Guardia carcelaria "hostigaba" al recluso degollado
El atentado dentro del Penal de Libertad ocurrido hace una semana, que terminara con la vida del recluso Santana Pelayo, dejó al descubierto serias irregularidades en cuanto a la seguridad interna del establecimiento, según se desprende de los relatos vertidos en la comisión especial bicameral sobre la situación carcelaria por el comisionado parlamentario, Alvaro Garcé.
Diego José Santana Pelayo había sido determinante para el procesamiento de un funcionario policial, y a partir de ese momento, aseguró ser víctima de un constante hostigamiento por parte de la guardia. «Pudimos comprobar que había perturbación del sueño, ya que durante la noche se le golpeaba la puerta de la celda y se lo insultaba. En algún momento, había referido que la comida que se le servía previamente era escupida», dijo Garcé a los legisladores el pasado 24 de agosto, según la versión taquigráfica.
«Incluso, en una ocasión pedí que se le permitiera hacer una llamada telefónica a la madre. Mientras Santana Pelayo estaba intentando hablar por teléfono y a muy corta distancia había dos funcionarios policiales con perros. Le pedí a los funcionarios que se retiraran inmediatamente porque no tenían nada que hacer allí, pero de alguna manera pude constatar en forma directa la hostilidad que había hacia él, por lo menos en ese momento y de parte de esos funcionarios».
El comisionado señaló además que a partir del alejamiento del ex director de Cárceles Enrique Navas en febrero pasado, la situación interna en las cárceles ha cambiado.
«A partir de allí, por lo menos, algunos indicadores objetivos como las denuncias que se recibían en nuestra oficina, bajaron. No hubo más denuncias por malos tratos, ni por la utilización abusiva de armas de fuego y, concretamente, respecto a Santana, no tuvimos más intervenciones», relató.
Las cucarachas
Si bien las condiciones de reclusión han cambiado y para mejor -según constata el comisionado parlamentario para las cárceles, Alvaro Garcé, desde que asumieron las nuevas autoridades, hay algunos centros de detención donde la reclusión es más que nada una suerte de supervivencia.
«Un aspecto que preocupa, y mucho, se da en la cárcel de Treinta y Tres», contó el jerarca en el Parlamento. La cocina de la cárcel olimareña «está plagada de cucarachas y no hay manera de terminar con ellas. Es más; se ha fumigado y los reclusos se quejan permanentemente de que las cucarachas están en los platos de comida. Se nos explicó que cuando levantan la tapa de la olla, el vapor hace que las cucarachas caigan a la comida y por las características del edificio, no es posible erradicarlas. Entonces, la única solución es que se construya una cocina económica nueva, lo cual permitiría resolver el problema de la comida. Al respecto, conversamos con el señor jefe de Policía de Treinta y Tres, quien tiene una excelente disposición para resolver los temas. Por tanto, sería bueno impulsar esta solución, a bajo costo», dijo Garcé. *
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