La columna de Sherlock
* Rodrigo Arocena, un rector con estilo más que distinto
-¿Es para bien o para mal?
-Por supuesto, para bien…Qué haya aire fresco en el rectorado de la Universidad es algo muy positivo…
-¿En que sentido lo dice?
-Es que Rodrigo Arocena es un tipo de otra escuela a la de los rectores anteriores. Por ejemplo, el otro día, un chofer de la Universidad me contaba que por primera vez, en los últimos 18 años, que un rector hace subir a una delegación de funcionarios al automóvil oficial para llevarlos «hasta el centro»
-¿Cómo fue eso?
-Es que Arocena y la delegación de no docentes coincidió en las afueras del Palacio Legislativo, cuando se analizaba el Presupuesto y luego de hacer sus distintos planteos ante los senadores. El chofer me contaba que por primera vez que él recuerda un rector le ofrece a los trabajadores llevarlos hasta el centro en el vehículo oficial.
-Lo qué está muy bien…
-Claro, y muestra otro estilo…
-Además existen otros detalles más frívolos que sorprenden. Al parecer el rector no usa, en su vida diaria, ni medias ni corbata y así va al rectorado… Siempre impecablemente vestido en su estilo bohemio, pero sin esos elementos…
-Lo de la corbata se lo creo, pero la falta de medias… ¡con estos fríos!
-Yo que se, nunca nadie se las ha visto… Parece que no usa medias, lo que es toda una modalidad… Bastante novedosa, ¿no?
-¿Y?
-Bueno, no mucho más. Lo que quiero, simplemente, es contarle algunos pincelazos de la personalidad de Rodrigo Arocena, un tipo «desacartonado» que al parecer, parece haber ingresado al rectorado como un viento fresco y renovador.
-Esperemos que así sea… pero que no usa medias, no se lo puedo creer y, como usted sabe, en este oficio, un solo error hace que toda una información se cuestione.
-Bueno, eso de las medias, se lo preguntamos a Arocena el lunes. ¿Qué le parece? *
* «Está todo bien», para el director de Cárceles
– El otro día escuché en una radioemisora un reportaje al nuevo director Nacional de
Cárceles, Julián Rodríguez, que tiene un estilo muy especial…
-¿En que sentido, muy especial?
-Claro, trata de justificar todas las cosas, como si la Dirección de Cárceles fuera un organismo impoluto, incapaz de equivocarse.
-No se a que viene su análisis.
-Es que el periodista, de un programa radial, le preguntaba al jerarca si le parecía correcto que al sindicado como asesino del juguetero estuviera en la vereda del establecimiento de detención «Tacoma», barriendo la vereda y sin custodia….
-Y, ¿qué contestaba?
-Qué los servicios técnicos habían aconsejado ese tipo de conductas con ese recluso, entendiendo que «era recuperable».
-¿Y?
-Y que, evidentemente, de recuperable tenía muy poco, porque utilizada la libertad que se le daba el «Tacoma» y sus salidas transitorias, para realizar rapiñas. ¿Eso habrá sido reconocido por el señor Director de Cárceles?
-De ninguna manera dio el brazo a torcer… Trató de escudarse siempre en que ese tratamiento era el aconsejado, como si nadie más tuviera responsabilidad, como si esta fuera un elemento etéreo que se diluye cuando existe una decisión ajena…
-Claro, ese es el clásico mecanismo de defensa de la burocracia…
-Le parece…
-Claro, los burócratas, casi siempre se escudan en el mecanismo o, en otra situación parecida, afirman que la culpa la tiene quien da a conocer los hechos…
-Por ejemplo…
-La prensa…
-Qué es el cartón ligador en estos tiempos.
-Por supuesto… *
* Un ascensor y una compañía no deseada
-Sabe que me contaron que más allá de las coordinaciones que realicen Gargano y Astori para la interpelación del martes, su relación personal, más que tirante, sigue igual.
-Ese comentario es propio de Perogrullo… ¡Quién no sabe que estos dos dirigentes del FA, hoy ministros, no tienen puntos en común! Hay un tema «de piel» que los separa que, seguramente, nunca se sacarán de encima, por más que las alternativas políticas, como en este caso, les obliguen a coordinar acciones.
-Claro. Fíjese lo que me contó un colega.
-¿Qué?
-Que el otro día, cuando se realizaba una actividad en la Torre de las Comunicaciones, este hombre subió a un ascensor en el que estaba Astori, que lo saludó. Luego, cuando el aparato estaba por cerrar la puerta, llegó Gargano, que subió al mismo, que también saludó al colega, pero no a Astori.
-¿Y?
-Hicieron el viaje sin dirigirse la palabra.
-Luego, en la conferencia misma, Gargano escuchó al presidente Vázquez en su exposición, pero cuando estaba a punto de hablar Astori, se retiró de la sala.
-Y bueno, es cosa de personalidades. ¿verdad?
-Los hombres son así y es difícil que ahora cambien. *
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