Fábrica de gauchadas

La auditoría interna del Banco Hipotecario del Uruguay detectó y plasmó en un folio de más de 60 páginas un sinfín de irregularidades contables y de desvíos administrativos en el BHU en los últimos 10 años, llegando a la conclusión de que los presidentes, directores, algunos asesores y funcionarios que actuaron en ese período están involucrados, y son responsables en manejos turbios sobre adjudicaciones a privados para la construcción de complejos habitaciones en Montevideo, Canelones, Maldonado, Rocha y Treinta y Tres.

Como se informara en la víspera en este diario, la investigación interna del BHU apuntó a las adjudicaciones que en los últimos años se hicieron hacia un holding empresarial cuyo titular es Fernando Barboni.

La auditoría del BHU identificó las empresas de Barboni, relevó las resoluciones de los directorios del Banco, examinó las actas de posesión de predios y los contratos de obra, recopiló información de las obras vinculadas a otros organismos como permisos municipales, aportes al BPS y a la DGI, entrevistó a los arquitectos funcionarios del BHU que integraron lugares claves en las pasadas administraciones, y visitó y fotografió las obras adjudicadas a las empresas de Barboni.

«Se tenía pleno conocimiento de que las empresas de Barboni pertenecían a un único empresario enmascarado bajo la forma jurídica de varias empresas para que se le pudiera otorgar lo que nunca debió haber obtenido: la adjudicación en la construcción de 13 complejos habitaciones» sentencia la auditoría.

En el capítulo referido a las «conclusiones», el informe subraya que se muestra «un cúmulo de iregularidades de enorme magnitud, al punto que resulta difícil deerminar hasta donde llegaban -o llegan- la influencia y el poder del empresario a nivel del sistema político»Â·.

Agrega que «esa influencia es evidente que existió» y que «gozó de favoritismos y privilegios que, en todos los asuntos relevantes, contaron con el voto conforme de todos los miembros de los directorios que presidieron el ingeniero Salomón Noachas y el señor Ariel Lausarot, quienes contaron con la complicidad y la obsecuencia de altos jerarcas y connotados asesores cuyos, a veces increíbles, informes dieron pie a muchas de las concesiones que se hicieron al empresario en claro desmedro de los intereses del Banco». Se destaca además «la poco creíble forma en que se adjudicaron los programas habitaciones (…) que apuntaban siempre a favorecer al empresario en detrimento del Banco».

Finalmente en el capítulo «conclusiones», el informe de la auditoría establece que «parece claro que la magnitud de las cifras involucradas pudiera permitir perfectamente una retribución generosa (para los presidentes, directores y asesores del BHU de la época) por los favores recibidos; no se ubicaron evidencias de que efectivamente ello haya ocurrido, pero el sentido común indica que se trata de una hipótesis que no puede descartarse». *

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