"No renunciamos a la utopía", dijo Laguarda
Laguarda habló ante más de un centenar de afiliados y simpatizantes socialistas, entre los que se destacaba la presencia de antiguos y alejados dirigentes de la Juventud Socialista y la ausencia de legisladores de peso relevante a nivel nacional.
El secretario del PS señaló la oportunidad de ubicar en la agenda de la discusión pública el debate sobre el socialismo, especialmente cuando parece haber un pensamiento único, el neoliberalismo. El dirigente sostuvo que este tema debe sumarse a la definición de aspectos programáticos y de acción política en que está embarcada la izquierda.
También señaló la oportunidad de introducir estos temas, cuando Tabaré Vázquez abrió un debate ideológico entre las fuerzas progresistas.
«No renunciamos a la utopía, esa que planteaba una sociedad sin clases sociales y desigualdades, para llegar al reino de la libertad y la igualdad. La utopía planteaba la socialización de las fuerzas productivas y la superación de la propiedad privada de los grandes medios de producción. Eso lo mantenemos como el horizonte. Pero sabemos que la realización de esa utopía y valores será fruto de un larguísimo proceso histórico, que además deberá ser planetario. Quienes afirmaban en los años veinte, que no podía haber socialismo en un solo país, tenían razón».
Laguarda recordó que el capitalismo demoró 600 años en implantarse, por lo que no puede suponerse una realidad diferente para el socialismo. El será, sostuvo el dirigente, «un proceso de aproximaciones sucesivas, donde coexistirán distintas formas de propiedad: estatal, autogestionaria, privada y transnacional. Todas ellas reguladas por una programación democrática, que decidirá en cada paso cual predominará sobre las otras».
Con la ayuda de Gramsci
La democracia política es una premisa de este proceso –añadió– por lo cual habrá alternancia de partidos en el poder, es decir que un gobierno socialista puede ser sustituido por otro conservador.
Laguarda definió entonces, el socialismo como «el proceso mediante el cual la democracia se extiende de la política a la economía y la sociedad, con la elección libre de los ciudadano como un requisito básico».
Al precisar ese proceso, advirtió que para él no existen modelos, entre otras cosas porque hasta el presente, nunca hubo socialismo.
El secretario socialista dijo que el único modelo que se puede levantar es el de gestión, basado en el principio de la participación colectiva, solidaria, racional y democrática.
Para ejemplificar citó a Leonel Jospin: «el socialismo es un proceso de creación permanente, de articulación entre medios y fines».
Más adelante, Laguarda recordó la concepción gramsciana de hegemonía. «Ella quiere decir crear en la sociedad un nuevo ‘sentido común’. En Europa el sentido común dice que tiene que pagar más el que más tiene, en todo caso se discutirán los porcentajes. Hegemonía es generar un consenso en torno a determinados valores, a un nuevo ‘sentido común’. Este proceso no se interrumpe por los cambios de gobierno».
Laguarda señaló entre las condicionantes del proyecto de socialismo, la revolución científico técnica y la globalización. «Hemos asistido al desarrollo de la informática, la biotecnología, las comunicaciones, lo que es positivo pues ese avance tecnológico abre posibilidades insospechadas a la emancipación humana». Desarrollos que no pueden concretarse, agregó, porque la misma está conducida por intereses económicos que sólo han generado sociedades fragmentadas predispuestas al caos, de desocupación estructural y capaces de terminar con la civilización.
A su vez, ha traído cambios en el mundo del trabajo que han hecho desaparecer «los sujetos sociales tradicionales que la izquierda contaba para realizar sus proyectos, en estas sociedades de la revolución tecnológica no existen más dichos protagonistas y hay que construirlos. La clase obrera tradicional no existe más, merced al abandono del fordismo de las grandes concentraciones fabriles».
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