Insólitamente, un legislador oficialista dio argumentos a la oposición

El ministro del Interior será nuevamente interpelado en la Cámara de Diputados

Todo comenzó así.

Desde un par de días antes, por lo menos, se sabía  y obviamente también la bancada oficialista- que los colorados con apoyo de los blancos, presentarían una moción para llamar nuevamente a sala al ministro del Interior por la inseguridad reinante en Maldonado. Y uno suponía, porque el sentido común inhibía otra hipótesis, que los legisladores del Frente Amplio habían preparado una adecuada respuesta.

Pero en la media hora previa, luego de una sesión extraordinaria donde se conmemoró el septuagésimo aniversario de Conaprole, estalló la sorpresa.

Julio Bonilla (suplente, Liga Federal Frenteamplista), aludiendo a problemas del turismo en Maldonado, habló ¡de la seguridad que faltaba! Dijo, en un juego verbal que desmereció su ingenio: «Si la perdemos, estamos perdidos». No le bastó. Añadió que «no es sensación térmica, es la realidad y se necesita de más policías». Y concluyó describiendo una situación departamental poco menos que espantosa.

Miré primero a la bancada colorada: mientras sus sonrisas iban de oreja a oreja, los legisladores se frotaban las manos. Miré luego a la bancada oficialista: los rostros eran una mezcla de perplejidad, desazón, furia sorda y hasta de instinto criminal a duras penas contenido.

¿Quién iba a pensar que el diputado Bonilla llegaría en una burbuja, bajaría a su banca absorto en pensamientos sobre su querido Maldonado y luego, sin darse cuenta de lo ocurrido, se introduciría nuevamente en la burbuja?

Y, claro, cuando los colorados presentaron la moción del llamado a sala del ministro Díaz, al amparo del artículo 19 de la Constitución  aprobada por 34 votos en 79, porcentaje suficiente- Germán Cardozo (Foro Batllista), miembro informante, además de recordar que hace tiempo están preocupados por la inseguridad en Maldonado, cada vez más grave, y que han hablado del tema hasta con el Presidente de la República, tomó prestados los argumentos de Bonilla. Creo que recién ahí este hombre sacó la cabeza de la burbuja y advirtió qué error político había perpetrado; su cara fue entonces el poema a la desolación. (Hombre, reponte, que a fin de cuentas esto también es la democracia).

 

Se arma la batahola

Sereno, casi patriarcal, Gustavo Vernini (Partido Socialista), olvidándose de Bonilla, dijo que la débil argumentación de Cardozo le había persuadido de que ningún hecho nuevo ocurrió en Maldonado que justificase este llamado. Confesó haber pensado que los colorados estarían preocupados por el motín en la cárcel de Las Rosas, pero lo descartó luego de hablar con el Comisionado Parlamentario para el Sistema Carcelario (no entendí bien, ¿acaso es colorado?).

Entusiasta, enérgico, Nelson Rodríguez (Correntada Wilsonista), yendo en sentido contrario, afirmó que todo está cada vez peor y que las explicaciones del ministro hasta ahora no han conformado al Partido Nacional.

Ponderado, componedor, Javier Salsamendi (Espacio 609) recordó que Díaz ha concurrido múltiples veces al Parlamento. El tema está agotado, dijo  aunque el agotado parecía Bonilla, que cada vez se veía menos detrás de su banca, como si lo fuese chupando de a poco alguna sopapa política-, y hay otros mecanismos para seguir debatiendo, si es lo que se quiere.

Formal, prolijo, Guido Machado (Foro Batllista) aconsejó no apresurarse, pidió esperar qué diría Díaz y agradeció al Partido Nacional y al Partido Independiente los votos que permitieron aprobar este llamado a sala, asegurando el rol controlador que corresponde a las minorías.

Colorido (no sólo colorado) y picante, Washington Abdala (Foro Batllista) apuntó a la bancada oficialista, declamando: «Â¡Veinte años haciéndolo ustedes y ahora se invierten los argumentos!». Como estaba embalado, tiró más piñas a la estufita: «Los ministros no caerán por una interpelación, pero pueden caer después. Yo lo he visto, depende de la gente y de lo que oye la gente». Y, para cerrar, se mostró desolado por «esta reacción del oficialismo tipo Natalia Oreiro».

A la pelotita. Aquí intervino el presidente Cardozo, leyendo con urbanidad el artículo del reglamento que impide las alusiones políticas (¿Natalia está en eso?) al fundamentar el voto, pero su éxito fue directamente proporcional a su serenidad, porque enseguida apareció, gritón, con cierta altanería, Federico Cassaretto (Correntada Wilsonista) apuntando que Díaz anunciaba la creación de 1.500 puestos para policías cuando, por otro lado, decía que el delito había bajado un cinco por ciento. Se declaró desconcertado y apeló, con ironía gruesa, a la sensibilidad del presidente Vázquez para que «consiga otro ministro».

Medido, casi displicente, Carlos Gamou (Espacio 609), luciendo su calva como nunca, aclaró que respetaba el derecho de la oposición a este llamado, pero, echando la mirada atrás, les enrostró a los colorados cuando, en 1998, la izquierda dio sus votos para que ellos interpelaran a un ministro de su propio gobierno.

Con voz finita, escueta gestualidad y haciéndonos recordar a los viejos al «Lamparita» de Telecataplum, Roque Arregui (Partido Socialista) acusó de sobrevivir a la coalición blanqui-colorada, les reprochó que en su tiempo no hicieron nada y defendió con ardor la tarea que el ministro Díaz está realizando.

 

Perturbación general

Sentado estilo cajetilla (con todo respeto), muy sarcástico, Pablo Iturralde (Alianza Nacional) reiteró a los oficialistas que el Partido Nacional les había ofrecido sus votos por si querían interpelar a alguien. Y, como quien levanta una persiana y se le rompe la correa, lanzó: «La mayoría de los que integran la seguridad del Presidente no pasaron el test psicológico».

Gritos, amenazas, pataleos, diputados que se levantaron erizados, en fin, pasó de todo como en la botica de Bergara Leumann.

A duras penas, con voz grave, Pablo Pérez (Liga Federal Frenteamplista) espetó a blancos y colorados de intencionalidad política. Germán Cardozo, fuera de sí (y casi de la sala), le gritó: «Â¡Atrevido, es un atrevido, van a destrozar a Maldonado, usted es un atrevido!», a lo que Pérez pidió a la Mesa que lo protegiera (¿vio venir una piña?) y Cardozo le retrucó: «¿Y lo que dijo Bonilla, que es de ustedes?», mientras el presidente trataba, durante varios minutos, de restablecer algo parecido al orden.

Cuando lo logró, Adriana Peña (independiente Partido Nacional) dijo que el ministro se ha sensibilizado ahora que los blancos iniciaron la recolección de firmas por la inseguridad; Luis Lacalle Pou (Herrerismo) se preguntó si el diputado Pérez hablaba desde Disneylandia, porque el ministro opina distinto que él; y David Dotti (Alianza Nacional)  mi amigo reapareció con el mismo peso, matando mis esperanzas- precisó que a quienes siempre fueron oposición ahora les molestan las interpelaciones.

Y ya en el final, temperamental, en un discurso breve que hubiera envidiado la Xirgu, Daisy Tourné (Partido Socialista) fue clarita: «Cuando fueron gobierno hicieron cualquier cosa, pero ahora el gobierno somos nosotros» (constatación que quedó atravesada en más de una garganta aledaña), y «no confío en el espíritu constructivo de quienes interpelan, aunque tengan derecho a hacerlo, porque lo primero que hay es intencionalidad política». Pero enseguida dejó boquiabiertos a unos cuantos pegando la vuelta: «Pero eso es lícito y para eso estamos acá».

 

El otro despelote

Antes, se aprobó la autorización de la salida del país de un contingente de la Fuerza Aérea Uruguaya para participar del «Ejercicio esp
ecífico combinado Cruzex 2006″, a llevarse a cabo en Brasil.

 

Pero no fue de arriba, ni barato.

Sergio Botana (Alianza Nacional) adujo que había una contradicción en el gobierno, que se negaba a participar de la Operación Unitas y aprobaba estas maniobras. Javier Menéndez (Partido Socialista) le explicó que estos ejercicios los organiza Brasil, país que invitó sólo a Francia y por su cercanía con la Guyana Francesa. Botana, que a esa altura estaba inquieto como el pequeño saltamontes, contestó con sorna que se quedaba más tranquilo «ahora que sé que Francia es un país latinoamericano».

Juan José Domínguez (Espacio 609) trató de calmar las aguas. No pudo. Adujo que lo importante era la relación con los estados vecinos y que Brasil nos podía ayudar mucho con su tecnología. Pero de pronto se detuvo y dijo: «Me pide una interrupción el compañero Semproni…». Y éste, que estaba en otra cosa y no había pedido nada, ni un café, preguntó: «¿Qué hice, qué dije?». Segundos después se supo: la interrupción la había pedido Gamou, precisamente sentado al lado de Domínguez, quien con lo ocurrido se sintió tan perturbado como cuando Caperucita Roja descubre que la abuela no es la abuela.

Y bueno, al final, más allá de que Gamou habló, y que después lo hizo Víctor Semproni (Claveles Rojos), quien redundó sobre lo redundado tal vez aún confundido, la autorización  como ya se dijo, así que yo también redundo, qué joder- salió.

Ah, me olvidaba. Antes, García Pintos argumentó a favor porque a la Fuerza Aérea hay que ayudarla, «ya que le falta combustible, repuestos, presupuesto y radares para vigilar nuestro espacio aéreo». Vuela  según él- porque es uruguaya (¿como en Maracaná?). *

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