Falta de disciplina en los sectores mayoritarios impide conversaciones francas

Tratado de Libre Comercio: un debate democrático o la pulverización del FA

Los dos ministros y lo senadores de la fuerza política aparecieron ante los uruguayos sin iniciativa y firmeza, aceptando un cúmulo de baboseadas por parte de legisladores opositores que solo se pueden llegar a soportar cuando uno sabe que no hay condiciones para ir al frente, por el miedo a desafinar.

La estrategia del oficialismo fue la de «buscar un buen resultado», al igual que hacen los cuadros uruguayos de fútbol cuando salen al exterior del país, porque saben de sus limitaciones.

También es verdad que la oposición volvió a presentar poco vuelo intelectual, quizás porque su único objetivo fue mostrar las contradicciones existentes dentro del gobierno y muy poco más, además de volver a hablar del populismo. Solo el senador Sergio Abreu se atrevió a mirar un poco más lejos.

Por todo esto lo cierto es que no hubo ninguna sorpresa, aunque quizás la mayor virtud haya sido que el debate se difundió por Canal 5 y tres emisoras radiales, entre ellas 1410 AM LIBRE. Si bien no hay encuestas – ¿por qué no las hay después de cada uno de estos eventos parlamentarios?  , y si nos quedamos con la reacción de los oyentes de la radio del multimedio plural, podemos afirmar que los frenteamplistas siguieron siendo frenteamplistas, los blancos, blancos y los colorados, colorados, por más que esos oyentes presentan dudas   dentro de cada colectividad- sobre cuál debe ser la opción que asuma el país cuando se negocie un TLC con Estados Unidos.

Lo bueno, entonces, es que el tema del rumbo de nuestra política exterior ha salido de los espacios cerrados donde habitan las dirigencias, para comenzar a penetrar en nuevos sectores de la sociedad, cuyo mérito inicial es del presidente Tabaré Vázquez, quien entiende que una política de Estado para nuestras relaciones internacionales lleva a promover la participación, lo más amplia posible, de la ciudadanía.

Lo nuevo de esta época progresista es que el debate se extiende con mayor amplitud dentro del Frente Amplio, que en las colectividades tradicionales. Esto ocurre con otra característica: se hacen escuchar más las voces que están en contra de trabajar con firmeza por un TLC con Estados Unidos, que aquellas que lo defienden, si es que observamos solo el escenario de la izquierda.

El pasado jueves, ante una pregunta nuestra, el diputado Carlos Gamou aceptó la posibilidad de que en la interna del FA se consulte a todos los adherentes para definir el rumbo de la política exterior, aunque creyó que en noviembre, mes de las elecciones internas, no estarán todos los elementos sobre las negociaciones como para poder realizar un plebiscito interno.

Por encima de las posibilidades prácticas de esta consulta, lo cierto es que el Frente Amplio tiene el gran desafío de resolver democráticamente cuál va a ser su postura ante tan complejo asunto. Cualquier camino que se asuma, ya sea para acompañar el resultado de las negociaciones con EEUU o no, la izquierda no tiene la posibilidad de asumir su rol de partido de gobierno si es en base a la aceptación de un verticalazo. Si eso ocurriera, sería la pulverización del Frente Amplio.

Como dijo hace pocos días el coordinador del suplemento Bitácora de LA REPUBLICA, Esteban Valenti, «La unidad de la izquierda se basa en muchas cosas, pero sobre todo en su capacidad de negociación». Pero esa negociación que reclama el periodista se ha visto dificultada por la falta de disciplina en la mayoría de los sectores mayoritarios del FA   con la excepción de Asamblea Uruguay- , quienes sufren de tensiones internas cuando se trata de analizar la política exterior.

Otro factor que determina la pobreza del debate es cuando se siembran «sospechas ajenas y purezas propias», dijo Valenti en clara referencia a los temerosos de llegar a un TLC con EEUU. Pero también es criticable, agregamos, a aquellos otros que pusieron el piloto automático en dirección al TLC y son incapaces de invitar al discrepante a tener un diálogo para negociar, concertar y consensuar.

Astori, por ser el mayor promotor de esta nueva iniciativa, es quien tiene la más grande responsabilidad de ir al encuentro con sus pares del FA, para superar las desconfianzas que existen en la interna para con sus posturas.

 

Burocracia de hoy y de mañana

El país está ante el principal debate de este siglo que recién comienza, y eso tensa las emociones y el intelecto. Pero, además, la izquierda participa por primera vez de una definición muy trascendente, pero desde el gobierno.

El centro del debate es si nos mantenemos en el Mercosur, con la intención de mejorarlo, o el país va hacia una política exterior basada «en el regionalismo abierto y la negociación tanto bilateral como multilateral», donde se conjugan la existencia del Mercosur con la búsqueda de tratados bilaterales con países extrazona.

El momento es maravilloso y vale la pena, por más que los partidos tradicionales le recen a la Virgen de los Milagros para que no haya TLC y después poder decir que cada porcentaje de desocupado fue fruto de que no se firmó un vigoroso tratado de comercio y de inversiones con la principal potencia del norte.

Es la hora de definirse sin pensar en el adversario, ni dejarse encantar por los voceros uruguayos de la nueva burocracia que ha generado el Mercosur, ni tampoco con los que aspiran a ser los próximos burócratas del TLC.

Debatir con todas las cartas arriba de la mesa, pero también con el suficiente atrevimiento intelectual para que en esta tierra la gente viva mejor, sin entregar el futuro, parece ser el desafío que tiene la izquierda por delante. *

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