Hoy tengo una negociación comercial contra los subsidios agrícolas. ¿Por dónde voy? ¿Voy solo con EEUU? No puedo, tengo que ir con el grupo de los 20 (G20): América Latina, más China, más India, más Sudáfrica. Desde ese G20 tengo que volver a hacer alianzas. Tengo que ser muy pragmático. Si mañana concibo una alianza con Europa para parar la volatilidad de los movimientos de capital, donde EEUU no quiere hacer ninguna regulación, este G20 puede ir con Europa. Si mañana EEUU cambia de actitud con respecto a los subsidios agrícolas, donde el más duro parece ser la Unión Europea, me voy con EEUU para enfrentar los subsidios de la Unión Europea. Esta es una visión estratégica, que está fijado en la plataforma electoral, que estuvo en la campaña electoral, que está fijado en el programa del FA, al cual no quiero modificar. No quiero herir a mi país, con un TLC que afecte los principios básicos de la integración Latinoamericana y del Mercosur.

–¿Gerardo Caetano?

–G.C. Se nos dice que las negociaciones no han avanzado y que avanzar con la hipótesis de un TLC es apresurado, pero el apresurado es el gobierno. El documento que emerge de la comisión interministerial, habla de una zona de comercio, aunque obviamente evita halar de TLC. Casualmente cuando se les da el resumen del informe de esa comisión a los líderes de los otros partidos, se le saca todas las partes que la comisión planteaba como dudas, como prevenciones.

Si vemos los tratados que EEUU ha formado con países latinoamericanos, todos son del mismo formato. Además, ha trascendido en la prensa que los negociadores norteamericanos ha planteado el formato del TLC que se firmó con Perú. Además vemos que EEUU quiere acelerar la firma del tratado, para que no haya un debate, buscando generar un hecho consumado. Lo que ocurre que acá, de lo que se trata, es de un TLC clásico. Hay controversias a nivel de las informaciones sobre la reunión de Tabaré Vázquez con Lula. He estado en Jujuy con diputados y senadores de Argentina, además de las cancillerías paraguaya y brasileña, a propósito del parlamento del Mercosur. La información que yo tengo es que Argentina y Brasil, sus gobiernos, dan una apertura genérica para un tratado que no sea un TLC clásico. Pero, además, tomemos la hipótesis de que Lula y Kirchner, lo que no es así, le dan a Uruguay…

–Vía libre…

–G.C. Vía libre. El Presidente de Brasil dice que no a haber represalias con Uruguay, porque no tiene la autoridad para que eso ocurra. Esto ya lo hemos visto: nuestros camiones de arroz son detenidos en la frontera contra la opinión del Presidente.

–La burocracia dijo Lula…

–G.C. Son los agentes económicos. También hemos visto que la posición del gobierno argentino, en un inicio, el tema de Gualeguaychú no le importó, pero ahora se ha puesto al frente de la protesta. Es obvio que cualquier TLC que se firme con EEUU va a generar represalias regionales. Nos va a generar una situación, en una región complicada, muy difícil.

-Caetano dice que si nos acercamos a EEUU pueden aumentar los problemas con los países vecinos, pero hay otra lectura y es que si negociamos con EEUU tendremos mejores armas para pelear en la región. ¿Cómo ven esto?

–J.Q. Me parece que hay una pequeña confusión. Es común que los países más pequeños coqueteen con otros más grandes para obtener beneficios en la región. Esto sería un movimiento táctico. El problema es que Uruguay está trabajando en el marco de un movimiento estratégico de largo plazo. Estamos ante un movimiento estratégico que abandona posiciones regionales para ligarse, a largo plazo, con otros. Estas son cosas muy distintas y de consecuencias muy distintas.

–¿Couriel quiere agregar algo?

–A.C. Políticamente quiero agregar un elemento más. La ronda de Doha todavía no terminó, donde hoy puedo hacer un acuerdo sectorial con EEUU, sobre carne, lácteos, textiles. Esto no es un TLC y por ello dejo afuera la propiedad intelectual, la liberalización de servicios, las compras gubernamentales, las normas de competencia.

Corro riesgo de tener problemas con los países vecinos, de tener un problema interno dentro del gobierno, porque hay posiciones distintas de los diferentes grupos políticos del FA. Pero además uno se pregunta ¿todo esto para qué? Porque de pronto hay elecciones en EEUU, gana el Partido Demócrata y el parlamento norteamericano dice que no al TLC. Resulta que estamos corriendo una cantidad de riesgos y de pronto no puedo concretar el TLC con EEUU.

–Quijano habló de que se pueden tener relaciones tácticas con EEUU, pero que esas relaciones no se pueden transformar una estrategia de país. Es claro que Hugo Chávez tiene una estrategia explícita antinorteamericana, mientras Brasil no explicita esa estrategia pero opera en ese sentido. ¿Hay una estrategia uruguaya de resistencia al poder mundial o no es necesaria una estrategia en ese sentido?

–G.C. Yo no creo que Brasil y Argentina estén operando contra los EEUU. Incluso diría lo contrario. Lo que me dicen los legisladores argentinos y brasileños, así como funcionarios de Itamaraty, es que EEUU no va a hacer nada que hiera sus intereses estratégicos en relación a los dos grandes del Mercosur.

Pienso con Quijano que hay que diferenciar táctica de estrategia. Uruguay tiene que tener política exterior, porque los países pequeños tienen que buscar el mundo porque no pueden mirar para adentro, tienen que mirar para afuera. El Uruguay para adentro no es opción, por eso tiene que jugar en todas las canchas que le permitan encontrar el mundo. Para eso necesita una estrategia con buena táctica, pero con objetivos de corto plazo, de mediano plazo y de largo plazo.

Uno tiene toda la evidencia que eso no es lo que está ocurriendo en el país. Es que yo no puedo firmar un tratado con EEUU, desde una coyuntura para una coyuntura. Si yo estoy pensando en 2009, solamente en 2009, capaz que el TLC es una opción que en el corto plazo me da réditos. ¿Con qué costo? Estoy sacrificando a mis hijos y a los hijos de mis hijos. Estoy sacrificando el Uruguay de 2020 o del 2030. Y si algo estamos obligados en este país es a pensar en Uruguay de 2020. ¿Cuál es ese Uruguay? Es el Uruguay de la innovación, el del país de la integración a la región y al mundo, jugando en todas las canchas y no en una sola. Hay que tomar muchos trenes y no uno solo, eligiendo muy bien, con los cálculos bien hechos, los destinos. Confundir táctica y estrategia es lo peor que se puede hacer en política exterior, porque hay que tener muy claro que hay que diferenciar, con mucho pragmatismo, con mucha profesionalidad, táctica de estrategia.

-¿Estamos ante un error intelectual o hay intencionalidad de confundir táctica y estrategia por parte del algunos sectores del gobierno?

–A.C. Hay posiciones distintas, lo que es parte de la vida democrática. La democracia implica distintas ideas, es pluralismo, es también respeto y tolerancia al otro, a otros valores, a otra cultura.

Cuando nosotros nos imaginamos que es indispensable hacer un debate nacional, es porque creemos que en un proceso democrático como el uruguayo y en un cambio de estrategia de tal naturaleza, es tan relevante el tema que creemos en la necesidad de que haya la mayor
apertura y la mayor transparencia en una discusión de este tipo.

Le hace bien al Uruguay un debate de esta naturaleza, porque un acuerdo comercial es, normalmente, un tema del Poder Ejecutivo. El Parlamento recibe un tratado y dice sí o no, pero no participa en el tratado. Pero yo creo que este es un tratado tan importante para el futuro del Uruguay, que como parlamentario quiero participar en la elaboración del tratado, como integrante de la fuerza política quiero que el Frente Amplio participe en la elaboración del tratado y como es tan importante deseo que la sociedad tenga información y participación para decidir de la mejor manera posible. Lo que queremos es ayudar al gobierno a que tome la mejor decisión posible, en función de un debate democrático.

–Un lector de LA REPUBLICA me hizo llegar esta pregunta. «Un caso es el de Chile, que si bien tuvo éxitos previos al TLC en el crecimiento de su PBI y en el retroceso de la pobreza, muestra según muchos analistas resultados favorables tras su acuerdo con EEUU. ¿No habría que indagar más sobre esa y otras experiencias antes de realizar juicios generalizadores sobre las consecuencias negativas de acuerdos tipo TLC o similares entre EEUU y países latinoamericanos?

–J.Q. Este es un tema, que como usted comprenderá, nos ha llevado algún tiempo de estudio. Chile es un país que tiene estadísticas bien construidas, las publica en internet, y las podemos tomar de distintos organismos.

Las cifras que nosotros tenemos de la aduana de Chile nos permiten demostrar que desde que se firmó el TLC, hace dos años y medio, ese país ha tenido exportaciones extraordinarias particularmente hacia EEUU, de cobre, pescado fresco y uvas frescas. Ha incorporado también ventas de relevancia en maderas y perfiles de madera. Si se toma el porcentaje de incremento de las exportaciones de Chile a EEUU, el 75% de incremento se va en cobre y el 21% se da en el resto de los productos. Quiere decir que le TLC que firmó Chile con EEUU le ha permitido al país sudamericano vender muchísimo más cobre y a precios muchísimo más alto.

Mi percepción es que sin TLC hubiera pasado exactamente lo mismo, por la demanda extraordinaria de cobre que hay hoy en el mundo y por el precio que tiene. Por consiguiente no encuentro por ningún lado las cifras que han manejado funcionarios del gobierno de Chile en nuestro país, quien ha venido a hacer propaganda de su TLC. En mi opinión el TLC no cambió la historia de Chile.

–¿Couriel?

–A.C. Dos agregados: las importaciones de EEUU son mayores que las exportaciones a EEUU y la segunda cosa es que no se aumentó considerablemente la inversión directa norteamericana en Chile. Tercero, quiero destacar que Chile no tiene problemas de subsidios agrícolas, nosotros si. Eso le facilitó a Chile hacer un acuerdo, pero a nosotros nos dificulta.

–G.C. Hace pocos días estuve en Chile participando en la Universidad de Chile, de un seminario sobre América Latina. Estuve con académicos que debaten este tema.

Dentro de la Concertación (conglomerado de gobierno) hay un debate sobre si el TLC es beneficioso o no. Hay dos temas que dentro del gobierno son objeto de participación. Nos dijeron que se ha profundizado la primarización de la economía chilena, lo cual para ellos es un problema, porque los chilenos cuando piensan en comercio primero piensan en producción. Segundo, han perdido resguardos muy importantes del sistema financiero. La heterodoxia chilena de la que no se habla, le permitió a Chile resguardarse de los capitales golondrinas, pero ahora ya no tienen ese resguardo.

Cuando hablamos con los académicos chilenos nos dicen que no comentamos «el error de la copia» y que «desconstruyan el modelo chileno», porque «no hay tal modelo». Tercero, nos dicen: «Vean con los ojos bien abiertos, no se queden en el eslogan, porque tenemos un enorme problema en la educación, tenemos un problema enorme en desigualdad»,

–Pero el TLC no es culpable de eso…

–G.C. Aquí hubo un Presidente que fue a Chile y dijo que había visto al «Uruguay del futuro». Hoy ha vuelto la tentación del modelo de la copia. Ahora, los chilenos que estudian estos asuntos, dicen que no copiemos.

También recordemos que Chile, que tienen una importante cancillería, estuvo diez años discutiendo el TLC. ¡Diez años! Metió a miles de negociadores y de técnicos y además lo hizo con una estrategia que hoy se ve, que es lo que ellos llaman la liga del Pacífico.

–Están mirando para Asia y se nos están llevando a los otros países del Pacífico hacia esa nueva zona comercial…

–G.C. Si, bárbaro, pero lo que le puede servir a Chile no necesariamente nos sirve a nosotros. Hay que aprender de los exitosos, pero con los ojos bien abiertos, hay que evitar el modelo de la copia, los eslóganes fáciles. Vayamos más lento, discutamos los números, veamos los asuntos, tengamos más rigor.

–¿Quijano?

J.Q. Una precisión sobre este tema de la desigualdad. Hace poco estuvo aquí el ex presidente Ricardo Lagos y dijo que desde 1990 hasta hoy, no han podido modificar la distribución del ingreso. Chile tiene hoy, después de Brasil, el país con más desigualdad de América del Sur. Han pasado varios gobiernos de la Concertación y en eso siguen.

En una radio uruguaya entrevistaron al Presidente del Banco Central chileno, le plantearon el tema de la desigualdad, quien respondió que van a hacer inversiones en la educación para corregir esa situación.

Tengo dudas al respecto y mis dudas parten de la profunda convicción que esa desigualdad chilena está estrictamente ligada al modelo de exportación y de producción de productos primarios que tiene Chile.

Lo que hace, en definitiva, que un país modifique sus niveles de desigualdad, hablo a largo plazo, es cuando comienza a transitar por la producción de bienes más complejos, los salarios empiezan a elevarse, el salario real empieza a tener un crecimiento sostenido. Esto es lo que hace que un país como Corea del Sur, que era un país tremendamente desigual, se convierta en un país con muchísima más igualdad como resultado del tipo de producción que genera el tipo de exportación. Chile demuestra que no se modifica la desigualdad exportando cobre, pescado y uvas frescas.

–Tengo otra pregunta, esta vez de un oyente de 1410 AM LIBRE. ¿No se percibe una falta de confianza en el gobierno y en quienes en su nombre van a negociar cuando se insinúa que van a hacer un mal negocio que sólo servirá a EEUU? Percibo como una media lengua, algo que se insinúa pero que se tiene temor a decir: no confiamos en los que van a negociar. Si fuera así, ¿no sería mejor decir claramente que no debemos ir a una negociación porque quienes nos representarán en ella no atenderán el interés del país? Porque aquí podríamos estar ante una crisis de confianza en el gobierno, y eso sería muy grave.

–G.C. La confianza nunca es un cheque en blanco, la confianza se gana. Hay que cuidarla todos los días, como la pareja o la amistad. La confianza no es de una vez y para siempre, sobre todo con los gobiernos.

Hay señales que generan desconfianza: la segregación, el no debate, las medias palabras, la búsqueda de siglas diferentes, la existencia de un cierto menoscabo de la inteligencia del ciudadano.

Ahora, lo que se trata es de advertir para ayudar, porque vemos problemas, detectamos ausencia de información, vemos cálculos mal hechos, estamos viendo ideologización, opciones apresuradas, queremos construir una buena decisión y solo se construyen con buena información, con rigor en el debate, no demonizando al que piensa distinto. Ningu
no de nosotros demoniza a otro. Nosotros creemos que los que están negociando quieren lo mejor para el país y partimos del la base que el gobierno, en el error o en el acierto, quiere defender el interés nacional. El problema es si acierta o no. Nuestro deber es salir a señalar que se está por cometer un error grave. ¿Qué es la democracia si no es la exigencia al poder?

–Tengo la impresión de que el ministro Danilo Astori y el presidente Tabaré Vázquez, cuando proponen aumentar el comercio exterior con EEUU, sin descartar un TLC, ganaron la cancha del optimismo, mientras que ustedes quedaron arrinconados en la cancha del pesimismo. ¿Esta situación es un problema?

–J. Q. ¿Es un problema para quien?

–En primer lugar para los uruguayos…

J.Q. Voy a responder como un señor que votó al FA hace un año y medio. Una de las razones principales por las que voté fue porque así lo expuso el hoy Presidente de la República, cuando habló de una forma de insertarse en la región, muy distinta a la del gobierno anterior. Hoy tengo la sensación de desilusión y de engaño con respecto a lo que voté. No es un tema de optimismo o de pesimismo, es si la fuerza política es consecuente con los planteos que ha hecho. Eso también tiene que ver con la credibilidad del sistema político y con la credibilidad de las personas que llegan a los cargos para gobernar. Nos dicen cosas y esas cosas son creíbles o no son creíbles. Yo podría comprender que alguien me dijera que se dijo algo durante la campaña electoral, pero como me han cambiado las circunstancias no tengo más remedio que hacer otras cosas. Eso lo puedo entender. Pero lo que era malo en la campaña electoral pasó a ser bueno tiempo después, eso me provoca malestar profundo en el estado de ánimo.

–¿Caetano?

–G.C. Eso del pesimismo y el optimismo lo cuestiono como un dilema falso, porque las sociedades no tienen ADN. Los uruguayos supimos ser los más optimistas de América Latina y allí había gente que era profeta, como Carlos Quijano, que decía que ese optimismo tenía raíces endebles y que «hay que pensar a 30 o 50 años».

Ese señor, desde las páginas de un semanario de izquierda como fue Marcha, le discutía al gobierno el Presupuesto, porque era irresponsable. Quijano profetizó muchas cosas que después ocurrieron. La cuestión es buscar un optimismo inteligente.

Hoy de lo que se trata es de legitimar una decisión, de persuadir a la ciudadanía de un rumbo, de no llevarla a los ponchazos ante un hecho consumado. Los tres sabemos que estamos en un lugar donde el viento está en contra. Estamos viendo a muchos colegas que opinan en privado esto que decimos y después se esconden. ¿Sabe una cosa? Aunque sea a pura pérdida nadie va a poder decirnos que no dijimos lo que pensamos, en el error o en el acierto, en el momento que había que hacerlo.

–¿Couriel?

–A.C. No creo que los que están a favor del TLC sean el optimismo y los que estamos en contra seamos el pesimismo. Creo que estamos ante una extraordinaria operación política mediática a favor del TLC y en contra del Mercosur.

Cuando alguien dice que Brasil va a hacer un TLC con EEUU, es de una falsedad total, sin embargo esto aparece en los medios de comunicación.

Que el Mercosur no está bien en este momento es verdad, pero por una situación coyuntural no voy a cambiar un elemento estratégico vital. Argentina no se porta bien con nosotros con el tema de las papeleras, pero yo espero que esto se resuelva mediante el diálogo. Pero por la pelea con Argentina no voy a hacer un TLC con EEUU. Cuando voy a hablar con el gobierno de Brasil, con quien tenemos dificultades con el arroz, cuando le voy a pedir energía Lula me dice que aunque le falte energía, me va a asegurar energía. Esto es parte de los elementos de la solidaridad que están apareciendo en la región. Yo no acepto muchas de las declaraciones de Hugo Chávez, no me gusta que esté confrontando permanentemente con EEUU, pero tengo que decir claramente que Venezuela nos ha dado una ayuda excepcional, una solidaridad pura.

Yo estoy buscando la salida estratégica, pero no en función de la coyuntura. Las potencialidades que yo tengo en la región son infinitamente mayores, que lo que me da el TLC. No solo por la energía: hay 1200 años de reservas entre Venezuela y Bolivia. Hay la posibilidad de un gasoducto desde Venezuela, de menor distancia de los que hay en Rusia, en EEUU y en Canadá. Está el corredor bioceánico que quiero que pase por Uruguay.

De lo que no hay que tener duda es que con los TLC se exige la rebaja arancelaria o eliminación de aranceles y esto va contra el arancel externo común del Mercosur, que no se puede modificar.

La estrategia que la izquierda reflexionó y que el FA presentó en las elecciones es, para mi, un elemento central y esencial y me da optimismo esa estrategia, lo que no me da optimismo es hacer un TLC con EEUU. *

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