Con la desaparición o retiro de Fidel se cerraría el Siglo XX para los que vivimos al sur del Río Bravo

América Latina necesita de un nuevo escándalo teórico para poder avanzar

Me contaron los primeros monos que se pararon en dos patas para arrancar el fruto del árbol   fue en el momento que empezaron a pensar- , que cuando les llegó un nuevo huracán no estaban preparados para afrontarlo. No habían aprendido de la experiencia de los primeros. Claro que en aquella época no existían los celulares y los mensajes de texto para comunicarse.

Algo de esto pasó cuando la URSS se derrumbó por sus propias contradicciones y una manito que le dieron los de afuera. No faltó alguien que en la izquierda, ante el derrumbe del socialismo real, dijera que «ese no es mi velorio», aunque hubiera apoyado regímenes tan decrépitos como la Rumania de Chauchesco.

Ahora con la posibilidad de que Cuba entre en crisis por la posible muerte de Fidel o de su alejamiento definitivo del gobierno, nadie en la izquierda uruguaya puede hacerse el desentendido, porque la gran mayoría de la izquierda es hija del impacto de la revolución cubana. Llegó, entonces, la hora de afrontar una realidad política e ideológica que era previsible.

 

La derecha está pronta

Estados Unidos está preparando una orgía de sangre en la isla, para los próximos días. Si no lo ha hecho hasta ahora es porque sufre del síndrome de Bahía de Cochinos, cuando invadió creyendo que el pueblo se rebelaría contra Fidel Castro y se equivocó. Perdió.

La fórmula preferida de la Casa Blanca en los tiempos modernos es provocar y producir implosiones –la URSS es su mejor experiencia–, para después intervenir si es necesario y si no lo es, mejor. Esto supo hacerlo no solo en la URSS, sino también en Chile apoyando a los camioneros, los médicos y los caceroleos golpistas.

Su bandera va a ser, como siempre, la de promover la democracia allí donde no está o por lo menos donde ellos creen que no está. Ante esta situación las derechas latinoamericanas, incluida la uruguaya, se aprontan a participar del festín, preparando todas sus baterías para ideológicamente hacer retroceder el pensamiento libertario e independentista de la región. Es que la derecha, cuando se siente derrotada, duerme siempre con un ojo abierto y vestida pronta para levantarse.

Ahora, este desafío que van a tener que encarar las izquierdas, deberá ser encarado con una gran cuota de afecto, pero también de moral, de ética y de valentía política.

Con la posible muerte de Fidel o de su alejamiento definitivo del poder en Cuba, se cierra el Siglo XX que comenzó con la revolución rusa. A la vez decenas de miles uruguayos de izquierda estarán sintiendo que sus orígenes se van con los restos de Castro.

Ahora ¿quién es Fidel Castro para millones de latinoamericanos? Para muchos es un dictador, negarlo sería querer tapar el sol con una mano. Para otros es la irrupción de la juventud y el estudiantado que se paró ante la cara del imperio, le gritó con fuerza y pudo mantenerse 47 años a pesar del terrorismo que se desató contra él. No es poca cosa, por cierto.

Grito que se produjo en el momento en que las burguesías locales mostraban su mediocridad, sus claudicaciones históricas y su falta de capacidad para realizar las necesarias transformaciones capitalistas, como lo es –entre otras– la reforma agraria. Si la revolución cubana no hubiera triunfado, quizás otra habría ocupado su lugar, pero da terror sólo pensar lo que sería América Latina y el Caribe, sin esa herejía revolucionaria que nació con el fracaso del asalto al cuartel Moncada y que en 1959 inundó a La Habana de dignidad, a sólo 200 millas del poder militar, económico y político más grande de la historia de la humanidad.

Si por algo habrá que recordar a Fidel es porque desnudó desde el poder de una isla el papel del Fondo Monetario Internacional, sobre el cual hoy todo el mundo habla pestes, incluso algunos lúcidos representantes de nuestra derecha criolla.

En la década del 60 las izquierdas rompían con el FMI, mientras que las derechas decían que era un banco necesario y útil. Cuarenta años después esas mismas derechas saludan al ministro Danilo Astori porque se aleja del Fondo, reduce la deuda que tiene con él, y prefiere la deuda soberana, que se traduce en la colocación de bonos.

Astori no rompe con el FMI, pero cambia de propietario de la deuda. Es coherente con su pasado, aunque la forma de encarar el problema sea distinta. Pero en ese acto deja claro que el Fondo es un instrumento de dominación, cosa que la derecha negaba hace más de cuarenta años, del cual hay que huir. Por eso se puede decir, que la derecha aprendió de Fidel Castro, aunque hoy lo quiera ver colgado de los testículos.

Desde la prensa escrita ya salieron los intelectuales de la derecha, preparando el gran debate ideológico para trasladar hacia nuestro país una posible crisis del modelo cubano, que no es el nuestro, con la intención de desacreditar a la izquierda uruguaya y a las fuerzas progresistas de América Latina.

 

El cinturón histérico

Sin renegar del pasado, con los afectos a flor de piel por aquellos muchachos que ingresaron a La Habana un 1º de enero de 1959, la izquierda uruguaya tiene la obligación de defender su concepción de la vida y de los cambios, que no es otra cosa que la profundización de la identidad artiguista y democrática, pluripartidismo incluido, pero teniendo a la vez una gran visión de futuro.

El Pentágono y las derechas locales van a embarrar la cancha queriendo hacer creer que la democracia está de su lado, cuando su único interés es hacer retroceder el proceso progresista que estamos viviendo.

América Latina y el Caribe, incluida Cuba, necesitan una vez más un nuevo empuje revolucionario en el plano de las ideas, de la cultura y de la solución de los problemas de las grandes multitudes desheredadas.

La región reclama un nuevo escándalo teórico, como gustaba decir Rodney Arismendi. Sabiendo también que hay que impedir, en primer lugar, que ese cinturón histérico que está cercando a la isla, termine en una intervención militar por parte de la gran potencia. Es que sólo en paz se pueden construir nuevas ideas y renovados sueños. *

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