Tragedia del "Valiente" reactivó disputa interna por el poder

Malestar en la Armada por relevo de Lecumberry

En este enfrentamiento interno se cruzan, desde 1985, golpistas y antigolpistas, blancos y colorados, masones y católicos. Lecumberry es uno de los principales referentes de los antigolpistas, junto al contralmirante Carlos Giani, de extracción wilsonista, actualmente al frente de la Dirección de Inteligencia del Ministerio de Defensa. En numerosos oficiales de la Armada el relevo del cargo de Lecumberry, ex comandante de la Flota, causó pesar y preocupación.

Oficiales de la Armada señalaron que «el hundimiento del ‘Valiente’ mostró errores de procedimiento y una situación difícil en la Armada; Lecumberry tuvo responsabilidad pero no fue el único y su relevo es una victoria para un sector interno vinculado al Partido Colorado y mayoritariamente simpatizante del golpe». Los errores cometidos en la tragedia del «Valiente» sellaron la suerte de Lecumberry y sus subordinados.

Un grupo de oficiales de la Armada, la mayoría en actividad y unos pocos en situación de retiro, mantuvieron una extensa charla con LA REPUBLICA sobre la situación interna de la Armada y las repercusiones que, entienden, tendrán las sanciones por el hundimiento del «Valiente».

Las fuentes, que accedieron a hablar a condición de que se preservara su identidad, dijeron a LA REPUBLICA que la puja por el poder en la Armada se remonta a la recuperación de la democracia y tiene dos bandos bien definidos: por un lado sectores afines al Partido Colorado y particularmente al ex presidente Julio María Sanguinetti, aunque también pachequistas, con gran influencia de la Masonería y por otro oficiales antigolpistas, más vinculados al Partido Nacional y en la actualidad con gran peso de Luis Alberto Lacalle.

Un grupo mucho más reducido de oficiales que se identifica con la izquierda se sienten afines a los oficiales que estuvieron contra el golpe militar. Las características son generales a los grupos aunque hay marinos que no responden exactamente a ellas, por ejemplo la derecha católica se alinea con los golpistas.

La era Largher En 1985, el entonces comandante en jefe de la Armada, el vicealmirante Ricardo Largher, definido por nuestras fuentes como «católico y golpista», mantiene en esa época una línea de «identificación y sometimiento absoluto» a los lineamientos de los mandos del Ejército y a la estrategia de Sanguinetti.

Según los informantes «la primera decisión fue intentar destruir todas las pruebas, actas y archivos del proceso (dictadura) en poder de la Armada. Esta orden se cumplió parcialmente ya que parte de esos archivos no se destruyó». «El que crea que los archivos de inteligencia de la Armada solamente tenían información sobre violaciones a los DDHH se equivoca –agregaron– se taparon muchas cosas».

Largher llegó a sancionar a oficiales navales por firmar a favor del referéndum por la ley de caducidad, entre ellos el capitán de navío, ahora retirado, Gastón Silberman.

Con el relevo de Largher y la asunción del vicealmirante James Coates, promovido por Luis Alberto Lacalle sobre otros oficiales que lo precedían, comienza el tiempo de los conflictos. Coates, definido como «blanco, ateo y antigolpista», introduce profundas modificaciones en la interna de la Marina. Cambia la organización interna disolviendo grupos de poder y relega a «conspiscuos golpistas de puestos clave».

Coates también asume una línea completamente independiente del Ejército y de los mandos de esa fuerza.

Las medidas de Coates despiertan una fuerte resistencia, es expulsado del Círculo Militar e incluso su casa de veraneo es ametrallada.

El inicio de la guerra interna

Desde la toma de la Ciudad Vieja y la barricada del 9 de febrero de 1973, quedó consolidado en la Armada un grupo que fue mirado con franca desconfianza por los mandos del Ejército. Varios oficiales navales quedaron identificados en la interna como «El grupo de la barricada de la calle Juan Carlos Gómez». Este sector tiene como uno de sus principales referentes entre los oficiales en actividad al contralmirante Raúl Lecumberry. Tras la gestión de Largher se produce una profundización de la división interna y quedan: por un lado «los hombres de confianza» básicamente «golpistas» y colorados y por otro los «críticos», mayoritariamente nucleados en el Club Naval. Esta disputa, según las fuentes, «no fue solamente dialéctica y tuvo momentos de tensión». Los informantes recordaron que se llegó a colocar un explosivo en la Plaza de la Armada, situada en plena Punta Gorda.

Cuando asume, en febrero de 1995, el vicealmirante Raúl Risso como comandante en jefe, da marcha atrás a varias de las disposiciones de Coates y toma una preminencia desusada en la fuerza el cuerpo de la Prefectura.

Risso, calificado como «antigolpista y sanguinettista» tuvo fuertes cuestionamientos internos por dos hechos: 1) el importante robo de armas de la Escuela de Especialidades de la Armada, se trató de 10 pistolas automáticas Browing 9 milímetros, 12 fusiles de asalto FAL y más de 5000 proyectiles y 2) el robo de la Caja fuerte de la Comandancia General, «se perdió una suma muy importante en dólares», señalaron las fuentes.

La situación interna «se endurece» aún más cuando asume como comandante el vicealmirante Gualberto Ruiz, «blanco, golpista y masón», en febrero de 1998.

Cuando toman trascendencia pública una serie de irregularidades, Ruiz desata una lucha interna que tiene como principales objetivos a los oficiales navales que estuvieron contra el golpe y que entiende están en su contra. Nuevamente uno de los principales referentes es Lecumberry, se agrega también el contralmirante Carlos Giani.

«Los cruzados»

Esta lucha interna «que nunca se hizo pública, por lo menos en su verdadera dimensión, tiene su nivel máximo cuando asume el actual comandente en jefe».

En febrero de 1999 toma el mando de la Armada el vicealmirante Francisco Pasos, en un principio afirma tener la intención de terminar con la guerra interna y golpea parejo a los dos grupos en pugna.

Pasos se distancia de sus subalternos inmediatos (Contralmirantes y capitanes de navío) y se apoya en el cuerpo de oficiales de Prefectura.

Sin embargo, paulatinamente, y según los informantes «por la decisiva influencia de su entorno más cercano encabezado por el contralmirante Maglioca y compuesto por católicos practicantes, cercanos al Opus Dei», comienza a volcarse hacia un grupo y nuevamente tienen como objetivo a los oficiales antigolpistas.

Según las fuentes se conforma un grupo que desata una persecución en la Armada, se los conoce en la interna como «Los Cruzados». Los informantes señalan que «en este período se elaboran listas de oficiales divorciados, de oficiales que no se habían casado por iglesia, de oficiales que vivían en concubinato, de los que no iban a misa, de las reuniones de ‘copas’ en el Mercado del Puerto, proponen modificar el largo de las polleras del personal femenino, colocan crucifijos en las salas de oficiales».

Estas medidas generan un importante rechazo y más cuando un grupo de oficiales nombrados en estas listas fueron dejados «en el freezer» o designados a destinos que los marginan del mando de la fuerza como el Instituto Antártico, la Dirección General de Inteligencia del Estado, el Hospital Militar, el Calen.

Uno de los operadores de Pasos es el contralmirante Carlos Maglioca, titular de la Dirección de Personal.

Maglioca tuvo un enfrentamiento directo con Lecumberry cuando este último sancionó, como ya informara LA REPUBLICA, al comandante de la División Barreminas y a toda la tripulación del «Valiente» por irregularidades constatadas en el manejo de fondos. Esto ocurrió apenas dos meses antes de la tragedia con el «Skyros».

Maglioca no fue consultado sobre e
sta decisión, que afectaba además a varios oficiales cercanos a su línea.

Maglioca toma revancha con Lecumberry y argumentando que varios marineros no concurrieron a un examen y habían desobedecido una orden de su Dirección, sanciona al comandante de la Aviación Naval, al comandante de los Fusileros y al Comandante de la Fuerza de Mar. Los tres oficiales son subordinados directos de Lecumberry, contra quien iba dirigido en realidad el golpe.

Esta batalla tuvo un giro fundamental cuando se produce el hundimiento del «Valiente». La tragedia que según las fuentes puso al desnudo «carencias evidentes de la Armada y de sus procedimientos» sirvió para saldar el diferendo con Lecumberry y «basándose en errores reales pero no sólo atribuibles a él se lo releva del cargo y se le quita gran parte de su influencia en la interna naval».

Según las fuentes el único escollo fuerte que tienen ahora los defensores de la «línea dura» en la Armada es el contralmirante Giani, pero está en misión en la DGID y su influencia «es relativa».

Los principales actores

El contralmirante Raúl Lecumberry tiene un importante prestigio en la fuerza, proviene de una familia de clase media, asentada en el Cerro. Fue condecorado por el gobierno francés, se destacó en su pasaje por el cuerpo de Fusileros Navales, supervisó la construcción las tres lanchas vigilantes en Francia, fue comandante de una de ellas, prestó servicios en el petrolero «Oribe», en el Ministerio de Defensa Nacional y en el Estado Mayor de la Armada.

Lecumberry es el principal referente de los oficiales antigolpistas de la Armada.

El contralmirante Carlos Giani está identificado con una línea moderada, también tiene un importante prestigio en la fuerza. Fue comandante del buque escuela, jefe de Estado Mayor, miembro de la Junta Interamericana de Defensa en EEUU. Giani actualmente es el director de la Dirección de Inteligencia del Estado en el Ministerio de Defensa. Un cargo que nuestros informantes consideran «muy expuesto y particularmente ahora con el proceso abierto con la Comisión para la paz». Es otro referente de los no golpistas.

El contralmirante Carlos Maglioca, actualmente en la Dirección de Personal, es católico practicante y enfrentado a Lecumberry y Giani. Maglioca es habitué del Centro Militar y está muy idenfiticado con la línea de defensa del proceso de esa institución.

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