¡Y pensar que el barón no las quería!
por Luciana Possamay
Otra respuesta no menos contundente ya la está dando en Sydney el espectacular éxito de público que acompaña a todas y cada una de las competencias en que intervienen mujeres, que esta vez están presentes en 25 deportes sobre el total de 28 que componen los Juegos, porcentaje de participación significativamente superior al alcanzado en cualquiera de las ediciones anteriores.
En efecto, las ramas femeninas de la abrumadora mayoría de las disciplinas ya se convirtieron en el principal foco de atención en la Olimpíada 2000, tal como habían previsto los propios organizadores del torneo y casi todos los medios.
El fútbol arrastra la mayor cantidad de público, crecientemente fascinado por estrellas como la estadounidense Mia Hamm, la china Lihong zhao, la brasileña Pretinha y, entre muchas otras, Nkiru Okosieme, brillante jugadora del equipo nigeriano.
El público australiano cuenta con el atractivo adicional de las famosas Matildas (apodo originado en la canción popular «Waltzing Matilda»), futbolistas del seleccionado local que treparon a la primera plana en diciembre del año pasado, cuando posaron desnudas para un calendario con cuya venta reunieron buena parte del dinero que requería su participación en los Juegos.
Tras el alboroto mundial que detonaron los primeros 50 mil ejemplares del calendario, las autoridades deportivas de Australia brindaron más recursos a las Matildas, quienes, contando con aportes de empresas privadas atraídas por las repercusiones publicitarias de las fotos, lograron así los fondos que necesitaban.
Pero las Matilds no sólo tienen imaginación para hacer ese tipo de cosas. Son además muy buenas jugando fútbol, como lo demuestran la capitana del equipo, Alison Forman, y sus compañeras Sunni Hugues, Alicia Ferguson y Bridgette Starr, cuatro de las más destacadas.
Una de las primeras adhesiones que recibieron las Matildas cuando conmovieron el mundo con el explosivo calendario provino de Mariel Margret Hamm, conocida como Mia Hamm en el mundo deportivo:
«Me parece muy bien lo que ellas hicieron. A veces hay que usar la audacia y el valor para que nos reconozcan y respeten», dijo en aquella oportunidad la talentosa futbolista estadounidense, también jugadora de basquetbol y, según planes que alienta para el futuro, golfista profesional.
Muchas otras colegas de Mia también apoyaron a las australianas, confirmando que la solidaridad de género es uno de los motores que impulsan el cada día más sólido desarrollo del deporte femenino planetario.
Pero esa solidaridad no impide que en el campo de juego la lucha sea tenaz. Nadie quiere dar la mínima ventaja a sus contrincantes ni baja los brazos hasta que expiran los 90 minutos de cada partido. Ese es uno de los factores que explican el ya irreversible arraigo del fútbol de mujeres: «La gente está segura de que le daremos encuentros emocionantes», dice Mia.
Sólo eso contribuye al portentoso avance de este deporte, que ya practican 40 millones de mujeres de todo nuestro planeta, explica la australiana Ferguson: «Cometemos muchas menos faltas que los varones y eso hace que el público disfrute de más tiempo de juego, y de juego limpio. Pienso que esta es una de las características más importantes del fútbol femenino y también una de las causas que lo han hecho tan popular, además de que el fútbol de mujeres es muy bueno técnicamente y brinda hermosos espectáculos».
¿Qué diría Pierre de Coubertin ante todo esto?
LA REBELION DE ALICE
En los Juegos de Sydney sólo hay tres deportes que no cuentan con participación femenina: boxeo, béisbol y lucha. La razón es que el Comité Olímpico Internacional (COI) todavía no integró al torneo las respectivas ramas de mujeres.
Sin embargo, ya hay muchas mujeres que se están destacando en esos deportes y tal vez no pase mucho antes de que el COI no tenga más remedio que abrirles las puertas de los Juegos, según coinciden en afirmar muchos de sus propios dirigentes.
Por otra parte, esa ha sido la historia de las Olimpíadas: los varones que siempre monopolizaron el poder en el deporte nunca lograron frenar la irresistible «feminización» de este torneo, que empezó, ya en la antigua Grecia, siendo exclusivo para hombres.
Siguiendo la tradición de aquellos griegos, las primeras ediciones de los Juegos modernos se caracterizaron por una violenta discriminación de géneros, a la que desafió en 1917 la francesa Alice Millet organizando una federación deportiva exclusivamente para mujeres.
La Federación Femenina Deportiva de Francia (FFSF) creada por Millet engendró hacia 1920 a la Federación Femenina Deportiva Internacional, (FSFI) que dos años después montó las Olimpíadas de Mujeres, con éxito resonante.
Esa rebelión fue tan fuerte que el deporte femenino mundial comenzó a derribar poco a poco los obstáculos que le impedían ingresar a los Juegos Olímpicos tal como hoy los conocemos: asentadas en sus propias federaciones, las mujeres presionaron tanto que finalmente lograron ganar espacios en ese torneo, al que hoy ya nadie puede concebir exclusivamente masculino.
Ya en 1920, cuando estaba naciendo la FSFI y las presiones de las mujeres venían en aumento, los varones que regían el olimpismo debieron incluir ramas femeninas en los Juegos, que ese año se realizaron en París. Sólo compitieron 19 mujeres, pero poco a poco, catapultada por la FSFI y varias organizaciones nacionales, la participación femenina fue creciendo. Desde entonces, y sin contar a las que ahora están en Sydney, sobre cuyo número exacto aún el COI no informó, unas 18 mil mujeres han intervenido en este torneo desde 1920. Con las de Sydney llegarán a ser 23 mil, según estimaciones no oficiales.
Eso le hace decir a Ferguson, cuyo cuerpo desnudo aparece en la página correspondiente a abril del famoso calendario que editaron las Matildas:
«Somos obstinadas. Ya logramos mucho, pero seguiremos peleando. En los próximos Juegos seremos más y más en los 2008 y así siempre. Juegos tras Juegos. Nadie podrá impedirlo».
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