-O sea que el tema es en qué condiciones…

 

-Claro, para mí la cuestión está ahí. Yo no soy experta en estas áreas, pero tengo sentido común. Escuché con muchísima atención, por supuesto, al canciller, pero también al presidente de la República. Y me pareció de una claridad meridiana las posiciones de ambos y no las vi para nada enfrentadas…

 

-¿Pese a la metáfora del tren?

 

-No, no. Porque yo no las veo contrapuestas, como piensan algunos, sino complementarias. Ambas cosas son ciertas.

 

-¿Hay que subirse al tren pero evitando que nos atropelle?

 

-Exactamente. La cosa es no ponerse enfrente y que nos camine por encima. Yo estoy de acuerdo en las dos cosas. Porque también escuché al representante chileno, que hizo una muy buena exposición, y me pareció muy pertinente esa necesidad que tenemos los países chicos, para poder crecer y desarrollarnos, de abrirnos a Estados Unidos y a muchos mercados más, pero sin permitir determinados condicionamientos que nos impidan, precisamente, concretar el plan de país que tenemos. Por eso me pareció inteligente, y compartible plenamente, la afirmación del presidente. «Vamos a llegar lo más lejos que nos sea posible». ¿Qué quiere decir? Que hay resguardos que tenemos como fuerza política y que vamos a defender. Lo que también me pareció absolutamente claro en el discurso de Vázquez fue eso de que «hay que preservar los principios, pero no hay que confundir el comercio con lo ideológico». Capaz que tengo la cabeza demasiado abierta, pero no me pareció, al contrario de lo que opinan algunos interesados en que haya contradicciones, que hubiera diferencias. Creo que hay acentos que tienen que ver más con modos de ser que con cosas ideológicas. Actitudes, formas de expresarse, en fin. Creo que partimos de un buen colchón común y tenemos que ir ajustando y concretando, en blanco y negro, qué quiere decir eso, que yo comparto, de que «vamos a llegar hasta lo más que podamos llegar, preservando nuestro programa». Ahí está el trabajo que tenemos que hacer.

 

La reforma tributaria

-Pasemos a otro tema complejo, a punto de caer para la decisión parlamentaria: la reforma tributaria. He hablado con dos o tres legisladores, de distintos sectores del Frente Amplio, y he obtenido percepciones diferentes: hay quienes dicen que el acuerdo es inminente y quienes sostienen que todavía se mantienen diferencias importantes. Me interesa su opinión.

 

-En realidad, las diferencias, o las distancias, son cada vez menos. Primero me gustaría decir que yo, como socialista, comparto, porque así lo hace mi partido, que este proyecto, incluso en su presentación original, es un avance enorme frente a lo que había. Me interesa subrayarlo, porque siempre interesan más las discrepancias que los grandes acuerdos. Esta reforma es un gran avance, un avance ideológico en materia tributaria que en este país era una deuda enorme. Y es uno de los proyectos estructurales que nos van a permitir progresar en la concreción de un nuevo Uruguay. En cuanto a las diferencias que ha habido, bueno, nosotros fuimos los primeros en largar la discusión pública, en aportar ideas, pero no nos quedamos con la banderita diciendo «es esto o no es nada». Somos frenteamplistas y sabemos que en el Frente Amplio la construcción es colectiva.

Es cierto, al principio estábamos un poquito distanciados, sobre todo en la búsqueda de equidad hacia quienes nosotros entendemos son los más desposeídos, los que menos tienen. Y había que buscar cosas que garantizaran que fuera un proyecto realmente equitativo. Nos parecía entonces que no estaba cuidado del todo ese aspecto y había que profundizarlo. Y así se está haciendo. No le voy a contar ahora cuáles son los últimos acuerdos, pero me atrevo a decirle que hay grandes avances.

 

-Entonces ya no están aquellos veinte y pico de observaciones…

 

-No, no. Estamos muy por debajo de eso. Creo que va a suceder lo que siempre pasa entre nosotros: nadie va a quedarse con lo que le encantaría pero se va a lograr un consenso. Se ha avanzado, se achicó la brecha.

 

-Ahora bien, uno escucha a la gente. Y la gente tiene, simplificando un poco, dos grandes preocupaciones. Una tiene que ver con muchas personas de la franja de los trabajadores y los jubilados, que quieren saber si van a pagar igual, menos o más que antes…

 

-Primero, va a haber una enorme cantidad de gente que no va a pagar, cosa que no sucedía hasta ahora.

Y los de salarios medios y medios bajos, digamos el común de la gente, no van a pagar más si se logran los acuerdos que se están tejiendo. Y va a haber novedades en el sentido de un alivio importante, sobre todo para los trabajadores de salarios chicos con hijos a cargo. Muchas de nuestras observaciones, debemos reconocerlo, se están teniendo en cuenta.

 

La salud pública

 

-Bien. La otra preocupación tiene que ver con algo que, en realidad, a la gente se la han informado. Me refiero a la posibilidad, manejada por personalidades del Frente Amplio como el senador Couriel, de que la reforma tributaria sirviese además para financiar otra reforma estructural importante: el Sistema Integrado de Salud. Y parece que esa no es precisamente la idea del Ministerio de Economía.

 

-Al principio estuvimos discutiendo en esos mismos carriles. En las últimas conversaciones, si bien no está explícitamente dicho, ha quedado un compromiso firme del Ministerio de Economía en ese sentido. A mí me encantaría que fuera explícito y concreto, que fuera más allá de una simple expresión de voluntad. Hubo un compromiso, le repito, pero creo que es necesario, para tranquilidad de todos, que quede explícito y firme. Porque si bien a la reforma tributaria la necesitamos todos, también la reforma profunda del sistema de salud es sustantiva en la búsqueda de ese nuevo país que queremos. Vea si será sustantiva, que a la gente le ha cambiado la vida el hecho de tener un mejor sistema de salud pública y mejor gestionado. Solo que los diabéticos puedan tener acceso gratuito a los medicamentos ha sido un cambio brutal. Fíjese lo que puede ser si tenemos el absoluto compromiso del Ministerio de Economía de que se financia la reforma de la salud…

 

-Otro aspecto, diputada. Cuando uno ve un hospital público que hace las cosas que hace el Hospital de Tacuarembó  o que se hacen allí  sueña con un sistema de hospitales públicos con ese nivel…

 

-Claro, el Hospital de Tacuarembó ha sido un hospital muy bien gestionado y con un gran apoyo exterior que le ha permitido llegar a este nivel…

 

-¿Pero es disparatado pensar que se puede extender la experiencia?

 

-No, yo creo que formando el personal, alentándolo, invirtiendo lo suficiente… Yo creo que se ha invertido en salud en este país, pero ocurre que se ha hecho muy mal. La plata no llegó adonde tenía que llegar. Pero, bueno, como acá no se roba, y la prueba es que en todos los entes hay superávit, la plata va a llegar adonde tiene que llegar.

 

El debate educativo

 

-Pasemos a otro punto central: el debate educativo. La pregunta es si se está en el punto de equilibrio exacto. Me explico: algunas cosas se imaginan, de analizan, se trabajan y se resuelven encerrados en una cúpula; algunas otras se van al otro extremo, y se colectivizan de tal manera que el riesgo es que los múltiples aportes recibidos, importantes, se dispersen. ¿Cómo ve al actual debate educativo pensando en estos dos extremos?

 

-Como maestra y sindicalista que fui durante tantos años, siempre creí que la educaci
ón no es un problema que se dirima sólo en el ámbito educativo. No es un asunto sólo de los educadores. Porque nos creemos que sabemos todo sobre educación y la gente que es usuaria del servicio educativo, al menos a veces, sabe más o está capacitada para esclarecernos cosas a quienes estamos formados para eso. Ahora, creo que el debate infinito no le hace bien a nadie. Esas asambleas que no terminan en nada no son buenas, porque levantan un montón de expectativas que después no se concretan. Me parece que lo mejor es la conjugación de ambas cosas.

Hay que escuchar, hay que debatir ampliamente teniendo en claro el objetivo, pero después hay que plasmar una reforma que ha de tener un claro debate político y que, por tanto, deberá ser discutida políticamente y no de otra forma. De lo contrario, no cuaja la realidad.

 

-¿Pero están dadas las condiciones para que una cosa que, aparentemente, se ha abierto tanto venga al ámbito político?

 

-Yo tengo esperanza de que así sea. Tengo mis temores, para serle franca. Pero sigo con esperanzas, porque es una de las reformas profundas que hay que hacer en el país.

Por otro lado, aunque sea difícil, aunque lleve algo de tiempo, aunque aparezcan obstáculos, la participación amplia siempre es una garantía. Lo que me parece es que llega una etapa de concreción que es imprescindible abordar. Porque hay un momento para todo, también para decidir. *

 

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