Opinan los ex presidentes Jorge Batlle y Luis Alberto Lacalle

La reelección se instala en el debate político

«Las leyes no hacen mejores a los hombres, sino lo contrario» dijo Lacalle, mientras Batlle, más específico y seguramente más contundente, señaló: «A Vázquez no le interesa el gobierno. Le interesa el poder». Lo que sigue son los resúmenes de las «2 entrevistas 2″ a los pasados mandatarios. Pasen y vean.

«Lo que pasa es que nosotros no cambiamos los hábitos políticos. Las leyes no hacen mejores a los hombres. Creo que lo que está haciendo falta es la reforma de nosotros mismos y la reforma de los hábitos políticos», expresó el ex presidente Luis Alberto Lacalle en medio de un largo reportaje concedido a este diario y del cual extraemos las secciones más sustanciosas.

Hablar de reformas constitucionales obliga al expositor a retrotraerse a épocas pasadas, cosa que Lacalle hizo a la perfección, casi como un cirujano, recordando cada año en que se gestaron enmiendas a la Carta Magna. «Ocurre que el jueves próximo (aventuró a promocionar) voy a referirme a la última reforma constitucional del año 1996 -de la cual fui impulsor- en un acto político-académico que compartiré con el ex presidente Julio María Sanguinetti en el Palacio Legislativo».

«Y sobre lo manifestado últimamente por el vicepresidente Nin Novoa no puedo profundizar mucho porque no es muy claro. Yo no me atrevo a hacer ninguna afirmación sobre lo que se proponen, salvo decir que soy contrario a una reelección presidencial. Le puedo sí dar mi visión sobre las reformas constitucionales y el criterio que ha seguido el país y el Partido Nacional al respecto».

Precisamente, hacia allí vamos.

«La primera observación es que nuestro país ha sido notoriamente pragmático en materia de reformas constitucionales, habiéndose llevado a cabo las mismas en el año 17, en 1934, en 1942… van tres… en 1951, van cuatro, en 1967 van cinco y en 1996 van seis. Es decir, que es un país que ha tenido un criterio pragmático en lo que tiene que ver con las soluciones político electorales. La parte sustancial, que es el reconocimiento de los derechos de la persona humana se ha mantenido incolumne, por suerte».

«Segunda observación: muchas veces, éstas reformas fueron coyunturales. Es decir, se cometió el error de adecuar la Constitución, el traje, a un momento de la vida del cuerpo, cuando éste estaba gordo o cuando estaba flaco. Y eso, cuando el cuerpo cambió, la Constitución no quedaba bien».

«Tercera observación: toda la Constitución Nacional, hasta la elección de 1994 habría que mirarla bajo desde dos datos de la realidad. Primero, un partido que ha estado 93 años en el poder y por tanto, el otro que es el Partido Nacional, conquistando paso a paso y año a año garantías para que no echen a los funcionarios públicos, en materia electoral los dos tercios necesarios para las reformas para que los colorados no la hicieran «a piaccere» y así, etcétera, etcétera. Entonces, el nacionalismo hasta el año 1926 cree que gana y prácticamente luego pierde toda esperanza, ¿que es lo que busca?, bueno, busca garantías como el Tribunal de lo Contencioso Administrativo para que no existieran persecuciones en el ámbito de la administración pública entre muchísimos más ejemplos.

Y el otro dato de la realidad es que la Constitución está pensada para un bipartidismo que hoy no existe. De ahí la trabazón de una Constitución que no está pensada para tres partidos como hay hoy. Y entonces no se puede nominar los integrantes de la Suprema Corte porque no hay acuerdos como tampoco cambiar la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas».

Entonces, ¿es o no necesaria una reforma constitucional?

«No sé si hace falta. Solemos echarle la culpa a la leyes cuando lo que hay que reformar son los hábitos políticos.

Las leyes no hacen mejores a los hombres. Hace falta sí una reforma de nosotros mismos y de hábitos políticos».

¿Son los hombres los que hacen mejores a las leyes?

«Porque las leyes se refieren a conductas humanas y si las conductas humanas no se adecuan y no cambian, las leyes no son capaces de cambiar a los hombres. Eso es tan viejo como la equivocación de la Revolución Francesa en adelante». *

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