Carlos Julio: Quienes me injurian "no dan la cara" y son "canallescos"
–Trascendió que usted no vota el Presupuesto porque ningún representante de su sector integraría un ente autónomo. ¿Es así?
–Yo nunca dije que no votaba el Presupuesto.
–¿Qué dijo?
–He dicho que voy a decidir si voto o no voto el Presupuesto, si lo voto parcial o totalmente, después de conocerlo. Y como no está definido no puedo decir hoy a priori que lo voto o que no lo voto. Cuando salga en Diputados y venga para el estudio del Senado, ahí decidiré. Y decidiré como siempre lo he hecho cuando se trata una ley. No es cuestión de que se anuncie una ley y ya se diga si se va a votar o no. Hay que tener un sentido mínimo de responsabilidad, para pronunciarse con pleno conocimiento del texto. Mi actitud se va a determinar a través del estudio que el Senado va a realizar del Presupuesto, tal como venga de Diputados. Porque tampoco este es el texto definitivo. Diputados puede introducirle modificaciones, el Poder Ejecutivo tiene veinte días para enviar un mensaje complementario que puede alterar el texto.
Yo, incluso, hablé del Presupuesto en estos términos antes de que el Directorio resolviera no darnos participación en la integración de los entes autónomos y servicios descentralizados. Este, además, no es un tema que tenga que resolverlo el Directorio del Partido Nacional. Es un tema que le corresponde al Poder Ejecutivo que hace la proposición y al Senado que da las venias. A ambos la Constitución exige que los candidatos tengan idoneidad personal, funcional y técnica. Si se cumplen esas condiciones ¿qué razón hay para no votarlos? Y si no se cumplen vaya si habrá razones para no votarlos.
–Y en el listado del Partido Nacional, ¿hay personas que no tienen esa idoneidad?
–Yo no puedo saber quiénes van a ser los candidatos.
–¿Nunca habló con autoridades del partido sobre nombres?
—No. Lo único que yo sé es lo que ha trascendido: que la lista se ha dividido en porcentajes según los votos que ha llevado cada agrupación. Y esto es sólo un reparto cuantitativo, sin tener en cuenta las condiciones cualitativas. Sabemos la cantidad, pero no sabemos quienes van a ir a esos cargos. Y lo que importa es la calidad. Es que el país y las empresas públicas requieren de buenos administradores.
–Recuerdo que usted jugó fuerte en determinado momento y eso permitió el ingreso de Sergio Abreu a un ministerio. Usted creía que tenía todas las condiciones…
–Y lo sigo creyendo.
–¿Va a volver a tener esa misma actitud?
–Sí señor. Yo dije, antes de conocerse el nombre de los ministros nacionales, que debían reunir las mejores condiciones para el desempeño de su cargo, cualquiera fuera el sector. Y propuse a Sergio Abreu para Relaciones Exteriores porque había desarrollado una muy eficiente gestión en ese ministerio, siendo uno de los gestores del Mercosur, que también había sido secretario de la Aladi, con amplio conocimiento sobre la búsqueda de mercados. Por eso una vez más sostengo que lo que importan son las condiciones de las personas propuestas.
–¿Es dura la política? Usted pudo haber sido vicepresidente de la República o Presidente, integró el triunvirato contra la dictadura y ahora su propia colectividad política no lo tiene en cuenta. ¿Qué pasa?
—Como dice la gente, «estoy quemado de espanto». Ya no me sorprenda nada, pero nada. En la anterior legislatura renuncié a integrar el Directorio porque me encontraba con que el Presidente de entonces, Alberto Volonté, hablaba con el Presidente de la República y nos traía compromisos parlamentarios. Por ello los legisladores nos veíamos en la situación de desconocer lo que había tratado el Presidente del Directorio o convertirnos en autómatas apoyando cosas que habían elaborado otros. Así se nos impuso, por resolución de declararlo asunto político, el tema de votar la reforma de la Constitución. Creo que en la vida política son muchas más las situaciones en que uno siente el castigo de la incomprensión, que aquellas en que se reciben satisfacciones. Pero la función política obliga a mantener una independencia de criterio para poder cumplir con los electores. Lo que se le dice al elector se debe cumplir.
–Espero que no se enoje conmigo, pero he escuchado en cien lugares, en boca de gente de su partido, que a usted le dicen «Cargos» Julio. Lo escuchó. ¿Qué siente?
—El que entra a la vida política sabe que va a recibir de todo. Va a recibir elogios, algunas veces, va a recibir críticas y ataques, a veces elevados, expresados con dignidad, con respeto, y otras veces sin ellos. Y eso forma parte de lo que tenemos que asimilar los que queremos servir al país. Hasta el canallesco epíteto, cuyo autor no aparece nunca y no da la cara nunca, hace circular la versión pero no da la cara nunca, en una clara expresión de cobardía (se emociona) absolutamente indigna de la condición humana. En general son seres que han perdido el concepto de la dignidad y como la han perdido creen que también la han perdido los demás.
–Me decía que en un momento se retiró del Directorio del Partido Nacional, ¿entiende que a su colectividad política hace años que le falta un conductor de todos los nacionalistas y no de un sector?
–Ese conductor debiera ser el Directorio, pero lo que pasa es que quien tiene mayorías en el Directorio termina por imponer su voluntad, aunque sea irracional. Es un poco lo que está sucediendo actualmente. Creo que aquí también hay responsabilidad de los electores. Nos quejamos de los malos políticos, pero también el que vota es el responsable.
–A ver si este dibujo del Partido Nacional es correcto: Volonté en Buenos Aires, Ramírez en la casa, a usted no se le consulta, quedan Lacalle y Larrañaga. ¿Está bien la descripción?
–Sí, eso es lo que traducen los hechos. Pero son hechos que sólo los puede torcer la gente. No hay forma de revertirlos, la único que queda es señalar los errores cuando hay errores sin importar si el culpable de los errores es el que está afuera o dentro del partido. Y esto es lo que estamos haciendo. Las debilidades que provoca la falta de ética en la acción política, hay que sancionarlas donde quiera que estén.
–Está propuesto que el coronel (r) Angel Neira, cuestionado por presuntos hechos de violación de los derechos humanos, sea uno de los miembros militares de la Suprema Corte de Justicia. ¿Qué posición tiene usted?
–La misma que he tenido desde que se instauró la democracia en el país. Cada vez que viene el ascenso de militares, si hay indicios serios de que violó los derechos humanos, no cuenta con mi voto. Esta actitud es la que voy a seguir teniendo.
–Algo muy personal, ¿hay momentos en que «dialoga» con Wilson?
–Bueno… (vuelve a emocionarse). El recuerdo de Wilson aflora todos los días. En mi formación política han incidido dos hombres: el doctor Javier Barrios Amorín, con quien trabajé 25 años, con cuyo apoyo vine al Parlamento en 1962 y aquella gran jornada del 71 (se le corta la voz) con Wilson Ferreira en un intento por renovar al partido no sólo en sus hombres, sino también en sus contenidos, soluciones y enfoques sobre los problemas. Hasta en las bromas de Wilson lo recuerdo todos los días. De la misma forma que cuando hay un problema parlamentario, siempre me pregunto cómo lo enfocaría Barrios Amorín.
–Si estuviéramos hablando de fútbol y usted fuera el gran jugador ya consagrado con toda la experiencia atrás, le preguntaría si hay un Wilson Ferreira Aldunate en potencia en el Partido Nacional.
–No es fácil decir algo s
obre eso. Y no lo es porque Wilson fue diputado, muy bueno, fue un gran ministro de Ganadería y Agricultura, y sin embargo llega al Senado en una segunda ubicación. No llega como líder. Nadie había apreciado en él las enormes condiciones que luego le conocimos. Puede haber un Wilson, quizás puede haberle faltado la oportunidad para consagrarse como se consagró Wilson en la acción pacífica de gobierno y en la acción que luego tuvo que sufrir en el exilio, para combatir la dictadura desde afuera.
Ancel
– Puedo acompañar la creación de algunas sociedades mixtas, lo que no podré acompañar nunca es que en esas sociedades el Estado uruguayo tenga un capital minoritario. Cuando la famosa ley de empresas públicas hicimos cuestión fundamental en este aspecto. No contarán nunca con nuestro voto toda asociación de capitales públicos con privados, donde el capital del Estado no sea mayoría.
Bomba en el agro
–La solución de la deuda del sector productivo rural debe ir acompañada del destino de fondos frescos. De otra forma la bomba que desactiva es sólo por un par de años, después vuelve a activarse. El país debe cuidar su deuda, pero creo que algún tipo de préstamo internacional, si para algo se justifica, debe ser para reactivar el agro nacional. Sostengo que el régimen impositivo es injusto y que no llega a los grandes aportantes al sector financiero. No existen impuestos sobre las colocaciones bancarias, son muy pocos, mientras que los impuestos sobre el sector productivo son muchos. Y son muchos y muy pesados los impuestos que caen sobre la gente, cualquiera sea su actividad. Uno de ellos es el IVA, el más alto de la región. También hay que ordenar los gastos del Estado. No se puede seguir viendo a los autos oficiales paseando en los días feriados. Seguimos teniendo funcionarios diplomáticos en países que no nos reditúan nada. Lo que no se puede hacer es ahorrar a costa de la salud y de la educación de la gente.
Mirando el futuro digo que hay que diversificar la producción agropecuaria, desarrollando rubros complementarios de la carne y lana. Hay que apostar a nuestras riquezas acuíferas, considerando el riego como un elemento sustancial. También debemos tener un buen servicio de certificación de la calidad de las carnes, como por ejemplo lo tiene Conaprole. Aunque en Uruguay hubiera una revolución que diera vuelta todo, este igual sería un país de economía agropecuaria, porque así lo determina la naturaleza.
Senador Carlos Julio Pereyra: «Hay seres que han perdido el concepto de dignidad».
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