No hay marcha atrás: todo el país se va a involucrar en un debate nacional

TLC con EEUU, a favor o en contra, la primera gran decisión de este siglo

Ya no hay marcha atrás en la definición de la política comercial. Va a llegar el momento de decir «Si» o «No», momento que será de gran tensión para todo el país porque se estará jugando el futuro, por muchos años, de los uruguayos.

Salvando las distancias, sabiendo que los temas son otros y que final puede ser distinto, la firma o no de un TLC con Estados Unidos tiene, por lo menos en el plano de lo significativo, una cierta semejanza a cuando el general Líber Seregni concretó los acuerdos del Club Naval que permitieron retornar a la democracia.

Esas tensiones que auguramos, ya se están sintiendo. En la noche del seminario el PCU, el PVP, el PIT-CNT y otros, se concentraron en Plaza Libertad para repudiar el aún no concretado TLC. El día antes el senador Alberto Couriel, fue terminante: «En el Senado de la República el TLC con Estados Unidos no lo voto», si hay que tener »la disciplina partidaria, pediré licencia», dijo en AM LIBRE.

El canciller Reinaldo Gargano, desde el púlpito del seminario dijo lo que el representante estadounidense, Everett Eissenstat, no quería oír: «Será vital establecer mecanismos que compensen las distorsiones al comercio, provocado por los subsidios de ayudas internas que aplica, por ejemplo, Estados Unidos al sector agrícola. También sería importante que se tenga en consideración los límites que nuestra legislación interna establece en temas de gran relevancia, lo recalco, como telecomunicaciones; propiedad intelectual y compras del sector público» (tres de los puntos a negociar, que Estados Unidos ha impuesto en otros tratados con países de Latinoamérica).

Gargano no solo disparó contra el «gringo» sino también contra Vázquez: «El tren pasa una sola vez, pero hay gente que se pone delante y se la llevan por delante. Yo quiero subirme a un tren que funcione, que vaya a un destino, que me lleve y que sirva para los intereses del país», dijo.

El ministro de Economía, Danilo Astori llamó a evitar «los prejuicios que nublan la mente y no nos dejan pensar con claridad», porque «no podemos confundir las cosas, no podemos dejar que esquemas ideológicos o prejuicios dificulten el camino de la elección». Otro ministro, José Mujica, se mostró a favor de la ampliación del comercio, pero llamó a abrir los ojos: «Hay que cuidarse del abrazo del oso», manifestó.

El diputado Roberto Conde, ex secretario general del PS, encendió la luz roja: «No creo que el Frente sobreviva a un gobierno carente de principios», dijo reclamando unja estrategia política a la hora de las negociaciones.

El próximo jueves 17 el PIT-CNT realizará una gran movilización por temas vinculados a los consejos de salarios y contra la firma de un TLC. Marcelo Abdala, de la UNTMRA, aseguró la presencia de «miles» de trabajadores en la protesta.

 

El sereno planteo de Vázquez

Transmitiendo firmeza, claridad en la exposición y seguridad por el camino tomado, Vázquez hizo una intervención audaz en el seminario. Rescató el discurso electoral, diciendo que «la política comercial del Uruguay no puede estar divorciada de una estrategia de desarrollo productivo con justicia social». Pensando en la izquierda reivindicó las dos aristas en las que se debe sustentar el comercio externo del país: «Principios y pragmatismo». «Quien encara las relaciones comerciales entre países con actitud mercantilista pura, con soberbia, o de manera mendicante, o crea que los negocios para ser buenos tienen que ser turbios, se equivoca. También se equivoca quien en nombre de los principios cree que el comercio es un asunto de ideología. Se equivoca o desconoce el mundo en que vive», agregó.

Aseguró que «para el Uruguay y para su gobierno, la integración regional es una vocación y un mandato y actuamos en consecuencia», pero añadió que es «plenamente conscientes de los beneficios del multilateralismo» al que «apostamos con convicción y con voluntad».

Segundos después reafirmó esta estrategia: «Vamos a perseverar por convicción, no por obligación, en los esfuerzos para revertir las deficiencias y dificultades existentes en el Mercosur» e indicó que «seguiremos trabajando para consolidar, ampliar y profundizar el acceso de Uruguay y sus productos a otros mercados, integrarnos a la región a la que pertenecemos -permítanme decirlo- a la región que somos; no es contradictorio para nada con integrarnos al mundo global de hoy».

Luego de señalar que está dispuesto a ir «Tan lejos como sea posible» en el relacionamiento comercial con EEUU, partiendo siempre de la base de construir un Uruguay productivo, manifestó: «Recordemos que la historia no retrocede, que la historia no se detiene, pero que tampoco la historia se repite. El tren, algunas veces, pasa una sola vez», fueron sus palabras finales, una mezcla de alerta intelectual, pero a la vez del convencimiento de que la apertura comercial es ahora o nunca.

 

Desconfianzas y transparencia

El gobierno y su equipo económico están convencidos de que el próximo año será más complejo para el país porque la situación de bonanza de la economía y de las finanzas a nivel mundial se verá debilitada.

Ante esto se entiende que la multilateralidad de los negocios externos es fundamental para que no se frene el desarrollo de la economía nacional. Se teme, a la vez, que el proceso de integración regional siga signado por las políticas sectarias de Brasil y Argentina.

Ante esta realidad Vázquez puso toda la carne en el asador: «Este tema no lo resuelve sólo una fuerza política, lo resolvemos entre todos los uruguayos», dando la impresión de que el Presidente no está dispuesto a quedar atrapado en una interna del Frente Amplio extremadamente compleja o que quiere posponer la hora de las definiciones, que puede llegar a ser «la hora de los hornos».

Entre dirigentes del FA que eluden la polarización Astori-Gargano, existe la certeza de que si las negociaciones con EEUU se hacen de cara a la ciudadanía, con informes periódicos, el Presidente tiene todas las posibilidades de convocar a los uruguayos. Pero si los acuerdos se toman entre cuatro paredes y sobre la hora, el relacionamiento del gobierno con su fuerza política va a ser traumático, porque el reconocimiento de un EEUU agresivo, guerrerista e imperialista «no es   para la izquierda – un invento ideológico», se nos dijo.

El Presidente tendrá que demostrar que en el plano político se puede confrontar con EEUU, siempre que sea necesario y conveniente, y que a la vez se deben establecer lazos comerciales, pero eso solo se podrá lograr si un vigoroso acuerdo bilateral de comercio, que puede terminar en un TLC o no, surge con el visto bueno de la gente, porque como reclamó el presidente de la Cámara de Comercio Juan Mahilos: «Esos acuerdos hay que dotarlos de contenidos y analizar hacia dónde apuntan».

Solo con mucha transparencia e intensos contactos con los actores económicos   es impensable una clase empresarial unida detrás del TLC -, el gobierno estará en condiciones de contrarrestar la desconfianza natural que tenemos los uruguayos con el país, por encima de quien esté en el gobierno, cuando se trata de negociar con éxito «algo» con EEUU, y por otro lado la desconfianza de algunos sectores de izquierda con el propio gobierno, a quien consideran que en los últimos meses no jugó con todas las cartas sobre la mesa, a pesar de que en enero Astori mostró sus intenciones y que la profesora Antonia Yáñez, desde La ONDA digital dijo el pasado 11 de enero que «El tema se viene manejando en las entrañas del gobierno desde hace varios meses». *

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