Tómalo o déjalo: en Uruguay hay un Presidente que preside
El senador Jorge Larrañaga, el principal dirigente del Partido Nacional, llegó a decir que hubo «un golpe de Estado» en el Consejo de Ministros, seguramente queriendo establecer lazos afectivos con algunos militantes de izquierda que quedaron perplejos y hemipléjicos ante el anuncio presidencial.
Se puede llegar a aceptar que fue de mal gusto la actitud de Vázquez, pero también hay que analizar la postura del Presidente del punto de vista de las consecuencias prácticas que tuvo, sin promover el pragmatismo desideologizador. Si se elige este escenario para la reflexión, es posible convenir que la resolución de Vázquez fue de gran eficacia, porque horas después los ministros entraron en una dulce siesta, por lo menos en esta materia.
Por encima de si esa siesta durará poco o mucho, lo más seguro es que no sea eterna porque en el Consejo de Ministros hay fuertes liderazgos, Vázquez pudo calmar el clima de confrontación y a la vez supo crear un nuevo escenario que permitió que en pocas horas los ministros Reinaldo Gargano y Danilo Astori, se encontraran para planificar una estrategia común que les permita afrontar la interpelación del próximo martes.
Con el gesto presidencial, que insisto puede ser polémico, quedó demostrado que la izquierda tiene grandes dificultades para entender y/o aceptar los mecanismos y los tic del poder. Porque, aunque parezca increíble, los frenteamplistas lucharon toda su vida por el poder, pero cuando comenzaron a conocerlo en sus entrañas, parecen no comprender que tiene algunas leyes, códigos y conductas que son imprescindibles para ejercerlo.
Los presidentes, presiden y los ministros acatan, parece estar en la etapa del libro, pero eso no le gusta a la izquierda, como tampoco le agrada que los policías repriman al crimen y que los militares tengan armas. Algo de este tipo ocurre cuando hay que salir a fumar a la intemperie bajo el aguanieve, donde no falta un izquierdista que proteste mientras reivindica su individualidad, porque su derecho a elegir las causas de su muerte le han sido violadas. Todo dicho sin recordar que la Constitución obliga a mandar los hijos a la escuela o que no haya esclavitud, a la vez que no falta alguien que ataque al intendente de Colonia, Walter Zimmer, por obligar a usar casco a los motociclistas.
Lectura completa del comunicado
Vázquez, con su llamado a cerrar la boca, molestó a algunos de sus filas, como si durante el pacto del Club Naval el general Líber Seregni no haya jugado duro en la interna del FA, como también lo hizo cuando las elecciones internas de los partidos políticos en 1982. El comunicado público de Vázquez se expresó en 1238 caracteres y fue, a pesar de su brevedad, de una clara contundencia que sólo logran aquellos que llegan al gobierno con más del 50% de los votos.
Si se analiza por partes el comunicado se descubre que tiene una primera gran virtud y es su transparencia. Quizás pocas veces o ninguna, un presidente uruguayo haya reconocido en negro sobre blanco la existencia de «controversias planteadas en el seno del gobierno» sobre algún tema en particular. El comunicado no queda en la descripción de la situación, sino que a la vez anuncia una resolución que en definitiva tuvo un impacto muy fuerte: «El Presidente de la República resuelve que, a partir del día de la fecha, se constituye en el único vocero sobre dicho tema, o en su defecto, la persona en la que él delegue». Como segundo punto expresa un deseo que se expresa en la invitación a todos los partidos políticos uruguayos «a una etapa de profundización del debate en el seno de los mismos». Partidos cuyas jerarquías serán convocadas, dice el comunicado, «para entregarles la información que se posee sobre este tema, elaborada por los grupos técnicos bilaterales que están trabajando al respecto». Otra consecuencia práctica y positiva: la reunión del Presidente con todos los partidos políticos será mañana.
Hay planteos, como el que sugieren Larrañaga y algunos que surgen también desde la izquierda, que dicen que hubieran preferido otras formas de actuar por parte del Presidente. Lo más escuchado es que el doctor Vázquez tuvo que haber llamado en forma reservada a los ministros que estaban nerviosos y decirles que estaban perjudicando la imagen del gobierno y que por eso les recomendaba callarse. Ahora ¿no hubiera sido eso una forma de opacar el poder? ¿No fue más transparente lo que hizo Vázquez? Las respuestas surgen naturalmente: el Presidente prefirió hacer público los problemas y también las medidas políticas para que el barullo no siguiera. Tuvo también la sana actitud de no cerrar el debate dentro de sus propias filas, lo que quedó demostrado en que los sectores de la izquierda entraron en un estado de asamblea permanente sobre este tema. Con esta actitud mostró, además, que es su interés que el tema alcance un carácter nacional debido a la trascendencia del paso que se podría estar dando, como país, en los próximos meses cuando haya que decirle «SI» o «No» a EEUU.
El Presidente existe y juega: por suerte
Hace ya unos años, creo que en un verano de 1995, fui invitado por el doctor Tabaré Vázquez a comer unas muzzarellas en su casa, por razones que no vienen al caso.
En esa oportunidad hablamos de muchos temas, pero había uno que al hoy presidente de la República lo aquejaba: «A mi no me va a pasar lo de Salvador Allende» me dijo varias veces, refiriéndose no a un posible problema militar si llegaba a la Presidencia, de lo cual estaba convencido, sino fundamentalmente a las contradicciones internas que resquebrajaron a la izquierda chilena en 1973, cuando entre el MIR y la corriente izquierdista de Altamirano colaboraron para crear un clima de inestabilidad. Tabaré Vázquez es hoy el presidente y preside el país. Puso orden en su casa, no cerró las puertas del debate más importante de este siglo, sino que lo provocó; tampoco llamó a un disciplinamiento absurdo de la fuerza política y asumió en plenitud la conducción de las negociaciones con la potencia del norte. Otra cosa es si está en el acierto o en el error al promover un vigoroso acuerdo comercial con EEUU, que puede terminar o no en un TLC, pero lo que no se puede discutir es que el Presidente se expone, no se esconde y da la cara, opina, participa de seminarios, polemiza, abre espacios de reflexión, lo que es muy bueno para la democracia. ¿O miento uruguayas y uruguayos?.*
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