Los represores Raúl Guglielminetti, Rubén Visuara, Honorio Martínez Ruiz y Jorge "El Tigre" Acosta, serán sus compañeros de celda

"Patota de la OCOA" sería encarcelada en el Complejo Penitenciario II de Marcos Paz

Una cárcel modelo en la Provincia de Buenos Aires sería el alojamiento que militares, ex militares, policías y soldados uruguayos en proceso de extradición tendrán en Argentina si se concede la solicitud y son hallados culpables de crímenes de lesa humanidad por la Justicia federal argentina.

Los militares uruguayos José Nino Gavazzo, Jorge Silveira, Ernesto Ramas, Manuel Cordero y Luis Maurente, como los ex militares Gilberto Vázquez y José Arab, el policía Ricardo Medina, y los soldados Ernesto Soca y Ramón Díaz Oliveira, serían recluidos en el Complejo Penitenciario II de Marcos Paz.

La localidad de Marcos Paz es hoy una ciudad de 39.500 habitantes (según censo de 2001), que se encuentra ubicada en el partido del mismo nombre, en el límite oeste de la Provincia de Buenos Aires, a sólo 48 kilómetros de la Capital Federal argentina.

Los diez represores uruguayos, son los primeros requeridos por la Justicia federal argentina desde que la Suprema Corte de la Nación derogó por inconstitucionales las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final que habían otorgado impunidad a los crímenes de la dictadura en ese país.

Gavazzo, Cordero, Silveira y el fallecido policía Campos Hermida, habían sido beneficiados por un indulto decretado por el presidente argentino Carlos Menem, pero el beneficio fue declarado inconstitucional por la propia Justicia federal que ahora procura juzgarlos.

 

Los extraditables

El coronel retirado Manuel Cordero, hoy prófugo en Brasil, fue el primer militar uruguayo solicitado a principios de 2005 por el juez federal Guillermo Montenegro, quien instruye la causa sobre la coordinación represiva de las dictaduras del Cono Sur conocida como el Plan Cóndor.

Por el mismo caso, Montenegro solicitó a fines de mayo, la extradición de Gavazzo, Silveira, Vázquez, Ramas, Arab y Medina. Los cuatro primeros permanecieron detenidos en unidades militares hasta que Gilberto Vázquez protagonizó una breve y mediática fuga, que les hizo perder su privilegio.

Los seis extraditables (salvo Ramas, quien permanece internado en el Hospital Militar por una dolencia cardíaca) se encuentran desde entonces en la Cárcel Central de Montevideo a la espera de una decisión del juez Juan Carlos Fernández Lecchini

A los siete requeridos, se sumaron ahora Maurente, Soca y Díaz Olveira, por una solicitud del juez federal argentino Daniel Rafecas, quien actúa en la causa conocida como Primer Cuerpo de Ejército, donde indaga la represión en 19 centros clandestinos de detención durante la dictadura.

Los diez represores uruguayos -junto a otros que serían pedidos en los próximos días- participaron del secuestro, tortura, traslado ilegal, muerte o desaparición de decenas de uruguayos que fueron recluidos en el centro de torturas Automotores Orletti de Buenos Aires en los años de la dictadura.

 

La Ciudad Arbol

Antes de convertirse en una urbe que multiplica su población por su condición de «ciudad dormitorio» del gran Buenos Aires, Marcos Paz era una población conocida por su tranquilidad y belleza naturalmente arbolada, al punto que el poeta Mario J. Grand la bautizó con el nombre de «Pueblo Arbol».

Aunque corre el riesgo de ser devorada por la edificación porteña, Marcos Paz aún mantiene sus verdes paisajes, árboles y las tradiciones culturales pueblerinas (la siesta es uno de sus patrimonios, dicen) que le hace el lugar elegido para vivir por muchos porteños que huyen de la metrópoli.

La ciudad ya prepara los festejos de su 130 aniversario para el próximo 25 de octubre de 2008, pero la población en realidad comenzó a nacer un 24 de diciembre de 1870, cuando el primer tren del ramal Merlo a Lobos hizo su primera parada en la flamante estación Coronel Doctor Marcos Paz.

El militar y abogado Marcos Paz (1813-1868) era un oficial tucumano, que tras luchar junto a Justo José de Urquiza tras la caída de Juan Manuel Rosas, fue senador, gobernador de su provincia, constituyente y llegó a ser vicepresidente de Bartolomé Mitre luego de los comicios de 1862.

Aquel lugar de ensueños, sin embargo, fue sitio elegido para instalar varios centros de reclusión, como la Cárcel de Chabán y dos establecimientos de menores, que constituyeron el antecedente de la cárcel modelo que en un futuro puede llegar a alojar a los represores de la «patota de la OCOA».

 

Una prisión modelo

La nueva cárcel federal de Marcos Paz, inaugurada el 7 de diciembre de 1999, fue creada para el traslado de los presos de la famosa Cárcel de Devoto, que se encontraba en condiciones inhumanas y había sido destruida tras un violento motín a mediados de los años noventa.

El establecimiento de reclusión se comenzó a construir el 27 de julio de 1998 y ocupa una superficie de 85.089 metros cuadrados, en los que una población total de 1.500 presos, se reparten en cinco módulos de 300 celdas individuales, custodiadas por unos 850 gendarmes.

La obra, que tuvo un costo de 206 millones de dólares, es idéntica a la que en esa misma fecha se construyó en Ezeiza, donde fueron llevados los presos de la cárcel de Caseros. Ambas obras fueron adjudicadas a la firma Dycasa SA y grupo Benito Roggio SA. En la página web de la Subsecretaría de Policía Criminal y Asuntos Penitenciarios argentina se amplían los detalles del establecimiento que equivale a 120 manzanas de una ciudad, rodeada por un doble alambrado perimetral de siete metros de altura rematados con rollos de púas.

«Queremos que las personas que concurran a este establecimiento por diversas razones, incluidos aquellos que lo hacen para vivir en él un cierto tiempo, sean tratados como nos gustaría que nos trataran a nosotros», expresa el prefecto Alberto Gómez Llull, director de la cárcel de Marcos Paz.

 

Las comodidades

En la actualidad, los Módulos 1 y 2 lo habitan detenidos en proceso de resocialización, el Módulo 3 y 5 se destina a quienes cumplen largas condenas y el Módulos 4 es el que aloja a persona de las fuerzas armadas, de seguridad o del Poder Judicial que hayan delinquido.

Los módulos se ajustan a espacios de seguridad y a medida que se avanza en los accesos se incorporan restricciones para el tránsito de los reclusos cuyos movimientos son permanentemente acompañados por el personal penitenciario, que los traslada en cualquier salida fuera de los pabellones.

«En cada pabellón, las celdas individuales, distribuidas en dos plantas, envuelven el patio de uso común de los internos, donde éstos conviven en horario diurno», se indica. A un costado hay un patio de recreo libre de acceso durante el día como una cancha de fútbol que se utiliza por turnos.

«Cada sector de alojamiento, seis por módulo con hasta cincuenta detenidos cada uno, son controlados por dos suboficiales desde una caseta de control elevada y vidriada, que permite la supervisión y manejo de las actividades del pabellón sin necesidad de contacto entre la guardia y los detenidos», indican.

Fuera de los módulos, ocultas a la vista, hay cámaras de circuito cerrado de televisión y un sembrado de sensores colocados estratégicamente, para asegurar que todos los movimientos sean controlados por 250 cámaras que registran lo que ocurre en los espacios libres y dentro de cada módulo.

 

La ley y el castigo

La prisión de Marcos Paz comenzará ahora a recibir militares (dos de sus pabellones serían preparados a esos efectos) por decisión del gobierno de Néstor Kirchner, cuyo ministro de Defensa, José Pampuro, consideró que todos deben ser tan iguales ante la ley como ante su castigo.

Desde los juicios a las Juntas Militares en 1985, los sucesivos gobiernos argentinos hab

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