Tras visitar los establecimientos de Cerro Largo y Treinta y Tres

Serpaj detecta condiciones de reclusión infrahumanas en dos cárceles del Interior

El equipo de Derechos Civiles y Políticos de Serpaj visitó el 13 de julio pasado la cárcel de Treinta y Tres y el 14 de julio llegó hasta el establecimiento penitenciario de Cerro Largo.

Durante la visita a la cárcel de Treinta y Tres los integrantes de Serpaj pudieron constatar una población reclusa de 65 internos, cuando la capacidad locativa inicial era para 40 presos.

Al término de la visita que contó contó con entrevistas individuales con los internos en forma reservada, se concluyó que «el establecimiento es unadecuado por su antiguedad», ya que se considera «un edificio vetusto y está ubicado en el centro de la ciudad».

El equipo de Serpaj también señala en su informe que «las autoridades y funcionarios adolecen de falta de preparación especifica, carecen de instrucción sobre Derecho penitenciario y trato a personas privadas de libertad».

En otro párrafo del informe, Serpaj destaca que en la cárcel de Treinta y Tres «hay ausencia total de actividades de enseñanza, recreativas, culturales y de cualquier otro tipo, lo que implica un régimen de 24 horas de encierro, excepto para los que gozan de salidas laborales; las áreas socio-educativas son inexistentes».

También se señala que «la alimentación es insuficiente y la misma debe ser complementada con los proporcionado por los familiares de los reclusos».

Serpaj sostiene en su informe que «las celdas de sanciones no reúnen las condiciones mínimas establecidas por ONU para el tratamiento de los privados de libertad».

 

La situación en Cerro Largo

El equipo de Serpaj sostuvo que la cárcel de Cerro Largo, cuya construcción data de 1979, fue originariamente concebida como una cárcel con una capacidad para 80 reclusos. Sin embargo, luego hubo que agregar «espacios» porque en algún momento se llegó a tener una población reclusa de 190 personas.

Pese a esta situación, Serpaj entiende que «el hecho de que el edificio esté ubicado en las afueras de la ciudad y en una zona rural, es de por sí un elemento positivo, porque el establecimiento da a los reclusos la posibilidad de acceso a espacios abiertos al aire libre».

Serpaj señala como un elemento a tener en cuenta por las autoridades que la cárcel de Cerro Largo «no tiene comedor y por ende los reclusos deben comer en los pabellones».

En su conclusión final, Serpaj señaló que en general «se percibe un establecimiento con grandes carencias en todas sus dimensiones, que no reúne las condiciones mínimas establecidas para el tratamiento de los reclusos, tanto en la norma nacional como internacional». Además, el equipo de Derechos Civiles y Políticos de la organización remarcó que «en cuanto a servicio de salud, si bien concurre un médico al establecimiento existen problemas de acceso a su atención médica por parte de los reclusos».

En esta materia el informe también subraya que «tampoco se reraliza un control periódico del estado de salud de los reclusos y existe una gran carencia de medicamentos».

Serpaj también señala en su informe sobre la situación de la cárcel de Cerro Largo que «hay una gran carencia de actividades, sometiendo a la gran mayoría de la población a un régimen de ocio compulsivo». *

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